La receta contra la violencia que sirve en Brasil y en Juárez

La interacción con la sociedad, mediante grupos especializados o centros comunitarios, ha logrado reducir la violencia en las zonas conflictivas

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18/09/2011 03:06 Carlos Coria / corresponsal

CIUDAD JUÁREZ, CHIHUAHUA. 18 de septiembre.— La instalación de un centro comunitario en la colonia Felipe Ángeles, una de las más viejas, pobres y conflictivas de Ciudad Juárez, reveló que no es definitivamente con policías como se acabará con la violencia en esta frontera considerada la más peligrosa del mundo, ya que tan sólo en este caso los homicidios bajaron de 180 que se dieron en 2008, a solamente 12 en lo que va de este año.

Ésta es tan sólo una de las estadísticas que hacen ufanarse a Maurilio Fuentes, director general de Centros Comunitarios en Ciudad Juárez, ya que sabe por experiencia que este camino tomado por los tres niveles de gobierno en su ciudad es el adecuado para combatir con mayor eficacia la violencia desatada en esta frontera desde 2008, que ha cobrado más de 7 mil muertos.

Sabe que el control de la urbe desplegada en toda la frontera por grupos ligados al narcotráfico se dio por la pobreza y abandono en que se tuvo a los habitantes de Ciudad Juárez desde hace casi 40 años, situación que aprovecharon los delincuentes para atraer a sus filas a los jóvenes y adultos, hombres y mujeres, quienes no tenían otra opción frente a lo que les ofrecían los criminales.

“Ha sido difícil, ya que, por ejemplo, en el Centro Comunitario El Refugio, instalado en la colonia Felipe Ángeles, han venido a cobrar la cuota, e incluso hubo una ejecución frente a decenas de niños y madres de familia que acudían a cursos o a hacer deporte”, recuerda, mientras reúne a parte de sus colaboradores para detallar su labor social en Ciudad Juárez.

El hecho es plausible a simple vista, ya que de ser una de las metrópolis con mayor número de elementos de la Policía Federal, del Ejército y con un despliegue constante de policías municipales, el centro comunitario El Refugio no tiene una vigilancia permanente de agentes, y a pesar de ello las madres de familia llevan a sus hijos y los dejan solos confiadamente, mientras ellas mismas acuden a una o a varias de las actividades que ahí se ofrecen.

Restaurar el tejido social

El centro El Refugio lleva en su nombre su gloria, ya que ha servido precisamente como un sitio donde miles de familias se han refugiado para combatir de este modo la delincuencia y la violencia desatada en su colonia desde hace cuatro años.

Felipe Ángeles está ubicada al norponiente de Ciudad Juárez y colinda con la franja fronteriza de El Paso, Texas, por lo que es común ver a diario las camionetas, helicópteros y cientos de agentes de la patrulla fronteriza. Es una de las más grandes y antiguas de Ciudad Juárez y desafortunadamente ha sido escenario de hechos de violencia, como ejecuciones, venta de droga al menudeo y otro tipo de delitos del fuero local.

“Aquí era más fácil vender droga, artículos robados o dedicarse a lo ilícito que a algo decente, porque las autoridades no les ofrecían nada” a los jóvenes, dice Maurilio Flores, quien reconoce que todavía falta mucho por hacer.

Tan sólo un dato: para la operación de estos centros comunitarios el municipio recibía poco más de 200 mil pesos para sus actividades, y hoy son más de 230 millones de pesos.

El proyecto de estos centros surgió en 2004, por iniciativa del entonces alcalde Héctor Murguía Lardizábal, quien les dio el rango de dirección a su estructura para que fueran capaces de atraer apoyos y recursos por sí solos, igual que cualquier dependencia del ayuntamiento.

La idea se frenó al cambiar la administración y durante tres años no recibieron apoyos como antes, por lo que muchos de estos centros se deterioraron, se convirtieron en refugio de adictos y criminales y las familias se retiraron.

