“Lloraba y lloraba, y no me salía una palabra”

Midori Suzuki recuerda cómo vivió desde México la destrucción de su pueblo natal y describe su angustia por conocer el paradero de su familia

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10/03/2012 02:35 Giovanna Alfieri / especial

CIUDAD DE MÉXICO, 10 de marzo.- “Sentí que todos estaban muertos: mi mamá, mi hermana, mi hermano y toda mi familia. Me traté de comunicar por teléfono diario durante diez días. Así pasó más de una semana sin que supiera de mi familia,’’, dijo Midori Suzuki, quien se encontraba en México mientras el terremoto de 9 grados en la escala de Richter destrozaba el noreste de  Japón.

La historia de Suzuki, famosa pintora originaria de uno de los pueblos más afectados por el terremoto del 11 de marzo, es una de las tantas que se vivieron en la peor catástrofe terrestre registrada en la historia nipona.

El terremoto, que originó un tsunami, varias replicas y el accidente nuclear más agresivo en 25 años,  dejó más de 15 mil muertos y tres mil 305 desaparecidos, según Naciones Unidas.

El 11 de marzo la señora Suzuki se encontraba en su casa en México cuando recibió una llamada telefónica de una alumna para avisarle lo que había pasado y preguntar si su familia estaba bien.

“No creí que fuera nada grave, siempre tiembla, pero cuando prendí la pantalla vi cómo se caía toda mi ciudad, sentí entonces que mi ciudad había desaparecido”, dijo Suzuki en entrevista para Excélsior.

Al día siguiente la pintora tuvo que asistir a una exposición de arte, a pesar de que lo que ella quería era buscar a su familia.

En el evento, que no pudo ser cancelado, todos hablan de la gravedad del  accidente, y le expresaban sus condolencias a Suzuki.

‘‘No podía hablar, todo en mi cabeza eran imágenes de incendios, lloraba y lloraba y no me salía una palabra’’ resaltó.

Cuando comenzó el temblor la familia de Midori se encontraba en Kesennuma, población localizada en Miyagi, donde se generó el epicentro del desastre que dejó la ciudad flotando entre basura, restos de casas, cadáveres y heridos.

Los cuerpos eran difíciles de identificar pues no sólo había que buscarlos en la ciudad donde habían desaparecido, sino en todos los pueblos vecinos. Además,  muchos aparecían mutilados.

“El mar movió muertos de un pueblo a otro, dando vueltas y vueltas, aparecían sin cabeza”, afirmó Suzuki.

Después de una semana y tres días del accidente, tiempo en que Midori comenzó a perder la esperanza, ocurrió un hecho crucial.

“Vi un noticiero en internet, había una señora que tocaba de casa en casa para ver que todo estuviera bien. Entonces ¡Ay, no, no!, conocí la casa, era mi casa’’.

En ese momento de nervios, salió su hermana afirmando que todos estaban bien, había perdido todo, pero nadie había muerto. Segundos después la imagen de su madre apareció en pantalla. 

“‘¡Vive!, ¡Vive!’ grité emocionada, pero luego creí que no era cierto. No era suficiente haberlo visto en la pantalla’’, confesó Midori.

Para comprobar que su deseo de ver a su familia no la estaba engañando, llamó a su hija, la cual reafirmó lo que la pintora había visto. Días después una llamada telefónica hizo todo más real.

‘‘Fue un milagro, fui la única que tuvo suerte’’.

No dejó de moverse

Mientras intentaba encontrar a su familia, Suzuki sintió que no podía quedarse cruzada de brazos, y decidió hacer algo por su pueblo, y por otros más.

“Los jóvenes tenían palabras muy bonitas de amor para Japón, decidí que las tenía que hacer llegar”, dijo Midori.

Para que los mensajes de apoyo y cariño cruzaran los continentes, la pintora dibujo 12 mantas en las que todo el que quisiera escribía.

Los carteles,  de un metro y medio de largo y otro de ancho, circularon por todos los eventos a favor de los damnificados, y demás lugares que visitaba Suzuki.

‘‘Al principio sólo eran dos mantas, pero la demanda creció tanto que terminaron siendo diez más’’.

Para que la gente las entendiera en la tierra nipona, la pintora tuvo que traducir las 12 mantas, que contenían mensajes de párrafos enteros.

“Todas las noches durante más de dos semanas nos poníamos a traducir todos los mensajes, mi hija y yo”.

Las mantas, que circularon por varias escuelas, ayuntamientos y plazas públicas de los poblados de Miyagi, terminaron en el museo San Juan Bautista,  en Ishinomaki, donde se encuentran actualmente.

“Sentía mucha tristeza y sentía que tenía que sacarla, pero por más que pintaba todavía quedaba algo”, resaltó.

Además de las mantas, Midori repartió cajas para donativos entre su grupo, en la Asociación México Japonesa. Ellos las circulaban por sus casas, escuelas y trabajos, llegando a reunir la cantidad final de 120 mil pesos, que fueron repartidos entre tres poblados de Miyagi.

Suzuki perdió en total cinco tíos y tías. Otros dos tíos sobrevivieron, pero perdieron todas sus cosas, al igual que una prima y su propia hermana, quien perdió además automóviles.

