La Constituyente, ¿correccional o asilo?

Capital político

Adrián Rueda

La Constituyente, ¿correccional o asilo?

Las sesiones se asemejan cada vez mása los capítulos de La Escuelita.

11 de Enero de 2017

Como si fuera una correccional, donde cada clan quiere imponer su ley, nadie pela al director, se maneja con un autogobierno y está integrada, en su mayoría, por auténticos pillos, la Asamblea Constituyente agota su tiempo.

Y es que los pocos constituyentes que se mantienen en la brega se la pasan más tiempo peleando, armando camarillas y pidiendo permisos para ausentarse, que elaborando una constitución política “de vanguardia”, como prometieron a su llegada.

En ese órgano —desacreditado como pocos— pululan políticos que actúan como delincuentes juveniles o como rebeldes sin causa que quieren hacer leyes sin tener el más mínimo conocimiento en la materia.

Pero, al mismo tiempo, parece un asilo, donde los viejitos llegan a dormir o se agitan llamando la atención a los más jóvenes, que, por supuesto, no les hacen caso.

Las sesiones de la Asamblea Constituyente se asemejan cada vez más a los capítulos de La Escuelita, de Jorge Ortiz de Pinedo, donde Alejandro Encinas la hace más de la maestra Canuta que de presidente.

Varios de los viejitos que rindieron protesta aventaron rápido la toalla, como los priistas Carlos Aceves del Olmo, líder de la CTM, y Joel Ayala Almeida, líder de los burócratas del país, que al no ver negocio ahí, abandonaron el barco.

Igual renunció ayer Fabrizio Mejía Madrid, colaborador de Proceso, aunque él por no estar de acuerdo con lo que se está aprobando.

Pero igual ha ocurrido con periodistas, líderes de ONG y hasta artistas, como los morenos Damián Alcázar, Bruno Bichir y Héctor Bonilla, que resultaron muy buenos para hacer comerciales y películas en donde se mofaban de la clase política y resultaron peor.

Y eminencias como Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, por ejemplo, son ignorados por todo el mundo, eso cuando no están dormitando.

El asunto es que la Asamblea Constituyente, que según sus integrantes cambiará la vida de los capitalinos, a veces es un circo con payasos, enanos y mujeres barbudas, aunque la mayoría del tiempo se asemeja más a un reformatorio o a un asilo.

Pero ellos siguen pensando que los ciudadanos no pueden dormir por el texto constitucional que están preparando, que, por cierto, apenas salga, será impugnado por más de uno, ya que la ignorancia de quienes deciden ahí le está dando sesgos de inconstitucionalidad.

La mayoría apuesta doble contra sencillo que, apenas sea promulgada, la Constitución Política de la Ciudad de México comenzará a ser reformada.

Por cierto, ayer se vio algo inédito cuando a los priistas los dejaron votar “según su conciencia” en el tema de los matrimonios igualitarios. La sorpresa fue que nueve de ellos estuvieron a favor y sólo cuatro en contra… hasta el viejito Enrique Jackson apoyó.

CENTAVITOS… Un buen tema detonó el consejero jurídico Manuel Granados, quien denunció que la Federación tomó el control de la autorización de gasolinerías en la capital, lo que encrespó a varios e incluso los panuchos de Jorge Romero amenazan con buscar el amparo de la Corte. Esta vez parece que Granados tiene razón… Los morenos clavaron un par de banderillas a Miguel Ángel Mancera, al pedirle que si está tan preocupado por los efectos del gasolinazo hacia los capitalinos, sería buena oportunidad de cancelar las odiadas fotomultas, nomás para ayudar… Comenzó como chunga, pero ya se volvieron chocantes los comentarios de que, mientras la mayoría se truena los dedos para comer, el patrón haga gala de sus galones de bótox y sus retoques de cabello.

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