Las claves de la Línea 12

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Alberto Begné Guerra 17/03/2014 01:45
Las claves de la Línea 12

El 30 de octubre de 2012, el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, decía: “Es un orgullo entregar esta obra al pueblo de México. Estamos hablando de cerca de 24 mil millones de pesos. Esta es la gran concentración de recursos que la Ciudad de México decidió hacer para esta obra”. Unas horas antes, un consorcio de empresas alemanas había expedido el certificado que, supuestamente, garantizaba la seguridad de las operaciones de la Línea 12 del Metro. Los servicios del consorcio, hoy a todas luces fallidos o sesgados, costaron 119 millones de pesos, lo que revela un uso negligente de esos recursos públicos. Pero no sólo eso. Detrás de la certificación hay algo más grave: debió recibirse en julio de ese año y no fue así; el retraso, por lo visto, se explica porque las condiciones no se cumplían; en efecto, la entrega de la certificación, precisamente el día de la inauguración, sugiere presiones y arreglos indebidos que privilegiaron la imagen del gobernante, en perjuicio de la seguridad de los usuarios del sistema de transporte. Está claro el orden de prioridades. 

La semana pasada, cuando la crisis estalló, Marcelo Ebrard quiso eludir su responsabilidad alegando que no le habían dicho nada sobre los problemas de la Línea 12. Resulta difícil creer que no sabía nada cuando se trató del proyecto de inversión pública más importante de su gestión: “Hace seis años que no había una obra de este tamaño”, subrayó en el acto inaugural. También resulta difícil creer que, dada la relevancia de la obra, no estaba al tanto de los problemas que, entre julio y octubre de 2012, retrasaron la certificación. ¿Qué permitió tenerla lista el día de la inauguración? ¿Quiénes y cómo intervinieron para lograrlo? 

A reserva de lo que revelen los dictámenes técnicos sobre las fallas en la planeación, realización y puesta en marcha del proyecto, lo cierto es que los involucrados, cada uno en el ámbito de su responsabilidad, incurrieron en una negligencia criminal. Poner en riesgo diariamente a casi medio millón de usuarios por no reconocer en forma oportuna los errores cometidos y asumir las consecuencias administrativas y políticas fue, literalmente, una barbaridad. Afortunadamente, no ocurrió una tragedia de grandes proporciones que, como ahora sabemos, pudo suceder en el transcurso de estos 17 meses de operación. Pero el riesgo fue latente y nadie, hasta hace unos días, tuvo la entereza e integridad obligadas para evitarlo.

Sobre la Línea 12 gravita un alud de negligencia, ambición y corrupción; y creo que en la trama de la relación entre el Gobierno del Distrito Federal y el consorcio empresarial alemán —que condujo a la forzada e indebida certificación— se encuentran claves fundamentales para la investigación del caso.

                *Socio Consultor de Consultiva

                abegne.guerra@gmail.com 

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