Torturan a perredistas con discursos

Los empleados fueron obligados a uniformarse de negro y amarillo.

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Adrián Rueda 14/05/2014 00:00
Torturan a perredistas con discursos

Cuando a los directores generales y coordinadores de área de la delegación Iztacalco les informaron que tenían que ir de aplaudidores a la inauguración del onceavo Festival Cultural Vive la Izquierda, donde Venezuela y el PRD capitalino se llevaron la tarde, nadie les avisó que serían torturados con dos horas de discursos.

En horario de trabajo —aunque la delegada Elizabeth Mateos justifica que se trató de un evento organizado por la delegación desde hace 11 años—, los empleados fueron obligados a uniformarse de negro y amarillo y a aplaudir a los invitados.

Curioso fue ver juntos en el presídium a los diputados perredistas Daniel Ordóñez y Roberto Carlos Reyes Gámiz, sobre todo al lado de Carlos Estrada —pareja de Elizabeth—, pues los tres aspiran a gobernar la demarcación.

Sobre el mismo entarimado convivieron el delegado milpaltense, Víctor Hugo Monterola, y el delegado en Venustiano Carranza, Juan Manuel Ballesteros, acompañados por un amplio equipo; todos ellos, sí, en horario laboral.

El evento fue lo de menos, lo curioso es lo que sucedió en torno al mismo pues, para empezar, hubo dos conatos de bronca que la policía delegacional tuvo que calmar, retirando a los escandalosos por la parte de atrás de la carpa central, ubicada en la explanada delegacional.

Cuando un representante de la tercera edad increpó a gritos a la delegada, fue encapsulado y El Profesor —no Bejarano, por supuesto— se lo llevó a la carpa de la Jornada Notarial para calmar los ánimos. En tanto los acarreados coreaban “Eli… Eli… Eli…”, para ahogar los gritos de protesta.

Tocó el turno a Raúl Flores, presidente del PRD del DF, quien apenas tomó el micrófono fue callado por una banda y bailarinas que representaron las comparsas clásicas de los pueblos de la zona; quizá eso lo desconcentró, pues cuando habló cambió de puesto y de nombre a dos invitados.

Nombró al presídium por enésima vez, pero la primera pifia fue cuando presentó, ¡por tercera vez!, a Carlos Estrada —pareja de la delegada—, pero esta vez lo bautizó como “presidente del Comité Estatal del PRD en el DF”.

¿Pues qué no el presidente es el propio Raulito, al menos eso dicen?

No conforme con ello, pidió un aplauso para el secretario general del partido en el DF, “Enrique Anaya”. Está bien que su muchacho llegó 36 minutos tarde e interrumpió el discurso de Mateos, pero no había razón para volarle el apellido Vargas.

Para terminar, Raulito se aventó la puntada de decir que el PRD busca impulsar en México la misma política salarial de Venezuela. Seguramente el dirigente no tiene idea de lo que sufren los venezolanos.

Lo peor fue que le dio cuerda al embajador venezolano en México, Hugo José García Hernández, quien al hacer uso de la palabra se echó 45 minutos ante la desesperación de los acarreados, que ya pedían esquina.

El diplomático bolivariano dio prácticamente un informe de gobierno de la administración de Nicolás Maduro, de quien dijo que, a pesar de haber ganado las elecciones con 234 mil votos de ventaja, la derecha en su país no quería reconocer el triunfo.

Quizá el embajador olvidó que en 2006 el derechista Felipe Calderón ganó las elecciones en México con un número de votos similar, y jamás fue reconocido por la izquierda, que lo persiguió durante todo su sexenio.

Al final habló un representante árabe y se dio por terminado el evento, el cual tuvo que ser reabierto para que Ricardo Ríos Garza, representante de Miguel Ángel Mancera, se echara un rollo más o menos corto.

Se les había olvidado que el subsecretario de Coordinación Metropolitana y Enlace Gubernamental del DF era el encargado de hacer ¡la declaratoria inaugural!, casi nada.

CENTAVITOS… Al que le quieren torcer la mano para afiliarse al PRD es a Mancera, que nomás no se ha dejado, pero que “pian pianito”, según dijo Jesús Zambrano, líder del partido, va cediendo a la presión. Pues por el rumbo del antiguo Palacio del Ayuntamiento dicen que Zambrano está frío, frío.

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