Acalambra Ahumada al PRD

Los Chuchos filtraron a un diario que Rosario había endeudado al partido.

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Adrián Rueda 04/03/2014 00:00
Acalambra Ahumada al PRD

Era agosto de 2003 y Rosario Robles Berlanga, entonces presidenta nacional del PRD, comía al sur del DF con los líderes de las corrientes perredistas más poderosas, ante quienes soltó una bomba: el partido estaba en quiebra y con una deuda de 640 millones de pesos.

A los comensales, entre los que estaban Jesús Zambrano, Carlos Sotelo, Eduardo Morales, Juan Guerra, René Bejarano y Jesús Ortega, sorprendió la revelación, pues, aunque sabían que se habían hecho gastos fuertes no esperaban esos números.

El hambre se les esfumó cuando Robles les explicó que, para garantizar el triunfo en las elecciones intermedias que recién habían concluido, había aceptado que el empresario Carlos Ahumada financiara varias campañas, por lo que exigía su dinero.

Que en caso de no pagar, Ahumada —en ese entonces novio de Chayo— haría público el financiamiento ilegal y entonces todo el PRD estaría en peligro, pues los amarillos se podrían llevar la peor sanción jamás conocida en la historia.

Los comensales hicieron un rápido control de daños y enviaron un mensaje al empresario de origen argentino, asegurándole que lo ayudarían a que el GDF, en ese entonces gobernado por Andrés Manuel López Obrador, no sólo le pagaría todo lo que le debía sino que le daría más contratos de construcción.

Todo era mentira, los perredistas querían ganar tiempo para que sus candidatos triunfantes tomaran posesión en delegaciones y congresos (faltaba mes y medio), antes de que las autoridades electorales pudieran impedírselos, cosa prevista en la ley para quienes se financien ilegalmente.

Así se lo comunicó la dirigente a Ahumada, pero unas semanas después los propios Chuchos filtraron a un diario que Rosario se había corrompido y endeudado al PRD con gastos exorbitantes, por lo que le abrirían un proceso interno en su Consejo Nacional a llevarse en Tlaxcala.

La guerra interna estaba declarada y fue entonces cuando salieron a la luz los primeros videos de personajes muy cercanos a López Obrador llenándose las bolsas de dólares del empresario, lo que destapó el mayor cochinero registrado en las filas de la izquierda en el país.

Ése fue el principio del fin de Chayo como perredista —fue expulsada en 2004—, y de Ahumada, quien fue encarcelado durante más de cuatro años en el Reclusorio Norte del DF, acusado de fraude por obras no realizadas en la delegación Gustavo A. Madero.

A 10 años de esos videos —se cumplen hoy— Ahumada declara desde su natal Argentina que ha demandado a Rosario y al PRD para que le paguen alrededor de 200 millones de pesos que le adeudan desde entonces; que tiene las pruebas.

Por supuesto que el empresario no espera que le paguen nada, pero es una forma de vengarse de quienes en su momento estuvieron coludidos con él en actos de corrupción, que luego lo traicionaron y que hoy están vivitos y coleando políticamente.

Entre ellos están Zambrano, Ortega, Bejarano, Carlos Navarrete, Carlos Sotelo, Lázaro Cárdenas y desde luego la propia Rosario Robles, quien es la secretaria de Desarrollo Social del gobierno federal.

Seguro que ese tema les sigue sacando roña a los perredistas y su temor es que el escándalo escale justo en los momentos en que están por cambiar de dirigencia nacional.

CENTAVITOS… Cuando los panistas ya saboreaban la sangre de Víctor Hugo Romo en su comparecencia ante comisiones de la ALDF, se dieron un frentazo luego de quedar evidenciados —al menos— como ignorantes de la administración pública. Los panuchos esperaban crucificar al delegado en Miguel Hidalgo con el asunto de una supuesta obra fantasma en el parque El Mexicanito, pero recibieron una amplia explicación de cómo se manejan los recursos, de que existe la obra y de que tienen de plazo hasta 2014 para acabarla. Pero eso no fue todo, Romo le dijo al PAN que por qué mejor no investiga, entre otras, una obra por 40 millones de pesos que la exdelegada panista Gabriela Cuevas —hoy senadora— reportó como terminada y pagada y jamás se hizo en Ejército Nacional y Ferrocarril de Cuernavaca, en Polanco. ¡Machetazo a caballo de espadas!

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