Rock antisistema 1/2

Los Beatles, sobre todo John Lennon, amaron a Elvis.

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René Avilés Fabila 16/02/2014 00:55
Rock antisistema 1/2

Vi un filme con imágenes de las figuras del rock de los años cincuenta del siglo XX y llega a los setenta. Destacan Elvis Presley, Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan, Janis Joplin, Procol Harum, Jimi Hendrix, Who y a quienes, a mi modo de apreciar la época, la concluyeron: Sex Pistols. Con el paso del tiempo, los veloces avances tecnológicos, el surgimiento de figuras extravagantes de nuevo estilo comercial, como la insufrible Madonna, la gente ha olvidado el talento del grupo inglés Procol Harum, que estuvo alguna vez, ya mermado, de visita en México, autor de discos célebres: A salty dog y A whiter shade of pale.

Los roqueros aparecen con otras fotografías y algunas ideas breves que ubicaban el contexto de una etapa formidable. La recién iniciada Revolución Cubana, el Che Guevara todavía vivo, la heroica defensa de Vietnam, los diversos movimientos estudiantiles que iniciaron en mayo 68 en París, el hippismo, la revuelta sexual, las drogas, el amor entre flores e ideas comunitarias, las manifestaciones por la paz, las acciones revolucionarias de los negros en EU como Black Panther, Black Power o la encabezada por Malcom X. En África se agitaban pueblos árabes y negros, amparados por ideas de no alineación política con ninguna de las dos superpotencias: EU y la URSS. Se acababa el colonialismo, surgían nuevas naciones y proyectos socialistas armados o pacíficos. En América Latina teníamos dos tipos de lucha en perspectiva: la vía armada y la ruta electoral como en Chile. Es lo que muchos llamaron los años prodigiosos, un periodo de activismo político, rebeldía y amor libre al amparo del rock. Las nostalgias de hoy se centran en ese periodo que es amplio. Imposible hacer precisiones, de allí que sea Elvis (1955) quien arranque la etapa que cierran grupos de los setenta. Históricamente los datos fijos no existen, siempre hay antecedentes que permiten cambios y otros que toleraron su extensión antes de morir. Los Beatles, sobre todo John Lennon, amaron a Elvis, luego, al encontrarse con él en Graceland, el rey los descontroló: no era más el rebelde que sacudió al mundo anquilosado y absorto ante las canciones cursis de Bing Crosby o Doris Day. Frank Sinatra se cocina aparte: supo convertirse en leyenda sin modificar un ápice su estilo y el fraseo genial que lo hizo un fenómeno artístico y le permitió morir rodeado del éxito humeante de los cigarrillos que fumó y la cantidad de whisky ingerido incluso en los escenarios. Todavía en pleno auge de Beatles y Rolling Stones, de Dylan y Jim Morrison, metió canciones al Hit Parade. A su vez, el cantante de Jail House Rock se sintió molesto con los Beatles. Lennon cantó más de una rola de Presley, Gene Vincent o Budy Holly, en homenaje a los pioneros de mayor talento.

Salí del marasmo musical mexicano, harto de mariachis, tríos, boleros y canciones rancheras, con la inaudita aparición de Elvis. Cuando fastidiaba con filmes tediosos, era estrella de Las Vegas y había quedado casi al nivel de Pat Boone, su voz seguía impresionando, no importaba que ahora la destinara a baladas cursis o canciones hermosas del tipo de aquellas que escribió Paul Anka, hasta el final mantuvo una poderosa voz.

Casi enseguida de los pioneros estadunidenses, hace 50 años comenzó la famosa invasión inglesa. De ellos, los Beatles ocuparon el primer lugar. Para mí no hubo amor instantáneo como con Presley, fue gradual, al principio verlos uniformados, con el mismo corte de pelo, propios y agradecidos con el público que comenzaba a idolatrarlos. Brillaba Lennon, a pesar de la belleza masculina de Paul, la simpatía de Ringo y la seriedad de Harrison. Alguna vez le preguntaron a Keith Richard si era mejor guitarrista que su compañero Ron Wood (quien sustituyó a Mick Taylor en 1974), no lo sé, repuso el extravagante roquero, ídolo de Johnny Depp, pero juntos somos insuperables. Ésa era la clave de los Beatles: juntos eran geniales y muy peculiares.

Sentí, como hasta hoy, devoción por los Stones, tuve la suerte de presenciar el concierto de despedida de Brian Jones en Londres y los he visto en EU y en el DF, me fascina su música, los movimientos singulares y  juveniles de Jagger, su sentido de la amistad, se quieren a pesar de sus diferencias, pero los Beatles fascinaban. Pronto fueron más famosos que Jesucristo y desde luego más gozosos. Tengo sus discos, incluido el asombroso Álbum blanco en primera edición. Me acompañaron hasta que anunciaron su dolorosa separación. ¿Tan rápido un grupo genial rompía la amistad y trabajo colectivo, luego de una profunda e imborrable huella? Muchos responsabilizaron a Yoko Ono, otros vieron la ruptura como parte del enfrentamiento entre los dos mayores talentos de la banda: John y Paul.

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