Reformas en riesgo

A través del diálogo y la negociación, el gobierno y los partidos abandonaron la pretensión de imponer su voluntad...

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Alberto Begné Guerra 05/05/2014 02:03
Reformas en riesgo

El Pacto por México significó una extraordinaria oportunidad para diseñar e impulsar reformas de fondo en áreas vitales para el desarrollo del país. La concurrencia de condiciones y voluntades a favor de cambios de fondo en temas estratégicos como la educación, el sistema fiscal, la competencia económica, las telecomunicaciones y la energía no es algo fácil ni frecuente en una democracia, pues las disputas electorales y los intereses de corto plazo de los actores políticos suelen imponerse sobre la agenda de las transformaciones de largo aliento, cuyos resultados se consiguen en el mediano y largo plazos. Son, en efecto, decisiones y acciones con poca o nula rentabilidad política e, incluso, en muchos casos, con altos costos que ningún actor puede o quiere pagar en solitario. Esto explica la necesidad de construir consensos que permitan formar las mayorías parlamentarias necesarias para la aprobación de este tipo de reformas y, a la vez, distribuyan los costos políticos de las mismas.  

La firma del Pacto, en diciembre de 2012, al día siguiente de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto como Presidente de la República, mostró la disposición y responsabilidad del nuevo gobierno y de los tres principales partidos políticos para definir y sacar adelante una serie de reformas que, por una parte, establecieran nuevas bases para la competitividad y el crecimiento económico del país en el nuevo entorno global y, por otra, recuperaran la autonomía del poder público frente a los grandes grupos de interés empresariales y sindicales que, aprovechando el interregno y los vacíos que se abrieron con la transición democrática —es decir, durante el tránsito entre la vieja eficacia autoritaria y la incipiente gobernabilidad democrática—, habían secuestrado la esfera del interés público.          

Hay pocos momentos en la vida de un país en los que, quiero insistir, es imprescindible y a la vez factible realizar reformas con la visión y profundidad que caracterizan a las transformaciones estructurales, y uno de esos momentos se materializó en México en 2013. En ese propósito, todas las partes aportaron y, también, todas cedieron. A través del diálogo y la negociación, el gobierno y los partidos lograron abandonar la recurrente pretensión de imponer su voluntad sobre los otros; y en los temas en los que no se logró consenso —reformas fiscal y energética—, éstas fueron aprobadas con el ejercicio legítimo de la mayoría parlamentaria y fueron objeto, asimismo, de los legítimos cuestionamientos de sus críticos. En todo caso, unas y otras se inscribieron en el marco y los procesos de la vida democrática. Fue un gran avance. Sin embargo, las presiones de los grandes grupos de interés y las disputas internas de los partidos, en especial del PAN, lo están poniendo en riesgo.

                *Socio Consultor de Consultiva     

                abegne.guerra@gmail.com

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