Delegados se paran de pestañas

Más que un soporte político, los ambulantes son un sostén económico.

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Adrián Rueda 24/04/2014 00:00
Delegados se paran de pestañas

El puro anuncio de que el Gobierno del Distrito Federal busca centralizar el control del ambulantaje en la ciudad, relevando de esa responsabilidad a las delegaciones políticas, ha hecho que los jefes delegacionales se pongan de uñas.

Ante el desorden y anarquía con que se manejan los espacios públicos que caen en manos de los líderes del comercio informal, sin que las demarcaciones políticas hagan mucho por meterlos al orden, el GDF anunció su intención de hacerse cargo del tema.

La intención parece buena, aunque conociendo a las autoridades, quizá lo único que buscan es quitarle poder, y sobre todo económico, a los jefes delegacionales, que son unos verdaderos caciques en sus territorios.

Para los delegados, más que un soporte político, los ambulantes son un gran sostén económico, porque cada día les generan millones de pesos que no van a contabilidad alguna y mucho menos a los ingresos oficiales de cada demarcación.

Quizá no estaría nada mal que cada jefatura delegacional informara los ingresos que tiene autogenerados, provenientes del comercio en vía pública. Seguramente sería de risa la recaudación, comparado con lo que se ve en las calles.

Aunque en la parte electoral los ambulantes no les sirven para inclinar elecciones, por la sencilla razón de que la mayoría de ellos provienen del Estado de México o votan en otras delegaciones, sí son bastante útiles para ejercer presión a través de marchas y plantones.

La fórmula de los jefes delegacionales es muy sencilla, pues negocian directamente con los líderes, quienes se convierten en los auténticos dueños de la calle, pues a cambio del pago, ellos deciden quiénes venden y quiénes no, y cuánto les cobran por ello.

Pero así como el comercio informal genera millonarias ganancias a los delegados y sus funcionarios de vía pública —tantas que muchos de ellos incluso llevan meses sin cobrar su quincena a la delegación—, son una auténtica bomba de tiempo.

Como no hay reglas claras, cada quien interpreta el tema como le acomoda y, por lo mismo, las organizaciones de comerciantes se han convertido en un poder paralelo al gobierno, de eso hay muchos ejemplos.

Que nadie se atreva a levantar a un puestero y mucho menos a castigarlo, porque de inmediato la organización afectada organiza un plantón, si no es que un bloque y marcha hasta doblegar a la autoridad.

Llegan incluso a proteger a delincuentes que cometen sus fechorías en contra de la ciudadanía y al huir se refugian en los grupos de ambulantes, muchos de los cuales venden los artículos que roba el crimen organizado.

El problema es tan complejo y añejo, que ni siquiera fue tomado en cuenta en la Ley de Desarrollo Económico recién aprobada por la Asamblea Legislativa, a pesar de ser una actividad indudablemente económica.

Claro que algo se tiene que hacer, y si la solución es centralizar su control, que evidentemente restaría poder económico y cierto control político a los jefes delegacionales, que se haga, pero no creando figuras tan monstruosas como en Invea, por ejemplo, que sólo duplica funciones y genera confusiones.

El comercio informal es una herencia histórica del país, sobre todo de la Ciudad de México, así que muy fácil no está el asunto, aunque, por lo pronto, bien harían las autoridades en repensar su propuesta de tomar el control absoluto, no vaya a ser que el asunto salga peor y sólo quieran hacerse de los recursos que hoy impunemente roban los delegados.

Como dice la sabiduría popular: no hagan cosas buenas que parezcan malas.

CENTAVITOS… Bien hacen algunos priistas en pedir que su partido en el DF se redignifique para acabar con todo viso de corrupción y mala imagen, y para lo cual quieren formar un frente en la ciudad. El único problema es que entre el grupo de priistas que está promoviendo esa limpieza a fondo hay unos que ni siquiera pertenecen al PRI, como Lorena Villavicencio, candidata perdedora por el Verde Ecologista en Álvaro Obregón, y Miguel González Compeán, quien hace años huyó del partido y se refugió en el desaparecido Partido Social Demócrata, que un día encabezó Jorge Carlos Díaz Cuervo.

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