La hora de Mancera

No lo hecho mal el ex procurador: ganó el GDF y la Asamblea Legislativa

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Adrián Rueda 06/01/2014 02:14
La hora de Mancera

Cuando Miguel Ángel Mancera era candidato electo a jefe de Gobierno del DF, cometió la “imprudencia” de asistir al primer Informe del gobernador mexiquense Eruviel Ávila; lo sentaron casi junto a Enrique Peña Nieto, presidente electo de México, con quien se estrechó la mano.

La foto del reconocimiento de Mancera al triunfo de Peña fue subida de inmediato a las redes sociales por parte de Luis Videgaray, quien aún no era nombrado secretario de Hacienda, y el revuelo que causó en el perredismo fue tremendo.

El más molesto, por supuesto, fue López Obrador, quien por ese entonces seguía alegando que le habían cometido fraude y que no reconocería el triunfo del priista; Mancera trató de explicarle que había sido casual, pero El Peje no se la tragó… y esta vez tenía razón.

Después se comprobó que efectivamente ya había una alianza entre el GDF y Los Pinos; Mancera había tomado la decisión de no confrontarse, sino de tejer una buena relación con Peña Nieto, lo que le retribuiría puntos entre la ciudadanía.

El siguiente paso del jefe de Gobierno fue sacudirse a las insaciables tribus del PRD que querían cobrarse con secretarías el apoyo dado al nuevo gobernante; el ex procurador les cerró la puerta y enfrentó a la más corrupta: la IDN de Lola Padierna y su marido.

Para ello tuvo que hacer acuerdos con Cuauhtémoc Cárdenas y las tribus menos radicales —aunque igual de voraces— como Nueva Izquierda, ADN y la chiquillada amarilla; todos lo apoyaron para enfrentar al corrupto esposo de la senadora Padierna, esa fue su segunda decisión.

La tercera llegó cuando su antecesor —y quien lo puso en el cargo— Marcelo Ebrard quiso seguir manejando la ciudad, pensando que había puesto a un títere. El jefe de Gobierno rompió con él y para ello contó incluso con el apoyo de López Obrador, quien no quería a Ebrard como rival desde la presidencia del PRD.

Este acuerdo con el tabasqueño no es sólido, y ya se vio que nada más le falló el corazón y su gente le echó encima a Mancera a toda la bola de seguidores radicales, que aunque se dicen perredistas están incrustadísimos en el Morena pejista.

En lo político no lo hecho mal el ex procurador: ganó el GDF, la Asamblea Legislativa, el PRD local, ha jalado a varios delegados y ha hecho a un lado a la gente de Marcelo, incluyendo al delegado de la importantísima Iztapalapa, Jesús Valencia; ahora viene lo bueno.

A Mancera le llegó la hora de las definiciones; de mostrar que está hecho para gobernar y no sólo para caer bien, pues sabe que su bono democrático no lo podrá sostener si no hace trabajo de gobierno.

No hay pretexto, su año de aprendizaje terminó y aguas, porque ahí vienen de regreso la CNTE, los Panchos Villa, los morenos y hasta los del PRI para echar abajo su estrategia de que los responsables de sus principales áreas salgan a presumir los logros de su gobierno.

CENTAVITOS… Quien arrancó el año con nueva chamba fue Rodrigo Navarrete, flamante director de Desarrollo Social en Coyoacán, donde piensa hacer su ronchita a ver  si le alcanza para lanzarse en 2015 como diputado, ya sea local o federal. ¿Qué quién es el jovenazo en cuestión?, pues quizá el nombre no diga mucho, pero es  el nieto de Ifigenia Martínez, una de las fundadoras del PRD y cardenista de hueso colorado. No es que Rodriguito vaya a ser el consentido de Mauricio Toledo, sino que llegó ahí como parte de los acuerdos que el delegado quiere hacer para recomponer su futuro político… Muy cierto que Lucía García nada tenía que hacer en Cultura del DF y por eso fue removida por Mancera, pero no hay que perder de vista a varios culturosos fieles a López Obrador, que creen que por llamarse Pacos Ignacios pueden tener el monopolio del área y presionar al gobernante en turno. Bola de grillos, a ver cómo le va con ellos a Eduardo Vázquez, nuevo titular de la Secretaría de Cultura, quien por cierto es —para variar— otro cercano a Cuauhtémoc Cárdenas.

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