Los maestros de las marchas

El líder del SUTGDF se negó a claudicar y pagó las consecuencias.

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Adrián Rueda 17/01/2014 00:00
Los maestros de las marchas

Hace ya varias lunas, allá por 2003-2004, el entonces diputado priista y líder de los trabajadores del Gobierno del Distrito Federal, José Medel, desoyó el consejo de Andrés Manuel López Obrador de no ir contra el sistema.

“Acuérdate que los trabajadores son unos mal agradecidos, mejor vente conmigo y te va a ir bien”, le dijo el entonces jefe de Gobierno a Medel.

En ese tiempo el líder sindical planeaba un paro de varios días contra la administración de El Peje, que no había cumplido prácticamente nada de los acuerdos logrados para beneficiar a los trabajadores de la ciudad.

López Obrador le insistió que reflexionara, que cuando las marchas molestan a los ciudadanos —no sólo a las autoridades—, se pierde apoyo popular y se despiertan los odios y las acciones en contra, pues todo mundo quiere que se meta orden.

“Recuerda que nosotros somos los maestros de las marchas y sabemos cómo se hace: hay que presionar a la autoridad, no a los ciudadanos. Hay que espantar al gobierno, así que no te metas en problemas”.

El de Macuspana sabía de lo que hablaba, pues cuando dice que él se forjó en terracería hace alusión a las marchas —llamadas éxodos— que organizaba desde Tabasco al DF y que hacían temblar las corvas de Manuel Camacho, entonces regente capitalino, y de  su joven escudero, Marcelo Ebrard.

Ambos se espantaban con los pasos de López Obrador, a quien embarraban de billetes para que concluyera sus protestas y regresara a su pueblo.

En ese tiempo El Peje no molestaba a los ciudadanos, sino a las autoridades, por eso sabía de lo que hablaba. Su sabiduría quedó demostrada, pues cuando en 2006 el tabasqueño se salió del librito y cerró durante meses Reforma, perdió el apoyo popular, cosa que le afecta hasta ahora.

Pero no sólo Andrés Manuel aconsejaba al líder sindical; tres días antes del inicio del paro, Medel recibió la visita del líder nacional de los burócratas, Joel Ayala Almeida, quien le pidió recular y no enfrentar al poder del Estado.

Pero el dirigente del SUTGDF estaba decidido a apoyar a sus compañeros trabajadores y se negó a claudicar, pensando que incluso su partido, el PRI, lo apoyaría en su lucha sindical.

El paro se llevó a cabo y las consecuencias no se hicieron esperar: Andrés Manuel dio la orden de cortar la cabeza de Medel, organizó una campaña en medios para desacreditarlo por afectar a los ciudadanos y aparecieron marchas de trabajadores exigiendo su salida.

El fuero de diputado lo protegió de pisar la cárcel, aunque efectivamente sus días como líder del SUTGDF llegaron a su fin, pues sus compañeros del sindicato fueron comprados: tenía razón El Peje, “los trabajadores son mal agradecidos”.

Quizá por ello, si como dice AMLO que molestando a los ciudadanos éstos se voltean contra sus autoridades, sea creíble que son los propios perredistas quienes financian los movimientos de  la CNTE, anarcos, inconformes del Metro y demás para echar a la gente contra el jefe de Gobierno.

CENTAVITOS… Miguel Ángel Mancera cumplió ayer 48 años y los reporteros que cubren la fuente se alegraron mucho cuando les dijeron que estaban invitados al convivio; la sonrisa se les borró cuando colaboradores del funcionario —que por cierto nada supo de eso— les dijeron que tenían que entrarle para comprar el pastel… Aunque Mancera ya dejó claro que su gallo para repetir al frente del Instituto de Verificación Administrativa del DF es Meyer Klip, el presidente de ese órgano no debe confiarse, pues tendría que recordar lo que le pasó a Luis González Placencia, el ex ombudsman capitalino que no pudo reelegirse a pesar de que el jefe de Gobierno había dado línea de que fuera el bueno. Y es que depende del humor que tengan las tribus de los partidos en la Asamblea Legislativa, porque de repente les entra un complejo de independencia y se alocan desoyendo indicaciones.

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