¿Cómo parar la violencia?

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Leo Zuckermann 11/04/2011 05:00
¿Cómo parar la violencia?

La violencia sigue en aumento. Tan sólo la semana pasada, de acuerdo al conteo que realiza el periódico Reforma, ocurrieron 221 ejecuciones en el país. Hace poco entrevisté a Eduardo Guerrero, experto en el tema de inseguridad, quien me mostró unas gráficas impresionantes sobre cómo se ha extendido la epidemia violenta. En 2007, había 53 municipios donde, en el año, hubo 12 o más homicidios vinculados con el crimen organizado. En el 2010, esta cifra subió a 200 municipios. El flagelo ha llegado a poblaciones que antes eran relativamente tranquilas.

La propuesta de Sicilia

Pero estas son cifras frías. Por desgracia, no mueven conciencias. En México, y en todo el mundo, la sociedad se indigna con casos concretos. El asesinato, por ejemplo, del hijo de un personaje prominente, como el del empresario Alejandro Martí, o más recientemente de uno del escritor Javier Sicilia. En su inmenso dolor, ambos padres decidieron, con mucho valor, dedicar su tiempo y esfuerzo para tratar de resolver el problema de la inseguridad en México.

En el caso de Sicilia, primero propuso “pactar” con las mafias. Luego aclaró su postura: “¿Por qué no tendríamos que llegar a los viejos pactos? Ellos, los narcos, están allí desde siempre, pero ahora nosotros empezamos a pagar todos los platos rotos, y ellos, los norteamericanos, no han hecho absolutamente nada para detener el flujo de armas y reducir el consumo de drogas. […] Hay otras formas de pactar, ¿vamos a seguir en la guerra? Está bien, pero vamos a tener pactos de guerra en el sentido de poner los límites de la guerra, vamos a proteger a la población. ¿Vamos a seguir matando muchachitos? ¿Vamos a seguir corrompiendo muchachos? No puede existir una guerra sin reglas […] Nosotros les cerramos los corredores a los narcos y como se los cerramos, están inundando de droga a nuestra juventud. Allá los norteamericanos que resuelvan su problema de consumo”.

Sicilia después convocó a una marcha que se llevó a cabo en diversas plazas de la República la semana pasada. Solicitó dejar de llamar “daños colaterales” a las víctimas de la violencia: “son personas de carne y hueso, con sueños, no estadísticas”. Emplazó al gobernador de Morelos, donde ocurrió el asesinato de su hijo, a presentar antes del 13 de abril a los responsables del homicidio o, de lo contrario, exigirá la renuncia de Marco Antonio Adame. Finalmente se plantó en el zócalo de Cuernavaca donde prometió “debatir la manera para detener esta absurda guerra en la que la inmensa mayoría de los muertos los ha puesto la sociedad civil y para idear las acciones que construyan la paz con justicia en nuestra nación. Queremos que sea la opinión y la reflexión colectiva de toda la sociedad civil mexicana la que diga cuál será el próximo paso en esta lucha”.

El diagnóstico de Guerrero

Sigo creyendo que la solución de fondo al problema del narcotráfico y la violencia es legalizar y regular las drogas, tal como se hace con el alcohol y el tabaco. Hay que tratar el tema como un problema de salud pública, no de seguridad pública. La legalización les quitaría a los criminales organizados su principal fuente de ingresos que hoy les permite comprar las mejores armas y sobornar a políticos, policías y soldados. Pero, mientras esta solución gana adeptos en la sociedad, ¿qué hacer?

Hay que empezar entendiendo de dónde viene la actual ola de violencia que azota al país. Eduardo Guerrero ha tratado de comprender el fenómeno con evidencia empírica. Su argumento es sencillo: en la medida en que el gobierno ha detenido o abatido a capos, los cárteles se han fragmentado y han aparecido más organizaciones criminales; esto, a su vez, ha causado una mayor violencia en más municipios.

En 2006 había seis cárteles. Para 2010, ya había 12, más chicos y con menor acceso al trasiego de drogas a EU. Esto los obligó a traficar aquí en México, además de secuestrar y extorsionar. A eso hay que sumar la debilidad institucional de los estados y municipios para atacar este fenómeno.

Parece increíble pero, precisamente lo que presume el gobierno de Calderón como grandes éxitos en esta guerra, es lo que produce la violencia. Las gráficas de Guerrero son elocuentes: los homicidios crecen cuando el gobierno incauta grandes cantidades de drogas o se detiene/abate a líderes de cárteles. Los números recopilados por Guerrero demuestran, en cambio, que la violencia baja cuando los arrestos son de líderes de sicarios y los decomisos de armas y dinero.

Hasta el próximo sexenio

El gobierno de Calderón ya no tiene muchos márgenes para cambiar su estrategia. Incluso los funcionarios involucrados han dejado de escuchar las críticas. No obstante, la violencia va a seguir y será, creo, el principal tema en la próxima campaña presidencial. Las elecciones serán una extraordinaria oportunidad para debatir cómo resolver este problema. Habrá que presionar a los candidatos para que presenten soluciones factibles y concretas, no generalidades, lugares comunes o simples espejitos para salirse por las ramas. Lo que está en juego es mucho: entre 200 y 300 muertos por semana.

        Twitter: @leozuckermann

            Facebook: leo.zuckermann

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