Da inicio cumbre ambiental en Sudáfrica con objetivos definidos

El foro busca zanjar las diferencias entre las naciones para crear el relevo del Protocolo de Kyoto, que expira en 2012

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29/11/2011 06:02 Ciro di Costanzo / enviado, con información de Andrea Arzabal
Da inicio cumbre ambiental en Sudáfrica con objetivos definidos

DURBAN, SUDÁFRICA, 29 de noviembre.– “Todo es imposible, hasta que se hace” sonó en la sala principal del Centro de Convenciones de Durban.

Era Cristiana Figueres, secretaria general de la Convención de Naciones Unidas para el Cambio Climático, citando a Nelson Mandela, al inaugurar la décimo séptima edición de la reunión internacional más grande del planeta tierra: La COP17 (Conferencia de las Partes).

La cita llevaba jiribilla. Se trataba de inspirar a los anfitriones de la cumbre, con un ícono de su mismo país.

Mandela ha sido un político caracterizado por eso: Por lograr imposibles. La cancelación del Apartheid en un país con sociedades tan divididas fue, en efecto, la consolidación de un imposible largamente acariciado, tras 30 años de cárcel.

Ahora, los dos mil delegados que asisten a esta COP17, tienen ante sí una de esas tareas de faena titánica. Lograr acuerdos significativos en torno a la lucha coordinada contra los efectos del cambio climático.

Y es que los representantes de casi 200 países que conforman el sistema de Naciones Unidas llegan a esta cita no solamente sin acuerdos, sino con escasos o nulos signos de que el consenso aparezca.

Y el tiempo apremia, ya que el Protocolo de Kyoto, único instrumento que existe que obliga a países desarrollados a reducir emisiones contaminantes, está a punto de expirar en 2012 y todavía no existe acuerdo alguno del documento que lo vaya a sustituir.

Canadá, Japón y Rusia no están dispuestos a seguir un segundo periodo de compromiso de Kyoto si Estados Unidos, principal contaminador del planeta tierra,  se mantiene al margen del Protocolo.

Estados Unidos no cederá. Jonathan Pershing, negociador norteamericano en este momento, afirmó que su país no transitará ninguna negociación que no implique un esfuerzo igual que sus contrapartes.

Eso difícilmente se podrá dar. El promedio de emisión de contaminantes per cápita del mundo es de 4.50 toneladas. EU tiene 18 toneladas por persona.

Laurence Graff, representante de la Unión Europea, ha reiterado hasta la saciedad que, si perdemos Kyoto, nos tardaremos mucho tiempo en llegar hasta donde estamos parados ahora mismo.

México está optimista

Sin embargo, ¿no se hablaba del milagro mexicano en la COP 16 en Cancún?

La canciller mexicana, Patricia Espinosa, quien hace un año protagonizaba en Cancún uno de los mayores éxitos en la diplomacia climática, se muestra optimista con Excélsior, tras haber entregado la Presidencia a Sudáfrica, en el Salón de Plenos.

“Cancún logró recuperar la confianza de la comunidad internacional en el proceso multilateral, fijando una hoja de ruta” argumenta la canciller.

Ciertamente en Cancún se fijó un piso para Durban, esto es, se logró lo que parecía imposible.

Se pudo acordar entre las partes extender el Protocolo de Kyoto, sin embargo, como la negra, no se dijo bajo qué condiciones.

También se adoptó el llamado Fondo Verde. No obstante, el reto ahora es hacerlo operativo con relativa rapidez en su disponibilidad. Y claro, lograr alcanzar, como sueño de una noche de verano, un acuerdo general jurídicamente vinculante de reducción de gases efecto invernadero para todos.

¿Se podrá hacer en esta ocasión, bajo el liderazgo de los anfitriones sudafricanos?

El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, pedía a las partes en la ceremonia de inauguración su cooperación. “Lo que hagamos hoy, definirá el mañana” parecía casi gritarlo en el salón plenario.

Y es que cambio climático significa más inundaciones, más huracanes, menos agua y sobre todo, menos alimento.

Para Sudáfrica significa una oportunidad para buscar el equilibrio entre los esfuerzos que implica hacer frente al cambio climático y los imperativos del desarrollo. Y eso no es un asunto menor.

La constante fricción entre los países desarrollados y las economías emergentes  plantean serios retos, como el crecimiento desmedido de China e India, las necesidades energéticas de la población, los altos costos de la tecnología limpia o los escenarios tan complejos de la adaptación a los fenómenos climáticos.

Complejo, pero ¿imposible? Quizá Cristiana acertaba cuando citaba a Mandela, emblema de Sudáfrica en el mundo. Siempre es imposible, hasta que se hace.

¿Qué se puede esperar?

La COP17, que comenzó ayer, concluirá el próximo 9 de diciembre.

A ella acuden negociadores, gobernantes, científicos, ministros, organizaciones no gubernamentales y empresarios de 195 países para promover los esfuerzos hacia un acuerdo mundial para reducir las emisiones de carbono.

El Protocolo de Kyoto, actualmente el único acuerdo climático internacional vinculante, expira a finales del próximo año.

Las negociaciones en las últimas reuniones, incluyendo la COP16 en Cancún, no han podido renovarlo o reemplazarlo

Los países en vías de desarrollo exigen la renovación del tratado de Kyoto, argumentando que son los países desarrollados quienes deben realizar un mayor esfuerzo en reducir sus emisiones de gas invernadero.

También se exige la implementación del Fondo Verde, en el que los países desarrollados deben aportar millones cada año.

De esta manera los países en vías de desarrollo podrán adquirir tecnología basada en un sistema más ecológico, al igual que la posibilidad de usar este dinero para una efectiva adaptación al Cambio Climático.

Aún no se tiene claro la manera en la que se va a gastar este dinero, ni quién será el encargado de administrarlo.

 

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