Sin embargo, desde el año pasado, dentro del programa Todos Somos Juárez, que busca restaurar el tejido social en esta frontera agobiada por el delito y la violencia, el gobierno federal brindó un apoyo extraordinario a este programa de Centros de Desarrollo Comunitario para construir instalaciones dignas, casi equiparables con algunas europeas, y ofrecer despensas, desayunos escolares, talleres y cursos para miles de familias.

En enero de 2011, la titular de la Unidad de Programas de Atención de la Pobreza Urbana de la Secretaría de Desarrollo Social, María Eugenia González Alcocer, dio marcha a este proyecto en el Centro El Refugio.

Miles de desayunos y despensas son entregados desde entonces a niños y familias pobres, dentro del programa Sustenta, con colaboración de fundaciones altruistas, como la Pedro Zaragoza Vizcarra.

Este apoyo del gobierno federal ha llevado a que haya en Ciudad Juárez 35 de estos centros comunitarios que trabajan bajo el mismo perfil.

El director general de los Centros Comunitarios del Municipio de Juárez, Maurilio Fuentes, confió en que al concluir este año tendrán 40 centros, y su esperanza es que al final de la presente administración, esto es, en 2013, lleguen a 60; “con esto te aseguro que los delincuentes tendrán que irse a otro lado”, comenta medio en broma, medio en serio, pero más con el deseo que sus expectativas se vuelvan realidad.

En El Refugio, explica, se atienden a 5 mil personas al mes, con clases y cursos de cocina, costura, estética, siembra de hortalizas, cómputo, aerobics, Taekwondo, pero también se organizan campeonatos de futbol rápido y los niños tienen un área de juegos infantiles.

Sin embargo, hay aún cosas, “problemitas” que no se han resuelto y que requieren de una mayor decisión de las autoridades para que El Refugio cumpla literalmente con su nombre.

Por ejemplo, El Güero, como se le conoce a Arturo Loya, coordinador de este centro comunitario, señala algunos puntos críticos y problemáticos en El Refugio: dos expendios de cerveza que se encuentran enfrente de sus instalaciones, calles que no han sido pavimentadas alrededor, una decena de viviendas que evidencian la extrema pobreza en que viven las familias de esta colonia y más juegos infantiles, porque sus expectativas ya fueron rebasadas por el éxito que no esperaban.

“Al principio batallamos mucho, porque siempre había cholos fumando mariguana y drogándose alrededor de los niños o mujeres que hacían ejercicio o que acudían a un curso”, dice, mientras recuerda algunos de los casos más críticos de este proyecto.

Vienen a pedir cuota

El Güero, un hombre alto, fornido, pelirrojo, rememora sus momentos más difíciles, puntualizando primero que lleva cerca de 20 años en este proyecto: “Una vez tuve que correr a un chavo que traía un cuerno de chivo (fusil de asalto AK-47) para matar a otro, que a lo mejor la debía, pero no era el caso que lo matara aquí”.

Añade que lo hizo impulsado por su deseo de cuidar a las gentes de la colonia y no midió el peligro ni tuvo miedo, a pesar de que el hombre, un adolescente, portaba un fusil de asalto. “Se veía drogado, traía su onda, pero le dije que se fuera y que aquí no debía ajustar sus cuentas”, añade y se ríe.

Luego, sin dejar pausa de por medio, cuenta cuando dos hombres, con arma de fuego en mano, buscaron al encargado. “Dónde está el encargado. Para qué lo quieres?, le pregunté, y no me supieron decir, ya que no sabían ni lo que querían... Queremos que nos pague la cuota, dijeron, pero entonces les dije miren, ni saben lo que hacemos aquí, es más, le dije a uno de ellos, hasta tu mamá viene aquí a tomar clases. Entonces los sujetos se fueron argumentando que a ellos los mandaban y ya no regresaron”.

El más grave de los casos fue cuando frente a decenas de niños y madres de familia, hombres armados ejecutaron a otro por el dinero que les debía. Un niño recibió una herida en una nalga, pero no pasó nada más grave.

Este año todo ha sido más tranquilo, ya no necesitan policías.

