Marcelo finta al PRD

Ya lo vislumbran en Movimiento Ciudadano, donde insistirá en un polo progresista

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Adrián Rueda 19/02/2014 00:55
Marcelo finta al PRD

Una vez más, Marcelo Ebrard Casaubón, exjefe de Gobierno del Distrito Federal, se apersonó en las instalaciones de San Lázaro —esta vez a invitación del Partido del Trabajo— para proponer de nuevo su “polo progresista” de las izquierdas.

Como a estas alturas del partido tiene muy poco que hacer y sus tardes deben ser largas y aburridas, Ebrard acepta toda invitación y se deja acompañar por cualquiera, sin importar que sea un despojo como Agustín El Tontín Guerrero, despreciado por sus propios compañeros.

Pero bueno, en esta ocasión, el exjefe de Gobierno fue invitado por el líder petista Alberto Anaya, el mismo a quien el alumno más avanzado de Manuel Camacho Solís nunca le cumplió cuando despachó en El Zócalo.

Acompañado de su gran fuerza en San Lázaro —Malú Mícher, Pepe Ávila y Mario Carrillo (tío del senador Mario Delgado)—, Marcelo tuvo que echar mano una vez más del Movimiento Ciudadano para tener una comitiva más o menos decente... En número, por supuesto, no en prestigio.

Ahí se volvió a echar su gastadísimo choro de que es necesario unir a la izquierda progresista para detener las “reformas neoliberales” que ha impulsado el presidente Enrique Peña Nieto.

Nadie sigue al pobre Ebrard por la sencilla razón de que todo mundo sabe que lo que está haciendo es “fintar” al PRD —sobre todo al ala de Los Chuchos— de que se va, a fin de estar en condiciones para negociar su permanencia. Como sabe que no lo dejarán ser presidente nacional del sol azteca, Marcelo buscará que le asignen algunas carteras en el CEN amarillo, además de una cuota de diputados federales, otra del DF y que le dejen Iztapalapa... Además de su nieve de limón, claro.

Las acciones del exjefe de Gobierno —totalmente predecibles para el PRD— son exclusivamente para presionar al partido, ahora que se meterá de lleno al proceso de sucesión interna, a ver si logra que se compadezcan de él y lo revivan.

Como es un hecho que los perredistas no lo harán, por la sencilla razón de que lo desprecian, se quiere hacer la víctima y justificar su llegada a lo que será su enésimo partido: el Movimiento Ciudadano.

Todo mundo lo vislumbra ya en la presidencia naranja, desde donde insistirá en un “polo progresista” para tratar de armar su plataforma con el apoyo de los minipartidos, porque el MC por sí solo no le alcanza para casi nada.

Y de la reunión de ayer con el PT, quién iba a decir que Ebrard tendría que pedirle un poco de calor a Beto Anaya, a quien en corto desprecia: hoy la grilla los hace extraños compañeros de viaje.

A ver si ahora, en el MC, le dan ganas de recorrer el país para que lo conozcan, porque para ello ha sido bastante flojo: tantas veces anunció que lo haría y no fue que hoy está como Pedro y El Lobo: nadie le cree.

CENTAVITOS… El que parece haber resurgido de las cenizas es el delegado en Coyoacán, Mauricio Toledo, quien poco a poco ha logrado revertir el mal momento inicial de su administración, que incluso culminó con el encarcelamiento de su exsecretario particular. Al inaugurar ayer la ciclopista construida por todo el camellón de la importante avenida Miramontes, vecinos de las colonias aledañas lo recibieron casi casi como actor de cine, lo cual evidentemente lo aleja de los amargos momentos vividos el año pasado. Con vecinos cariñosos y con el calorcito que últimamente le han dado desde el GDF, a Toledo se le ve de nuevo vivito y coleando... Lo que le faltaba al PRD: de parte del gobierno federal ya les dejaron claro que en el tema de la mariguana no los acompañarán, así que su iniciativa irá directamente a la basura. Y es que en un tema tan importante, los perredistas no hicieron una consulta pública ni pidieron opinión a los delegados del DF, que son los que más conocen del tema en sus territorios. Sólo en Iztapalapa, Jesús Valencia alzó de inmediato la voz en contra de la propuesta de sus compañeros, anteponiendo el interés de la comunidad al político; ayer, tímidamente, lo hizo Alejandro El Potrillo Fernández, en Cuauhtémoc, los demás no han dicho esta boca es mía.

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