La diferencia

A partir de ahora será sometida a prueba la capacidad ejecutiva del gobierno de Peña Nieto.

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Alberto Begné Guerra 01/09/2014 01:25
La diferencia

El presidente Peña Nieto llega a su Segundo Informe de Gobierno con buenos resultados a la luz del objetivo estratégico que ha guiado su gestión desde el primer día de su mandato: un paquete de reformas estructurales que, en diferentes ámbitos, sientan las bases normativas e institucionales necesarias para impulsar grandes transformaciones. Hoy, en efecto, concluye una etapa que, por mucho, ha sido la más fructífera de nuestra corta vida democrática, en la cual los principales actores políticos pusieron por delante la exigencia de dialogar, reconocer diferencias y construir consensos a favor del cambio. Se trata de un mérito compartido entre el gobierno, los partidos y los legisladores.

No hay avances significativos y tangibles, es cierto, en las grandes asignaturas de la agenda nacional; a partir de ahora será sometida a prueba la capacidad ejecutiva del gobierno de Peña Nieto para implementar las reformas y ofrecer resultados frente a los círculos viciosos y las deformaciones de la desigualdad social, la inseguridad pública, el estancamiento económico y la corrupción, entre otros, con los cuales es impensable lograr transformaciones de fondo. Pero también es cierto que la única vía para romperlos y transitar hacia un modelo de desarrollo integral, incluyente y sustentable, pasa necesariamente por el código democrático de los acuerdos en la pluralidad, lo cual supone, como ha ocurrido, que cada uno de los actores ceda una parte de sus pretensiones y autocontenga el ejercicio unilateral de su poder. De eso se trata, y no de otra cosa, la gobernabilidad democrática.   

Hace unos días, el expresidente Felipe Calderón afirmó que durante su gobierno los partidos de oposición obstruyeron la posibilidad de aprobar sus proyectos de reformas. Tiene todo el derecho a expresar sus puntos de vista, no cabe duda, pero al hacerlo debe asumir también las implicaciones del debate. En mi opinión, como consecuencia de circunstancias adversas —la pérdida de control sobre los sistemas de seguridad pública y el crimen organizado que le heredó su antecesor, así como la crisis de legitimidad con la que llegó a la Presidencia—, pero ante todo producto de sus decisiones estratégicas y sus fobias vitales —hacer de la guerra contra el narco el eje de su gobierno y romper con el PRI en las elecciones de medio término, promoviendo alianzas con sus detractores—, el diálogo y la formación de acuerdos no fueron su prioridad. Esto se reflejó en una suerte de ensimismamiento que, lejos de la histórica vocación democrática del PAN, lo llevó a gobernar en solitario, cada vez más encerrado, sin escuchar ni confiar en nadie que no formara parte de su pequeño círculo de colaboradores.

Es la diferencia entre gobernar en la pluralidad y desconfiar de la pluralidad.

                *Socio Consultor de Consultiva

                abegne.guerra@gmail.com

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