Revisan la creación desde las banquetas

Sitio que durante cuatro años apoyó a artistas experimentales, ahora la Galería Trolebús tiene una memoria que reúne 22 proyectos

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28/04/2012 02:34  Sonia Ávila/ Foto: Edgar Hernández
Agencia Foto
Galería Trolebús tiene una memoria que reúne 22 proyectos.

CIUDAD DE MÉXICO, 28 de abril.-Luego de que el artista visual Israel Meza Moreno, Moris (Ciudad de México, 1978), hiciera la intervención Nido de malvivientes en 2007 para Trolebús Galería, la Fundación/Colección Jumex le comisionó una obra similar que un coleccionista privado de Nueva York compró, para después venderla al Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA)

La intervención consistió en cubrir el interior del trolebús con cartones en los que el artista escribió frases de jóvenes ladrones que entrevistó, además colocó en las ventanas portadas de periódicos de nota roja con los que buscaba una reflexión sobre el caos citadino.

Ahora, esos cartones, con pisadas de espectadores incluidas, integran la colección de arte latinoamericano del MoMA. “El Trolebús es ejemplo de que se puede hacer arte contemporáneo debajo de la banqueta, al margen de los espacios institucionales”, apuntó Ariadna Ramonetti, fundadora del espacio que por falta de recursos económicos cerró sus puertas en 2009.

Sin embargo, los 22 proyectos que se realizaron en la galería durante más de cuatro años ahora se compilan en el libro Trolebús 2005-2009, una suerte de memoria en la que diferentes académicos y curadores revisan los alcances del arte público producido y exhibido desde trincheras alejadas de los canales más oficiales.

“Me interesaba mucho jugar con la idea de que era un espacio público y con ello un espacio de transición en el que sólo estás un momento y te bajas de inmediato, por eso era importante que planeáramos proyectos más dinámicos que se comprendieran en pocos minutos y así siempre se pensó en que fuera un espacio de experimentación, las exposiciones duraban apenas dos meses”, recordó Ramonetti en entrevista.

El proyecto nació cuando Ramonetti descubrió en abandono en la colonia Roma uno de los trolebuses del gobierno japonés, el cual consiguió que se lo donaran para usar como soporte de prácticas artistas no tradicionales, que igual abarcaran arte sonoro, arte objeto, instalación y video.

Con la premisa de crear proyectos que problematizaran el espacio público, el trolebús se convirtió en un sitio de crítica estética de los artistas y curadores participantes, como también de los colonos cercanos, quienes mostraron desde sorpresa hasta molestia.

“De los puntos interesantes que generó el espacio fue la reacción del público: en la colonia Roma tuvimos un público más participativo, más propositivo, sobre todo los estudiantes de las escuelas cercanas, que cuestionaban mucho; pero fue muy diferente con la gente de la colonia Condesa, donde se quejaban de la presencia del trolebús”, recordó.

Obras como las de Mauricio Limón, Fabián Ugalde, Emilio Chapela, Iván Edeza, Arcángel Constantini y Fernando Montiel Klint pusieron en la mesa de revisión el propio contexto de las colonias.

“La mayoría de las propuestas eran de recrear o investigar el contexto urbano que rodeaba el trolebús, otras optaron por indagar el uso del trolebús como producto estético, pero sí estuvo muy presente el tratamiento del espacio urbano y la manera de entender a la ciudad”, agregó la curadora, quien destacó los ensayos de Karen Cordero, Ana Elena Mallet, Santiago Espinosa de los Monteros y Antonio Calera en la publicación.

De las obras más representativas recordó la intervención de Limón, A big fellow too, en la que el artista mexicano irrumpió en el trolebús con algodón de azúcar, en una referencia al dulce mexicano típico de las plazas públicas de la ciudad.

Ramonetti consideró que si bien en el proyecto participaron artistas ahora ya reconocidos, la galería funcionó como una suerte de catapulta para algunos que iniciaban su carrera: “Creo que aquí se conjugó a una generación que le costaba trabajo exponer en espacios institucionales, incluso para algunos era apenas su segunda individual y ahora ya ocupan los muros de las galerías, como Moris”.

Aunque el espacio terminó su ciclo por complicaciones económicas, la curadora concluyó que proyectos públicos como éste logran mayor resonancia en el espectador.

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