‘‘Cada vez que ella escucha el sonido del agua se le sigue poniendo la piel de gallina’’, dijo Midori respecto a su hermana.

La pintora tuvo la oportunidad de ver con sus propios ojos los desastres de la naturaleza.

‘‘Todo estaba oscuro. Las calles destrozadas, al igual que las casas, y la gente tenía que vivir llena de basura y aguantar el frío que hacía, nevaba’’.

En verano las moscas invadieron por el calor, y por todo el pescado que se había salido de las fábricas alimentarias.

La situación no era fácil, la comida escaseaba, al igual que la ropa, las cobijas y el agua.

‘‘Pasaban hasta tres semanas para que alguien se pudiera bañar’’, dijo Suzuki.

Ahora, a un año del desastre, la situación económica también se ha visto muy afectada. “Mi hermana no tiene seguro contra tsunamis, por lo que nadie le va a reponer todo lo que perdió”.

A pesar de que el gobierno hizo viviendas provisionales, la renta gratis es sólo por dos años. La gente perdió su trabajo, sus posesiones y su dinero, por lo que para que la situación mejore se necesita más apoyo del gobierno, o esperar. 

El temor de los niños 

 La ONG Save the Children divulgó ayer un estudio que revela que un año después del terremoto y del posterior tsunami en Japón, los niños tienen miedo a jugar en la calle y sufren los efectos sicológicos de cambiarse de casa o de escuela, de acuerdo con el diario español La   Vanguardia.

“Para los niños y niñas afectados por la crisis nuclear de Fukushima, el impacto del desastre ha sido triple: el terremoto, el tsunami y la crisis nuclear. Un año después la mayoría de los niños y niñas entrevistados han afirmado tener miedo a jugar en la calle y a los peligros invisibles de la radiación”, informó la organización.

Los niños entrevistados no conocen qué es la radiación ni cuáles son sus efectos. Los más pequeños saben que es mala para su salud y que es algo que no se puede ver, oler ni tocar.

Según la ONG, más de 300 mil personas permanecen en hogares temporales y muchos padres y madres aún no han logrado encontrar un trabajo fijo tras el tsunami.

El presidente estadunidense, Barack Obama, expresó ayer su admiración por la resiliencia de Japón un año después del devastador terremoto y aseguró que la alianza entre los dos países seguirá siendo “inquebrantable”.

La reconstrucción está en marcha  

En los 12 meses que han pasado desde que el terremoto azotó Japón, y la planta nuclear de Fukushima explotó, esparciendo radiaciones a lo largo del perímetro, los avances han sido notables.

“El servicio de electricidad se ha logrado restaurar en 96%, el de gas en 86%, y el de agua en 98%. El porcentaje no cubierto es de viviendas destruidas o de aquéllas en las que los propietarios no han sido localizados”, dijo a Excélsior Claude Heller, embajador de México en Japón.

Otra medida en pro de la reconstrucción de Japón ha sido la creación del Fondo de Responsabilidad Civil por Daños Nucleares, a la que el gobierno japonés destinará 1.5 millones de millones de yenes.

“La empresa operadora de la central nuclear de Fukushima deberá reponer los recursos que utilice este fondo para indemnizar a los afectados en el accidente’’, puntualizó Heller.

 Por su parte el Embajador de Japón en México, Shuichiro Megata , dijo a Excélsior que harán sus mejores esfuerzos para indemnizar de modo justo.

El gobierno japonés aún mantiene una zona de exclusión en un diámetro de 20 kilómetros alrededor de la central nuclear. “En esta zona no se ha podido avanzar en las tareas de limpieza y reconstrucción”, dijo Heller.

A pesar de los esfuerzos del gobierno aún hay muchas personas inconformes, la mayoría de ellas las que quedaron sin hogar y las que fueron evacuadas.

Las cifras de evacuados ascienden a 343 mil personas, de ese total casi 600 permanecen en centros de evacuación, y cerca de 325 mil se encuentran en viviendas temporales.

Para que estás personas pueden regresar a su hogar o construir uno nuevo, en caso de que el suyo haya quedado destruido, “es necesario empezar por encontrar lugares para desechar los escombros, y la limpieza de las zonas por la contaminación radiactiva’’, dijo Heller.

Agregó que el tema nuclear es de gran sensibilidad en Japón, tanto por razones históricas de 1945, siendo el único país que sufrió los efectos de la bomba atómica, como por la reciente crisis de Fukushima.

La situación sobre las 54 plantas del país se complica al recordar que eran ellas las que, antes del accidente, proveían 30 por ciento de la energía del consumo total de Japón.

Los temas nucleares no son el único obstáculo para Japón, pues su economía aún no se restablece. El año pasado la balanza comercial registró su primer déficit en los últimos 31 años.

‘‘Se están haciendo todos los esfuerzos posibles para que la economía de Japón renazca a fin de lograr que el país salga de su prolongado estancamiento’’, afirmó Megata.

Para el territorio nipón ‘‘aún hay retos que superar como la reconstrucción total y prevención de desastres”, agregó. 

 

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