El director general de los Centros Comunitarios del ayuntamiento, Maurilio Fuentes, revela una estadística que le da la razón a su proyecto: en la colonia Felipe Ángeles, en 2008, ocurrieron 180 ejecuciones (homicidios con arma de fuego); en 2009, 113; en 2010, 80, y en lo que va de 2011 solamente van 12. “¿Qué otra cosa le puedo decir para que vean que éste es el camino para acabar con la violencia en Ciudad Juárez?”

Integración familiar, opción   a las estrategias policiacas

En este centro Comunitario Felipe Ángeles, considerado uno de los mejores y más grande de México, hay varios orgullos, pero uno de ellos es que hasta El Diablo se reformó.

Se trata de Alan, un niño de 10 años de edad, quien por ser hiperactivo, travieso, vago e ingobernable, se ganó en la colonia el apodo de El Diablo.

Si una vagancia o daño a viviendas y vehículos sucedían en la colonia, todos sabían que era obra de El Diablo.

—Por qué te dicen El Diablo? —se le preguntó a Alan, quien tímido, pero con una pícara sonrisa contestó:

—No sé, yo no hice esas cosas que dicen.

Alan cursa el cuarto año de primaria, y ahora se ha convertido en un incansable deportista que quiere llegar a ser un astro del futbol soccer con su equipo Cruz Azul. Tiene tres hermanos, dos menores y otro de 20 años, y vive junto a El Refugio, en una casa de una sola habitación que muestra una extrema pobreza, como las miles que hay en la colonia Felipe Ángeles.

Ahora, en esta frontera, se dice con orgullo y medio en broma que este proyecto de los centros comunitarios han logrado que hasta El Diablo sea una buena persona, pero saben que están hablando de Alan.

Medallas olímpicas

Otro de los orgullos de este centro comunitario es que dentro de sus carencias han destacado a nivel mundial con medallistas olímpicos.

Un caso aparte es el del profesor de taekwondo, Benito Contreras, quien desde hace 20 años se ha dedicado a entrenar a sus vecinos de la Felipe Ángeles, porque él también nació en esta zona de Ciudad Juárez.

Siendo un deporte caro, y por tanto elitista, en esta colonia ya tienen el privilegio de tener medallistas olímpicos, como la niña Tania Melina. Todos ellos entrenan en un gimnasio humilde, pero que tiene las condiciones necesarias para crear deportistas de alto rendimiento y representar a México en torneos internacionales.

El maestro Benito ha hecho de su categoría como primer Dan cinta negra en taekwondo, una motivación para sus vecinos.

“Es un deporte caro, pero a muchos niños no les cobro y a otros solamente les pido 25 pesos. Pero mi satisfacción es que ya hay una medallista de oro en olimpiadas nacionales... y dentro de uno o dos años tendremos más, te lo aseguro”, dice mientras, ayudado de sus hijos y su esposa, vigila el entrenamiento de los cientos de niños, niñas y adolescentes que lo buscan para ser entrenados por él.

“No nos pierdas de vista, verás que al rato vas a venir a entrevistar a medallistas olímpicos, a ganadores de medallas de oro mundialistas”, dice, mientras se reúne con sus alumnos para tomarse una foto “para la prensa”.

Sin policías ganaremos la batalla

Con el ejemplo de los 35 centros comunitarios que se han instalado en Ciudad Juárez, y la proyección de tener “el más grande de Latinoamérica” en la colonia Francisco I. Madero, el alcalde de Ciudad Juárez, Héctor El Teto Murguía, asegura que será sólo mediante este proceso que esta frontera renacerá como ejemplo nacional.

“Nosotros estamos plenamente convencidos de que la solución esa de recurrir sólo a policías es completamente desviada. La única opción que tenemos es que hay que dar igualdad de oportunidades a la gente”, comenta, mientras explica que su proyecto de los centros comunitarios inició en su primera gestión como alcalde de Ciudad Juárez, en 2004, y que crecerá en este segundo periodo que concluye en 2013.

Y recuerda: “Los centros comunitarios los empecé en 2004. Iniciaron con pocos recursos, no como los de Europa, pero sirven para que tengamos talleres y oficios, computación, becas, deportes, programas de superación, que sean integradores de familias”.

