Cassez es libre… ¿era culpable?

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Jorge Fernández Menéndez 24/01/2013 00:45
Cassez es libre… ¿era culpable?

Había muchísimas ganas de liberar de una vez por todas a Florence Cassez. Era tan políticamente correcto hacerlo que en lugar de reponer el proceso, que hubiera sido lo lógico y lo correcto, lo justo, en plena sesión de la Corte, la ministra ponente Olga Sánchez Cordero decidió cambiar su proyecto original y proponer lisa y llanamente, con el apoyo de otros dos ministros, Arturo Zaldívar y Gutiérrez Ortiz Mena, dejarla en libertad de inmediato.

Es políticamente correcto, pero no es un acto de plena justicia, salvo que se crea a pie juntillas en la plena inocencia de Florence y en que víctimas, autoridades y cómplices se complotaron para dejarla en prisión. Lo justo hubiera sido eliminar las pruebas que la Corte considerara no válidas y reponer el proceso. Pero, como decíamos ayer, se impusieron los vientos sexenales: ¿Quién quiere comenzar un sexenio con un estorbo diplomático con Francia que ya tuvo altos costos publicitarios? ¿Qué mejor que demostrar que se puede dar una vuelta de tuerca en la justicia que dejar ir a Florence a Francia, donde ya están asegurados los derechos de la película y el libro antes de definir si, efectivamente, era culpable o no del delito que más azota a la sociedad mexicana?

Es verdad que, según la Suprema Corte, se violaron derechos de Florence en su proceso, sobre todo al momento de su detención y presentación. No es verdad, pero a fuerza de repetirlo se ha tornado casi un lugar común, que los testigos en su contra fueron desechados: los testimonios de las víctimas de Cassez ahí están, a la mano de quien quiera revisarlos. También están los testimonios de cinco de sus cómplices.

Se dirá, con una buena dosis de razón, que las violaciones al derecho de Cassez en el proceso son suficientes para dejarla en libertad sin considerar si es o no culpable. En realidad no debería ser así, por lo menos no lo es en nuestro sistema: lo correcto, en este caso, era eliminar las pruebas que no eran determinantes (o quizás para el juzgador pudieran serlo, pero en un nuevo proceso) para establecer su culpabilidad, para, a partir de allí, realizar un nuevo juicio y entonces decidir si Florence seguía o no en prisión.

El caso Cassez se escapó de la órbita judicial hace ya mucho tiempo, desde el momento en que se convirtió en tema de conflicto en una televisora; desde que el presidente Sarkozy intervino directamente para reclamar su libertad en plena visita de Estado; desde que se apostó a una estrategia de medios para liberarla, colocándola, en un verdadero exceso mediático, al mismo nivel que Ingrid Betancourt; cuando se transformó el caso en un argumento para golpear a Genaro García Luna y por extensión a Felipe Calderón (aunque paradójicamente la detención se realizó durante la administración Fox); cuando Gerardo Fernández Noroña se convirtió, en una época, en el más asiduo visitante de Florence; cuando se canceló la exposición de México en París, en 2012, demostrando la profundidad de la crisis, y cuando los nuevos gobernantes de México y Francia, Enrique Peña Nieto y François Hollande, respectivamente, decidieron que estaban hasta el gorro de tener una relación bilateral golpeada por algo que había nacido en los gobiernos de sus predecesores, ambos de partidos distintos a los suyos.

Se hablará ahora de una lección de la justicia para todas las autoridades que no han respetado plenamente los derechos de los presuntos culpables al momento de su detención; se dirá que todo había sido un montaje para beneficiar a alguien, quién sabe a quién; se dirá que es una demostración de la forma en que se hizo justicia en el sexenio pasado (aunque, insistimos, la detención se realizó en el gobierno de Fox) y servirá para pedir la revisión de muchos otros casos, que en su mayoría quedarán en el olvido porque no tienen el interés mediático, político y diplomático de éste.

Lo único que no sabremos nunca, gracias a esta decisión, es si Florence Cassez era culpable o no. Por lo pronto, el derecho de sus supuestas víctimas quedará, simplemente, para mejor oportunidad, misma que lisa y llanamente nunca se presentará. A la señora Ríos o a su hijo, no sólo les robaron el país, (tuvieron que abandonarlo luego de su secuestro) no sólo no se les hará justicia, tendrán que ver en televisión o en el cine cómo la persona que ellos consideran su secuestradora y agresora se convierte en celebridad. Y la gente, la de la calle, seguirá considerando que de acuerdo al sapo es la pedrada, que la justicia se acopla al sexenio, haya sido culpable o inocente Cassez… algo que, por cierto, nunca sabremos.

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