Los límites del optimismo reformista

Si en 2014 no hay resultados palpables, hasta el más firme optimismo reformista encontrará sus límites.

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Alberto Begné Guerra 03/02/2014 01:55
Los límites del optimismo reformista

Entre todos los asuntos de la apretada agenda nacional de 2014, hay uno que determinará, en gran medida, la suerte de los demás: la seguridad. Está claro dentro y fuera de México. No es anecdótico, en efecto, lo ocurrido en Davos. El potencial de crecimiento económico y, por lo tanto, de desarrollo y bienestar en nuestro país, así como las oportunidades abiertas con las reformas constitucionales y las que ofrecen un escenario internacional donde México figura con ventajas competitivas importantes, dependen de la capacidad para superar este desafío histórico.

Los gobiernos panistas no fueron capaces de diseñar e implementar una estrategia eficaz. El gobierno de Vicente Fox, producto de su frivolidad y negligencia, no asumió sus responsabilidades en materia de seguridad con la gravedad que las circunstancias exigían y, con ello, heredó a su sucesor una situación de pérdida de control institucional y descomposición del tejido social, con el crimen organizado infiltrado en los cuerpos policiales y en amplios segmentos de la sociedad. El presidente Calderón encontró condiciones desastrosas. Su diagnóstico fue parcialmente correcto: las organizaciones criminales habían tomado el control de regiones e instituciones enteras, lo que obligaba a la acción decidida del Estado, pero a la vez fue incompleto, en la medida en que no comprendió la dimensión multifactorial del problema. En contraste con su antecesor, asumió la exigencia de enfrentarlo sin ambages. No obstante, su estrategia reflejó los sesgos e insuficiencias del diagnóstico. El reto no era declarar la guerra al narco, como hizo, sino rehacer los sistemas de seguridad, reconstruir el tejido social, generar consensos políticos y sociales para el combate a la inseguridad y la violencia, e impulsar, con una visión integral, el desarrollo regional en las zonas más afectadas. Fueron muchas armas y poca inteligencia.

Con el gobierno del presidente Peña Nieto no se ha visto, hasta ahora, un cambio sustancial. La idea de priorizar la inteligencia sobre las armas se ha reflejado más en el terreno de las declaraciones que en el de los hechos, y la cuestión crucial radica en la compleja paradoja del reto: no es fácil resolver un problema como éste en el plazo corto, pero su gravedad y consecuencias hacen insostenible aguardar soluciones en el mediano y largo plazos. La concepción multifactorial de una estrategia integral en Michoacán, así como la estrategia nacional contra el secuestro —con el atinado nombramiento de Renato Sales— sugieren un salto cualitativo. El país, sin embargo, está contrarreloj. Si en 2014 no hay resultados palpables, hasta el más firme optimismo reformista encontrará sus límites. Los inversionistas y, sobre todo, la población mexicana, demandan confianza y soluciones.

                *Socio Consultor de Consultiva

                abegne.guerra@gmail.com

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