Gran Bretaña, el gran colonizador

El historiador inglés Stuart Laycock dice que Reino Unido ha invadido a más de 90 por ciento de los países que hay en el planeta, o incluso más.

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17/11/2012 03:43  Carmen Álvarez
Gran Bretaña, el gran colonizador

CIUDAD DE MÉXICO, 17 de noviembre.- Dos mil años después que los ingleses aprendieron de sus invasores romanos los métodos de sometimiento que luego aplicarían en India, Malasia, África y en todas las regiones, el historiador inglés Stuart Laycock desempolvó la noticia más vieja jamás publicada: Prácticamente no hay países en el mundo que no hayan sido invadidos por Gran Bretaña.

“Si alguien les preguntara cuántos países hemos invadido a lo largo de los siglos ¿qué responderían? ¿Cuarenta? ¿Cincuenta? ¿Sesenta? ¿Qué pensarían si les dijera que hemos invadido, ejercido control o peleado en el territorio de 171 de los 193 Estados que forman parte de Naciones Unidas, o incluso más?”, escribió.

Y es que en su libro publicado el pasado primero de noviembre Laycock desenterró un tema que todos sabían pero que a nadie se le había ocurrido darle un ángulo novedoso: Gran Bretaña ha invadido a más de 90 por ciento de los países que hay en el planeta, o incluso más.

All the Countries We’ve Ever Invaded. And the Few We Ever Got Round To  (The History Press, 2012) está agotado mientras los amantes de la historia debaten si los 22 países que no figuran en su descripción alfabética, como Guatemala, Suecia, Bolivia, Paraguay, Costa de Marfil, Kirguistán, Ciudad del Vaticano, efectivamente se libraron del imperialismo británico. Muchos creen que no.

Uno de ellos es Chris Woolf, un editor de noticias para las 300 estaciones de The World de Public Radio International, que trabajó para la BBC desde Afganistán y el sur de África:

“Gran Bretaña ha invadido a más países. Suecia me viene a la mente como la omisión obvia. ¿Quién puede olvidar la expedición de Gotemburgo en 1808 cuando las fuerzas británicas fueron a acosar al rey de Suecia para que se opusiera a su enemigo Napoleón?”,  dijo.

Y señaló también que le parece realmente muy difícil que las embarcaciones inglesas que llevaron a los fundadores de lo que hoy es Belice, no hayan atacado las costas de la vecina Guatemala.

Sin embargo el asunto no ha sido tema de estudio de los propios ingleses que jamás abordan su propia historia a partir del concepto de “invasión” que es como se le percibe en el exterior, sino a partir del concepto más épico de “conquista”. Solamente Laycock lo aborda desde su perspectiva más cruel para enseguida darle su tono épico.

 “Este libro surgió de la pregunta de mi hijo Fred sobre los países que hemos invadido. Cuando empecé a compilar en mi mente una lista para él, me di cuenta de que se fue haciendo cada vez más larga (.) Ésta es una historia de cómo hemos cambiado al mundo aun cuando, y con frecuencia, éste no pidió que lo cambiaran”, escribió Laycock.

Entonces el tema gana doble actualidad y sube de temperatura cuando el autor se refiere a las Islas Malvinas y a la península de Gibraltar como “nuestros otros territorios existentes”. Pues Argentina y España reclaman su soberanía sobre ambos territorios a través del Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas.

También gana actualidad a la luz de las noticias sorprendentes que surgen de algunos países miembros de dicho comité conformado por 29 Estados que a mediados de junio de este 2012 propuso soluciones pragmáticas y entendimiento con las naciones colonizadoras de Tokelau y Nueva Caledonia.

Diminuto y famoso

Tokelau que también fue invadido por los ingleses y convertido en protectorado británico en 1889 está conformado por tres atolones de coral del Pacífico Sur que cubren una superficie de 10.36 kilómetros cuadrados habitados por mil 400 personas que viven en la pobreza, sin soberanía alimentaria, totalmente dependientes de Nueva Zelanda.

Pero  que, según el artículo de CNN The Tiny Island with a huge Web presence publicado en julio, posee uno de los dominios de internet más populares del mundo: “.tk” y su propio código de marcaje telefónico internacional, “690”. 

“El operador global para los registros .com y .net descubrió que .tk es el tercer código de dominio de país (ccTLD) más popular del mundo, después de Alemania y del Reino Unido y todo gracias a un hombre que literalmente vive al otro lado del planeta desde Tokelau: Joost Zuurbier de Amsterdam”, escribió Tommy Andrés para CNN Radio.

