La justicia y el absurdo
Opinión del experto nacional
La nueva Procuraduría General de la República, encabezada por Jesús Murillo Karam, libera a un inocente acusado falsamente de trata de personas. 02/03/2013 02:27
Por Rosi Orozco*
No salgo del asombro. Detenido y privado injustamente de su libertad, Alexander Spatz, un joven de 23 años, me habló, al salir del Reclusorio Sur de la Ciudad de México, de la oportunidad que tuvo de ser promotor cultural dentro de ese penal con cientos de personas que se unieron a programas para no volver a cometer delitos.
Alex, como lo llaman sus amigos, me comentó que hubo una confusión jurídica en su acusación; no comprende por qué fue detenido y recluido durante dos años, tres meses, 19 días y 12 horas.
¿Cómo es posible que haya tenido una orden de aprehensión sin que hubiera podido defenderse, luego un auto de formal prisión y una sentencia de seis años en su contra?
Alex recuerda sus actos de noviembre de 2009: fue al aeropuerto de la Ciudad de México a recoger a una ciudadana colombiana de 65 años que venía a México a tomar un curso espiritual en su organización. Ambos abordaron un taxi que los llevaría a la sede donde se realizaría el curso.
Al día siguiente, Alex solicita a la ciudadana colombiana su pasaporte y visa para fotocopiarlo y contar con el registro completo para el Instituto de Migración.
La organización a la que pertenece invita a cientos de personas a tomar cursos iguales. Algunos requieren para sus visas que otorgan los consulados mexicanos cartas de invitación. Por eso, los registros deben estar al corriente, pues el Instituto de Migración a veces les requiere información.
Después de ello, Alex sólo ve a la señora colombiana dos o tres veces más en encuentros casuales, saludándose en las escaleras y pasillos del edificio donde se desarrollaba el curso espiritual.
En 2010, Alexander Spatz organizó y coordinó a un grupo de voluntarios que, en colaboración con la Cruz Roja, ayudaron incondicionalmente a decenas de miles de personas de los poblados azotados por el devastador terremoto en Chile.
A su regreso, unos días después de pasar por los registros del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), proveniente de Sudamérica, fue detenido acusado de Trata de Personas sin que tuviera notificación o audiencia alguna para poderse defender.
Se cumplió contra él una orden de aprehensión dada por la juez Séptimo de Distrito de Procesos Penales Federales, la licenciada Martha Estréver Escamilla.
A mediados de 2012, tuve oportunidad de hablar por teléfono a Bogotá con la supuesta víctima durante más de 45 minutos, en la que me contó que sólo había visto a Alex Spatz en escasas cuatro o cinco ocasiones, coincidiendo en lo fundamental con lo señalado por la plática que tuve la semana pasada con el joven cuando salió libre.
Señaló expresamente que Alex Spatz no le había hecho nada y que todo lo contrario, solamente la había ayudado en el aeropuerto en la ocasión que la acompañó en el taxi después de su llegada en el vuelo de Mexicana de Aviación.
Me interesé en el caso de Alex Spatz Leyva meses atrás, cuando como presidenta de la Comisión de Trata de Personas de la pasada Legislatura, el abogado César Prieto me ilustró sobre el mismo y me convencí de que era una aberración.
Se trataba de obtener sentencias en la materia. Alex Spatz había sido acusado de un delito que lastima y hiere a miles de personas en el mundo, contra el cual yo he luchado incansablemente en los últimos años.
Cuando se revisa la prensa en su contra inmediatamente sale a la luz un titular que señala: “Lenón sentenciado a seis años de prisión”, a pesar de que su caso nunca tuvo que ver con explotación sexual.
El objetivo que debemos tener como sociedad es, desde luego, sancionar la trata de personas en todas sus formas y que, desafortunadamente, abunda en nuestro país, pero no acusar falsamente a alguien de la misma, sólo para la exhibición de sentencias.
Por eso, la nueva Ley General de Trata de Personas especifica y permite la sanción de los verdaderos responsables de la explotación, distinguiendo claramente las formas de explotación en más de veinte tipos delictivos, que incluyen la explotación sexual, trabajos forzados o esclavitud, entre otros. De las otras conductas asociadas a la explotación que requieren el dolo para generar la acusación.