Explica que estos centros se están convirtiendo en pivotes para que la gente recupere la confianza en la familia y vean que hay muchas cosas que los pueden superar y llevar ingresos económicos: “Les estamos dando dignidad a colonias muy precarias, dignidad propia, en el alma, en el cuerpo y una superación personal”, dice, al mirar que esto está dando más resultados que las estrategias policiacas.

Brasil combate con futbol el crimen en todas las favelas

Para Brasil, combatir el crimen organizado y reducir los índices de violencia simultáneamente ha sido posible gracias a la creación de un nuevo comando militar que, por medio de actividades como jugar futbol con la gente y clases de artes marciales, mantienen alejadas a las comunidades del dominio de los cárteles.

“Anteriormente las personas temían y desconfiaban de la policía. Ahora la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) juega futbol, da clases de yoga, de judo y otro tipo de actividades de desarrollo social con la comunidad de las zonas donde se instalan”, dijo en entrevista con Excélsior Rubem César, director de la ONG Viva Río, organización que trabaja cercanamente con la policía dando talleres a unidades y a la comunidad para que exista una interacción armoniosa y sin abusos de poder.

La estrategia aplicada por el gobierno de Río de Janeiro desde 2008 ha sido implementada en 18 favelas y es una respuesta del gobierno para recuperar territorios que, debido un vacío institucional, han sido controlados por cárteles o milicias privadas, por lo que los narcotraficantes controlaban servicios públicos como el transporte, arreglaban bodas e imputaban castigos a sus habitantes.

Desde su creación en 2008 la violencia ha disminuido drásticamente y el valor de las propiedades ha aumentado, por lo que la UPP es considerada un éxito en la lucha contra el crimen organizado en esa región. En la actualidad, alrededor de 200 mil personas han sido beneficiadas con este programa.

“Este comando abolió la violencia ciento por ciento. Dentro de la UPP existen muy pocos enfrentamientos porque no hay necesidad de violencia”, explicó Leandro Martins, representante de la Unidad de la Policía Pacificadora de esa comunidad.

La UPP es parte de la policía estatal, al igual que Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE), que es un comando que opera desde 1978 y que actualmente actúa en conjunto con la UPP cuando las favelas sufren de mucha violencia.

BOPE son tropas de élite que se caracterizan por incursionar en las favelas y enfrontarse a narcotraficantes con armas potentes. Cuentan con entrenamiento especial y sus integrantes están preparados para responder ante cualquier agresión.

La estrategia está encabezada al principio por BOPE, quienes se encargan de dominar la situación en las comunidades, y después de dos o tres meses de dominio sobre el territorio viene UPP, que se ocupa de apaciguar y de mejorar la confianza entre la policía y la sociedad civil. La Policía Pacificadora se instala de manera permanente y sólo en caso de que haya problemas vuelve BOPE.

“La UPP es una estrategia de control territorial y de aproximación entre la policía y la población, el tráfico de drogas continúa, pero sin violencia. La estrategia de UPP es priorizar el control del territorio y el control de la violencia armada”, explicó el director de Viva Río.

Según una encuesta realizada en 2010 por el Instituto Brasileño de Investigación Social, 93% de los habitantes de las comunidades pacificadas está de acuerdo con la estrategia UPP.

Kasia Malinowska-Sempruch, directora del programa internacional de Política de Drogas de la fundación Open Society Institute, dijo a Excélsior que “en la situación tan violenta como la de México, la prioridad debería de ser la reducción de violencia, porque obviamente lo que México está haciendo no ha sido exitoso, las drogas están llegando a Estados Unidos y la gente está muriendo”, puntualizó.

“El gobierno mexicano debe pensar si quiere en verdad pagar un alto precio, cuando todas esas muertes en México en realidad son por un problema del consumo de drogas en Estados Unidos”, aseveró.

Se estima que para 2014, cuando Brasil sea sede de la Copa del Mundo de la FIFA, la UPP cubrirá 165 comunidades y contará con 12 mil 500 unidades.

A partir de mañana y hasta el 21 de septiembre se llevará a cabo en Río de Janeiro el Encuentro Estratégico: Seguridad Pública y Política de Drogas”, que reunirá a 30 agentes de todo el mundo.

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