Apanicados por la Línea 12

No es la primera vez que una decisión de Ebrard pone en peligro a la población.

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Adrián Rueda 13/03/2014 01:34
Apanicados por la Línea 12

Apenas se conoció la denuncia que Joel Ortega, director general del Metro, hacía sobre las anomalías detectadas en la construcción de la llamada Línea Dorada y que 11 de sus estaciones serían cerradas, y el grupito de Marcelo Ebrard entró en pánico.

Todos intentaban comunicarse con su líder, quien se encontraba en Culiacán, donde declaró sentirse “limpio y orgulloso” de la construcción de la Línea 12 del Metro; les mandó decir que nada había que temer, por lo que pidió a los suyos no entrar en shock.

Pero ni las palabras de Ebrard calmaron a los suyos, pues todos están conscientes de que el golpazo que le asestó el gobierno de Miguel Ángel Mancera es una más de las pifias que el exjefe de Gobierno del DF ha venido cometiendo desde que dejó el cargo.

Con casi medio millón de usuarios mentándole, todos los días, la madre porque no pueden usar la faraónica obra que construyó, y en la que pagó ocho mil 500 millones de pesos más de lo programado, Marcelo debería estar muy preocupado por su futuro político.

Y es que no es la primera vez que una decisión de Ebrard pone en peligro a la población: los linchamientos de Tláhuac debieron haberlo enviado a la cárcel, porque como responsable entonces de la Policía del DF prefirió seguir tomando café en un hotel de Reforma antes que ir a rescatar a tres federales quemados vivos ante cámaras de televisión.

Destituido a causa de ello por el entonces presidente Vicente Fox (el titular de la SSP-DF depende de Los Pinos, por ley), lejos de ir al reclusorio, Marcelo fue hecho secretario de Desarrollo Social por Andrés Manuel López Obrador y luego premiado con la jefatura de Gobierno del DF.

Tras caer para arriba —como se dice en la política— Ebrard fincó su imagen de “El Mejor Alcalde del Mundo” a través de obras faraónicas como la Línea 12 y la Supervía, por ejemplo, que hoy son duramente cuestionadas y puestas en duda.

Además del problema legal en que Marcelo pudiera meterse, el tema más importante es el político, pues su pequeño grupo de fieles ya no sabe para dónde navega el barco y los traspiés de su jefe les hace repensar en su futuro con él.

Las malas decisiones que ha venido tomando desde su salida del GDF no hacen sino confirmar lo pésimo político que es. Ebrard jamás ha sabido construir grupos o una fuerza propia, siempre necesita de alguien que lo articule para obtener puestos; si no es Salinas, es Manuel Camacho o El Peje, pero solo no puede.

Le encanta ejercer el gobierno, pero necesita que alguien lo ponga en el puesto, porque está claro que por sí mismo no tiene idea de cómo hacerle y eso no le da confianza a los integrantes de su rebaño.

Tan es así que sus ocasionales misas, realizadas en un edificio que tiene cerca del Metro Nativitas, tiene menos gente que un partido de las Chivas rayadas en el Omnilife.

Por lo pronto habrá que leer con mucho cuidado que este tema ocasiona —ahora sí— un rompimiento definitivo entre Mancera y Marcelo, pues por mucho que quieran hacer pasar el asunto como un tema “técnico”, el rollo político está en el centro.

¿Con qué cara se va a presentar el extitular del GDF a decirle a los perredistas que es la mejor opción para representarlos si ya les echó encima a la población?

Parece ser que su camino es, más ahora que nunca, buscar refugio en el Movimiento Ciudadano como pretende.

CENTAVITOS… Y a propósito de la Línea 12, si Joel Ortega y Mancera tuvieron los pantalones para sacar del aire la mitad de las estaciones, sería lógico pensar que los tendrán también para enviar a alguien a la cárcel. Porque no se vale que en aras de sacarse una foto inaugurando su máxima obra sexenal, a Ebrard no le haya importado que casi medio millón de personas que a diario usan el servicio estuvieran en peligro por un descarrilamiento; una cosa sería robarse el dinero —en caso que se lo comprueben— y otra muy distinta jugar con la vida de los usuarios.

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