El desafío del próximo Papa
Opinión del experto nacional
Las dificultades demandan un Pontífice con vitalidad, energía y fortaleza. 13/03/2013 05:17
Por René H. Garza
De una forma inesperada, el pasado 11 de febrero amanecimos con la noticia de la renuncia de Benedicto XVI como papa y de la inminencia de un nuevo Pontífice para la Iglesia católica.
La influencia política y espiritual del Sumo Pontífice es de importancia mundial, en especial para los católicos que tan sólo en México representan más de 80% de la población, alcanzando alrededor de mil 200 millones en todo el mundo.
Durante los últimos 15 años la Iglesia católica ha sido gobernada por papas de muy avanzada edad e inclusive de salud precaria. Benedicto XVI inició su papado a los 79 años y Juan Pablo II murió en 2005, a un mes de cumplir los 85 años.
En medio de una grave crisis de credibilidad, pero sobre todo de fidelidad desde el interior de la Iglesia, Benedicto XVI decidió poner fin a su pontificado convencido de que las dificultades que enfrenta la Iglesia católica demandan la llegada de un nuevo Pontífice con la vitalidad, la energía y la fortaleza necesarias para atar y desatar con firmeza y prontitud según la autoridad que le compete conferida por Cristo, su fundador y cabeza suprema.
El desafío del próximo Papa no es menor, por eso Benedicto XVI, con mucha sabiduría, abre el paso para la llegada de un nuevo Pontífice que deberá, al mismo tiempo, combinar tres características: capacidad de gobernanza, humildad y la firmeza necesarias para identificar lo torcido y así poder enderezar la propia casa. De esta manera se fortalecerá la adhesión al interior de la Iglesia y se recuperará la confianza del mundo en la Iglesia.
Un buen gobierno es diferente a una buena administración; esta última está dirigida a los recursos y a los resultados, mientras que la primera implica sumar voluntades hacia el fin común. Para tener un buen gobierno se requiere un gran líder, y para tener una buena administración basta un buen administrador. La institución de la Iglesia católica se gobierna por un vicario, no por un rey, ni por un presidente ni tampoco por un director general. Por lo anterior acierta Gonzalo Zegarra al afirmar que “la lógica y el liderazgo de la Iglesia no son comparables con los de ninguna otra institución terrenal”.
Según el catecismo católico, el Papa es el vicario de Cristo y el sucesor del apóstol Pedro. Vicario significa “el que hace las veces de”, es decir, el Papa está obligado a hacer lo mismo que haría Cristo, en pensar como piensa Cristo y en amar como ama Cristo.
Los últimos años la Iglesia católica se ha topado con duras humillaciones, principalmente por las de aquellos sacerdotes que, traicionando su ministerio, han caído y se han llevado en su trágica caída a las víctimas de la pedofilia y a sus familiares, en especial a sus padres. Asimismo, los casos de sacerdotes con doble o triple vida, con parejas sentimentales y a veces hasta con hijos.
En el último caso, aunque no se trata de delitos civiles, muchos fieles esperan castigos firmes para aquellos sacerdotes infieles que tanto dañan a la Iglesia. Parecería, a veces, que la jerarquía católica y superiores de congregaciones se preocupan más por cuidar al infiel que por cuidar a su grey haciendo a un lado la defensa y el testimonio del evangelio. Lo anterior es uno de los más grandes desafíos que enfrentará el sucesor de Benedicto XVI.
La noticia de la fuga de información de la oficina del Papa conocida como VatiLeaks y el reporte que generó la comisión encargada de esta investigación con amargo sabor a infidelidad y traición, es quizá el centro del desafío del futuro romano Pontífice. Implicará una profunda limpieza de la propia casa y en particular la de la Curia romana en el propio Vaticano.
Un tercer desafío representa el lograr devolver la credibilidad en muchos fieles de la forma como se llevan las finanzas en el Banco Vaticano, llamado Instituto para las Obras de la Religión (IOR).
Quedan muchos pendientes más, entre ellos avanzar en el ecumenismo, en el diálogo interreligioso y seguir promoviendo la paz mundial. De menor escala también queda pendiente la conclusión de la reforma legionaria y saber si se seguirá el rumbo marcado por Benedicto XVI, quien acertadamente optó por llevar a cabo la purificación y renovación de esta institución y con ello salvar a una de las congregaciones católicas que produce más vocaciones y sacerdotes en nuestro tiempo.
En opinión del vaticanista John Allen, la reforma legionaria no ha sido exitosa por falta de seguimiento. La afirmación de Allen sólo les corresponde calificarla a los mismos legionarios. En lo que respecta a su rama seglar, el Regnum Christi, pareciera que ha faltado confianza por parte de la legión y del mismo delegado papal en sus miembros laicos para promover una sana, auténtica y abierta discusión intramuros.
Existen en este país miles de empresarios, directivos, jóvenes y profesionistas que se han formado en sus filas. Estos en su mayoría sienten afecto y gratitud hacia esta congregación y aunque muchos actualmente no participan activamente en el Regnum Christi, si fueran llamados, muchos responderían y sin duda ayudarían con su valiosa experiencia para mejorar y renovar la rama seglar de esta importante institución de la Iglesia católica.
Más allá de nuestro credo y de nuestra ideología, la razón nos lleva a reconocer que la llegada del próximo Papa sí importa y nos incumbe a todos. Para los católicos es una nueva esperanza y un regalo invaluable. Para quienes no pertenecen al catolicismo o han dejado de valorarlo, la figura, el liderazgo y la importancia que representa el sucesor de Benedicto XVI no pueden pasar inadvertidos y mucho menos menospreciados.
Hombres, mujeres, jóvenes y niños en todo el planeta, pueblos enteros abatidos por la guerra, por las dictaduras y por la demagogia demandan liderazgos incansables que luchen por todo aquello que une a la raza humana. En el interior del corazón de cada hombre palpita el anhelo por la justicia y la auténtica paz. Urgen líderes mundiales con la fuerza moral para lograr la reconciliación entre las naciones. El próximo Papa está llamado a ser uno de ellos.