Asistí con el abogado César Prieto a visitar a la juez del caso Martha Estréver Escamilla para señalarle que, en mi opinión, no era un asunto de trata de personas, ya que no existió la explotación y mucho menos de parte de Alex Spatz, quien no estaba enterado de los detalles del curso espiritual. ¿Cómo podría ser responsable entonces de tal delito?
La juez, con un gran enojo, me señaló que si yo no era abogada no podía hablar del tema, aunque en el Congreso fuera presidenta de la Comisión Especial sobre Trata de Personas. En su opinión, la trata es sólo materia de abogados y no de las especialistas y protectoras de las víctimas. Con arrogancia, la juez me dijo que ella haría el trabajo jurídico penal.
Desde entonces apoyé dando mi opinión con muchas personas, tanto en el Congreso como con abogados, fiscales y otros operadores jurídicos sobre lo absurdo de la acusación contra Alex Spatz.
El antiguo subprocurador de Derechos Humanos de la Procuraduría General de la República, el doctor Miguel Ontiveros, el alumno mexicano más cercano al gran jurista alemán Klaus Roxin, analizó el caso en julio de 2012 y concluyó que no era posible sostener la acusación contra Alex Spatz Leyva, pues no había habido dolo de su parte y mucho menos se podía señalar el asunto como una explotación, que es delito determinante de trata de personas.
Sin embargo, se requirió que conforme al procedimiento penal federal se cerrara la instrucción en diciembre de 2012 para que con nuevos funcionarios en la Procuraduría General de la República, de manera fresca y sin estar contaminados de los asuntos anteriores, analizaran lo obvio y se determinara lo que debió haber sido claro desde el principio: que Alex Spatz no participó en ningún delito de trata de personas y que, de hecho, ese delito no existió nunca, pues fue basado, según señaló la supuesta víctima de Colombia, en confusiones lingüísticas de cómo se usa el español en Colombia y en México.
Es evidente que este caso sólo pudo construirse por el interés perverso de fariseos y fanáticos religiosos en México, que controlaban una parte de la Dirección General de Asociaciones Religiosas, quienes proporcionaron documentos inexactos sobre grupos religiosos en nuestro país.
Alex piensa que hubo una confusión en su acusación y reclusión. Yo pienso que todo lo anterior, mezclado con un absurdo jurídico donde no había delito, sí produjo una víctima: Alex Spatz.
Un joven, cuyo interés es apoyar a sus congéneres y por ello involucrado en grupos voluntarios, tuvo que enfrentar durante dos años, tres meses y 19 días una injusta prisión preventiva.
Agradezco al procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, y a su equipo de colaboradores que terminaran de una vez con esta aberración jurídica, que tanto daño hizo a Alex Spatz y su familia, presentando finalmente conclusiones no acusatorias por parte del Ministerio Público adscrito y que fueron confirmadas por instrucciones del procurador general de la República el pasado lunes, lo que permitió que Alex Spatz obtuviera su libertad de manera inmediata.
No sin antes ser objeto de otro absurdo jurídico más. A pesar de que constaba en el expediente su nacionalidad mexicana, según le fue comentado a él por los custodios del reclusorio, por instrucciones del Juzgado Séptimo de Procesos Penales Federales fue enviado al Instituto Nacional de Migración, en el que pasó 12 horas más hasta que gracias a la intervención del presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) fue liberado, reconociéndosele igualmente lo obvio, que es mexicano por nacimiento, ya que su madre es mexicana.
Qué bueno que en Alex no hay ningún deseo de venganza sobre el caso.
No he salido de mi asombro de este absurdo caso, donde no hubo delito, pero sí una persona falsamente acusada: Alex Spatz.
Es tan aberrante que dejen salir a tratantes como que encierren a inocentes y les fabriquen delitos tan graves ante la sociedad, como lo es trata de personas.
Lo admirable es que, a pesar de lo que sucedió a este joven de 23 años, quiere seguir trabajando en pro de la comunidad, ayudando a la gente que lo rodea o a quien lo necesita, incluidas ahora las personas que conoció y que están recluidas.
*Presidenta de ComisiónUnidos contra la Trata
