Invadirán mujeres el GDF

En cualquier instancia, pública o privada, debe haber oportunidad para todos...

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Adrián Rueda 18/04/2014 01:32
Invadirán mujeres el GDF

Quizá a muchos les parecerá un comentario misógino, e incluso hasta retrógrada, pero en realidad es una soberana vacilada la equidad de género que “por decreto” buscan establecer las autoridades en el Distrito Federal.

El lunes pasado, a instancias de un ordenamiento emitido por la Asamblea Legislativa del DF, Miguel Ángel Mancera publicó el decreto para que, a más tardar en cuatro años, la mitad de los cargos en el gobierno capitalino —incluyendo los de alta dirección— se otorguen a mujeres.

Y es que los diputados modificaron en diciembre pasado dos artículos de la Ley Orgánica de la Administración Pública del GDF, para iniciar de manera progresiva el reparto de los puestos públicos en la ciudad, acción que deberá quedar concluida en 2019.

Por supuesto que no tan sólo en el gobierno, sino en cualquier instancia pública o privada, debe haber oportunidad para todos por igual de acceder a altas responsabilidades sin importar el género.

Pero de ahí a que por fuerza tenga que haber la mitad de mujeres y la mitad de hombres en los cargos es una verdadera vacilada, pues se deben privilegiar las cualidades del mejor, sea hombre, mujer, transexual o lo que sea.

Porque el hecho de darle un puesto a alguien de determinado género, simplemente porque la ley lo dice, no resuelve nada y sí puede afectar a quienes, teniendo más capacidades, tengan que quedar fuera porque la cuota ya se llenó.

Si hay más mujeres capaces, pues que ocupen no sólo 50, sino 80 o 90% de los puestos, faltaba más, por qué limitarlas a un porcentaje. Pero si no tienen capacidad, que no les den el trabajo y se acabó.

Quien piense que la democracia laboral se da por decreto está mal de la cabeza, y a las pruebas hay que remitirse: en su último ejercicio electoral, el PRD capitalino se ciñó a que la mitad de las delegaciones deberían tener candidatas mujeres y así lo hicieron.

El resultado fue desastroso, pues algunas delegadas salieron unas verdaderas fichitas y resultaron un fiasco, al igual que algunos delegados hombres, lo que viene a dar al traste con ese ordenamiento de igualdad.

Es como querer que, por decreto, todo el mundo sea feliz, que nadie robe, que los jóvenes respeten a sus mayores o que México tenga una presidenta. Que llegue quien sea, pero que valgan la pena.

Porque si los legisladores quieren que el GDF parta por la mitad sus plazas para hombres y mujeres nada más para hacer una clasificación sexista, entonces lo mismo debería ocurrir en la ALDF, nomás para ser congruentes.

Tanto en las curules como en los puestos administrativos y de asesorías los hombres son abrumadora mayoría.

CENTAVITOS… Muy optimista, al menos ante las cámaras, se ve a Ernesto Cordero en su carrera por la dirigencia nacional del PAN, y asegura que todas las encuestas le dan una amplia ventaja ante su rival, Gustavo Madero. Quizá Cordero debería cuidarse de andar diciendo que es el favorito y que la tiene ganada, pues le puede salir contraproducente en un partido como el PAN, que tiene muy arraigado su gen opositor. Es decir, los panistas siempre castigan a quienes presumen apoyos “de muy arriba” o los que, ante la opinión pública, presumen tener el poder para arrasar. El propio Cordero tendría que recordar que en 2012 fue derrotado en las internas presidenciales de su partido por Josefina Vázquez Mota, a pesar de que el exsecretario de Hacienda se asumió como el gallo del presidente Felipe Calderón. Y que Calderón mismo se había impuesto en 2006 al favorito Santiago Creel, que era la propuesta del presidente Vicente Fox. El gen opositor del PAN está muy arraigado y más valdría a los candidatos no andar con triunfalismos, no sea que sus compañeros se solidaricen con los que juegan el papel de víctimas.

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