El narco negocia con Dios, a escena

La autora mexicana Sabina Berman plantea en esta obra de teatro cómo el narcotráfico no es ajeno a la sociedad mexicana

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03/06/2012 00:10 Nancy Méndez Castañeda / Fotos: Cortesía Lado BE

CIUDAD DE MÉXICO, 3 de junio.- La oferta en la cartelera teatral citadina tiene amplios géneros y autores de todo el mundo, pero hay pocas historias que aborden el acontecer mexicano como ahora lo hace la dramaturga Sabina Berman en la obra El narco negocia con Dios, que se estrena este 15 de junio en el Foro Shakespeare.

Sin caer en el dramatismo y apoyado en la ironía y la comicidad, el texto retrata las contradicciones del ser humano y la doble moral mexicana a través de un tema que, inevitablemente, resulta cercano: el narcotráfico y cómo habita en nuestra sociedad.

“Un poco el tema es que los narcotraficantes se han vuelto personajes comunes y que están todos los días en las discusiones de los mexicanos, son una fuerza política y social. Esta obra habla de la disertación entre el bien y el mal: ¿hasta dónde los narcos son los malos y la sociedad es la buena, o hasta dónde puede ser al revés, y qué parte de responsabilidad tenemos todos en esta jugada? Lo interesante es que rescata la esencia de dónde estamos parados cada uno de nosotros.

“Además no defiende a nadie, es una denuncia a todas las partes, plantea preguntas y pone al público en un papel activo que es muy importante en estos momentos. Otra cosa importante es que la gente vea teatro mexicano que hable de lo pasa en nuestro país, entorno y casa, porque para eso sirve, para reflejarnos y el espectador encontrará aquí un núcleo de pertenencia en el medio artístico”, afirmó la actriz Haydée Boetto en entrevista con Función.

Los simbolismos que plantea la autora son claros. La historia parte de la relación de pareja entre el Gordo (Juan Carlos Vives), un pseudo intelectual fracasado que irónicamente es el único de los personajes que consume cocaína, y Paty (Ítari Marta), una mujer hermosa e inteligente que creía tener la vocación de monja hasta que se enamoró perdidamente de uno de sus profesores: su ahora esposo.

La Pájara (Haydée Boetto) es una enfermera conservadora que viene de Celaya a visitar a su hermano, el Gordo, y ahí se entera que quien mantiene ese lujoso hogar construido en medio del bosque es el amante de su cuñada, el Narco (Moisés Arizmendi), quien realiza periódicas visitas conyugales mientras el esposo “se hace de la vista gorda” para seguir manteniendo estos beneficios.

“Pone a la doble moral mexicana en la lupa, porque hay que pensar quién mantiene esa casa, que metafóricamente hablando del país es sumamente interesante: como la fuerza económica está ahí, eso justifica la moral. Pone ambas cosas en el mismo nivel y el personaje de Paty se convierte en el más práctico, dice la verdad y se va por lo que es más útil a su cotidianidad y creo que eso es lo que le pasa al país. Esta obra te hace preguntas y por eso Sabina quería estrenarla antes de las elecciones, porque nos cuestiona, nos pone activos”, señaló Ítari Marta.

En la trama, tras una discusión en la que la esposa es asesinada “sin querer” por un golpe del Gordo con una biblia, él y su hermana intentarán deshacerse del cuerpo y la situación se complicará con la visita del Narco.

Los dos personajes que parecieran tener una moral sólida asentada en la preparación intelectual o religiosa, caen en el delito de homicidio por el que no se sienten conmovidos, sino abrumados, pensando sólo en sí mismos y en la forma de salir del problema de una manera fácil.

“Los que entendemos por buenos, no necesariamente lo son, así como los que creemos son malos. Partiendo de la comedia, la obra resalta los defectos y rincones oscuros de estos personajes y está hecho de tal manera que la gente lo comparte con la risa, como si no quedara de otra”, expresó Juan Carlos Vives.

Además del acento sinaloense que aprendió de sus familiares, Moisés Arizmendi también tomó diversas referencias para interpretar al Narco, que se presenta como un ser simpático y dominante a la vez en esta trama. Para ello leyó la entrevista que realizó el periodista Julio Scherer al narcotraficante mexicano Ismael El Mayo Zambada García, en la revista Proceso, en 2010, y releyó el libro El amante de Janis Joplin, de Élmer Mendoza, que habla del tema y tiene modismos en la terminación de las frases.

“El texto tiene las palabras claves acerca de la inocencia pueblerina que puede haber en alguien que la ha hecho en la vida a través del negocio más rentable de esta sociedad. Necesito identificarme con mi personaje, buscarle los lados buenos para interpretarlo, y lo que veo aquí es una moral medio delincuencial versus la doble moral con el fundamentalismo católico versus la doble moral de una mujer liberada que lleva el gasto familiar como sea, poliamorosa con un filósofo pensador y un hombre de pueblo que tiene la lógica del dinero sobre todas las cosas. Las combinaciones son como para explotar una bomba y se prestará para una gran sobremesa”, detalló Arizmendi.

La obra llegó a las manos de Ana Francis Mor, la directora de escena, quien tiene una amistad con la autora desde hace algunos años.

“La leí y le pedí que me la prestara pues creo que tiene la combinación de crueldad y humor que hoy es pertinente y ahí nació este proyecto. Una de las cosas que hace Sabina es que nos pone en problema éticos y morales, es decir, los narcos son los malos pero todos nos pasamos un churro; ellos son los malos pero nosotros sí nos podemos pasar los altos en un semáforo y dar mordida.

“La doble moral es el negociazo de la vida: hemos escuchado muchas historias de los narcotraficantes que son muy devotos y le dejan limosna a la iglesia porque con eso ya los perdonaron”, destacó Ana Francis Mor.

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hch

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