Bajo la premisa de que si Hotmail pudo hacer dinero ofreciendo un correo electrónico gratuito, Zuurbier también podía hacer lo mismo si convencía a los tokeluanos que, según dijo a CNN, “no sólo no sabían que tenían derecho a su propio dominio de país, sino que nadie en la isla había visto antes una página de internet” y fue necesario explicarles. Ahora hay 120 computadoras en el país.

Nueva Caledonia, un archipiélago de Oceanía a mil quinientos kilómetros al este de Australia, recibió su nombre del explorador inglés James Cook en honor de las tierras altas de Escocia. El país de 246 mil habitantes 18 mil 575.5 kilómetros cuadrados que contiene 20 o 30 por ciento de las reservas mundiales de níquel forma parte de la Colectividad sui generis de Francia, tiene su dominio de internet .nc y su prefijo telefónico 687.

Leanne Logan escribió para la colección Lonely Planet que los balleneros ingleses y estadunidenses llegaron a esas islas en 1840 a construir una explotación de petróleo, fueron seguidos por comerciantes de sándalo que daban a los habitantes hachas, clavos, ganchos para pescar, tabaco y alcohol a cambio de llenar  sus barcos de la perfumada madera.

Pero la cosa terminó mal cuando la demanda de sándalo aumentó y los comerciantes usaron tácticas más amenazadoras que provocaron la violenta reacción del clan Pouma que masacró a los ocupantes del buque estadunidense Cutter y se los comieron. Para entonces la población local se había contagiado de varicela, sífilis, viruela, lepra y disentería. A fines del siglo XIX muchos de sus guerreros Kanak fueron vendidos como esclavos a plantaciones extranjeras.

“Somos una nación con una larga y espectacular historia, entonces es claramente impráctico dar relatos detallados de cada invasión que hemos llevado a cabo”, escribió el historiador Laycock.

Lo cual, según relata, convirtió al Imperio Británico en el más exitoso de los reinos vikingos que continuó con la tradición noreuropea de usar su conocimiento y pericia en el mar, ganada de una inevitable asociación cercana con éste, dejando atrás un territorio de limitado espacio para la agricultura, un clima con frecuencia poco atractivo, y embarcarse en busca de botines, comercio y poder en países más cálidos y militarmente vulnerables.

 Pero relata que las aventuras de conquista no siempre fueron fáciles, como revela el libro en su primer subcapítulo dedicado a Afganistán. Un país ubicado entre la zona de control e influencia de Rusia al norte y las áreas del control británico al sur, en lo que se conoce como el Gran Juego, o batalla por el dominio de Asia Central, un asunto que preocupaba a los simpatizantes del régimen de la reina Victoria.

“En 1838, un ejército británico de 21 mil hombres salió del Punjab para reemplazar al emir de Afganistán, Dost Muhammad, con el anterior gobernante pro-británico, Shah Shuja (. que) desafortunadamente dependía mucho del arma y de los pagos británicos a los líderes guerreros tribales para permanecer en el poder”, escribió Laycock.

La situación se deterioró y el agente William Hay Macnaghten fue asesinado, su cuerpo arrastrado por Kabul antes de ser exhibido en el Gran Bazaar, dice el relato de una parte de la aventura que termina cuando los ingleses prenden fuego al bazar.

La invasión económica

Pero es el historiador y economista germano estadunidense Frederick William Engdahl, quien explica en A Century of War: Anglo-American Politics and the New World Order que uno de los métodos hegemónicos de Gran Bretaña sigue siendo el “libre comercio” combinado con los cañonazos de inversión para generar dependencia, imponer las reglas del juego y los costos al país o región que los acepta.

“La hambruna masiva y la emigración de los campesinos irlandeses y sus familias a fines de la década de 1840, así como la trágica Hambruna de la Papa en la Irlanda de 1945 a 1946 y sus secuelas, fueron consecuencia directa de esta política británica del ‘libre comercio’”, escribió Engdahl.

Y detalla que otra consecuencia de la combinación de políticas internas de no protección al precio del maíz con el “libre comercio” fue que los campesinos de India, cuya mano de obra se acercaba más a casi cero, fueron puestos a competir por mercados con los campesinos británicos e irlandeses.

El extenso artículo relata también cómo los genios británicos de las finanzas, del comercio, de la explotación mundial de los recursos naturales se rigen por el principio de “comprar barato para vender caro”–incluido el precio de la mano de obra– para acumular enormes cantidades de capital que dan a las grandes corporaciones la palanca para imponer sus condiciones sobre la clase política contemporánea.

 

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