‘Acción Nacional ayer y hoy’: la nueva publicación de Luis Felipe Bravo Mena

Con autorización de la editorial Grijalbo, Excélsior presenta a sus lectores un avance del libro del expresidente nacional del PAN. La edición ya está disponible en formato digital y en próximos días lo estará en forma física

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31/08/2014 03:48 Héctor Figueroa
“Esta cultura que yo llamo panismo, que es la congruencia de quienes militamos en el PAN con los fines superiores del PAN, cómo ha provocado efectos y ha transformado la política en México hasta el día de hoy.” Luis Felipe Bravo Mena, político

CIUDAD DE MÉXICO, 31 de agosto.- Panista desde siempre, expresidente nacional de su partido, exsenador, embajador ante el Estado Vaticano y hombre de convicción humanista, Luis Felipe Bravo Mena presenta en Excélsior fragmentos de su libro Acción Nacional ayer y hoy (Grijalbo, 2014).

Asesor político en 1988 de Manuel J. Clouthier Maquío y actual militante activo que busca que el Partido Acción Nacional (PAN) regrese a la doctrina y a la senda del triunfo, Bravo Mena define en este ensayo la diferencia entre panismo y PAN, pero también habla de los errores de la campaña presidencial de Josefina Vázquez Mota.

A dos semanas de que el partido que fundó Manuel Gómez Morin cumpla 75 años de existencia, el político oriundo de León, Guanajuato, da testimonio del PAN que ayudó a construir la democracia en México, y recoge, asimismo, las actuales pugnas internas entre Gustavo Madero y Ernesto Cordero.

Voz autorizada para marcar los aciertos y errores de Acción Nacional, pues como él mismo dice “la crisis de conciencia en el panismo se expresó de muchas formas después de la derrota de 2012”, refiere, por otra parte, los acuerdos para llegar al Pacto por México y la relación de su partido con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

 

Capítulo 10

Retorno a la oposición

El domingo 11 de marzo de 2012 el Estadio Azul se despintó. Ese día, la mayoría de los 30 mil asistentes al acto de inicio de la campaña presidencial de Josefina Vázquez Mota vaciaron sus gradas mientras la abanderada del PAN pronunciaba su discurso. No fue un acto de protesta; el mutis del gentío fue producto de un grave error de logística: los camiones para el traslado fueron contratados para iniciar el retorno a las 13 horas, pero el evento empezó con retraso y hubo varios discursos antes de la intervención de la oradora estrella. Llegada la hora convenida para iniciar el regreso, reloj en mano, los coordinadores de los transportes comenzaron a sacar a la gente del estadio, y cuando la candidata inició su mensaje quienes la escuchaban ya eran muy pocos. Los que autorizaron el desalojo lo hicieron sin el menor criterio político y sin detenerse a pensar en las demoledoras repercusiones que tal acción tendría para la campaña que así arrancaba. El daño fue, en efecto, grave y despertó muchas suspicacias: ¿impericia?, ¿inexperiencia?, ¿negligencia?, ¿sabotaje?

El PAN abrió la precampaña el 18 de diciembre y convocó a sus militantes a la elección de la candidatura para el 5 de febrero de 2011. Creel estuvo arriba en los sondeos, pero fue rebasado por Josefina cuando anunció formalmente su decisión de participar en la contienda. Durante la competencia, Vázquez Mota siempre fue la puntera en las encuestas, seguida por Cordero y Creel, en ese orden. La campaña fue desgarradora: el equipo de Cordero escogió una campaña “de contraste” —léase negativa— y el de Josefina replicó con señalamientos del mismo estilo. Los debates fueron un harakiri para el PAN; en ellos los ciudadanos pudieron haber encontrado gran cantidad de razones, proporcionadas por los propios aspirantes, para expulsar al PAN del gobierno, las que en su oportunidad fueron utilizadas por los adversarios. Al contarse los votos Josefina obtuvo 53.2%, Cordero 39.4% y Santiago Creel 6%. La victoria de Vázquez Mota tenía ciertas semejanzas con la que obtuvo Calderón frente al preferido de Fox. En ambas ocasiones los militantes panistas votaron por la alternancia intramuros.

La campaña vivió en un mundo al revés: con las vivencias recogidas en la precampaña, el equipo original de Josefina quería subrayar el concepto de cambio, inveterado lema del PAN pero del que la oposición ya se había apropiado. Escogieron el enigmático lema “Josefina Diferente”, sin precisar exactamente en qué consistía la diferencia: ¿en ser mujer?; era insuficiente para obtener la mayoría. Diferente sugería una autocrítica, que expresada genéricamente hermanaba la campaña de Josefina con la oposición, pero esta vez el voto opositor no iría al PAN. Paradójicamente, en algunos de sus discursos el candidato del PRI aseguraba que daría continuidad a algunas políticas del gobierno de Calderón, como la lucha por la seguridad, con lo que se atrajo a votantes potenciales del PAN. Así, por la diestra y la siniestra se fueron carcomiendo los votos de Josefina y del PAN.

En la campaña y en los mandos del partido privó la desarticulación; el ambiente de confusión se filtró a las bases y penetró en el ánimo ciudadano.

Entre la militancia el coraje, la tristeza, la confusión dio paso a una crisis de conciencia por las fallas del PAN como partido y como gobierno. En ese momento era vital que Acción Nacional contara con un liderazgo de temple y capacidad para unir a la institución, conducir la reflexión colectiva con generosa sinceridad y trazar un plan de acción inmediata para la reconstrucción del partido, como proyecto común de todos los panistas. Las derrotas se convierten en desastre y éstos en tragedia cuando falta o falla el liderazgo, se disputa la jefatura, se genera desorden en la retirada e impera el “¡sálvese quien pueda!”, en el que los dirigentes se arrebatan los despojos que han quedado de la refriega. En esa disyuntiva estaba Acción Nacional en julio de 2012. ¿La derrota sería tragedia y desastre o acicate para su renacimiento?

 

Capitulo 11

El PAN ante la reconquista del PRI

El PAN y el PRI se conocen bien en todos los terrenos: luchan, debaten, dialogan, acuerdan, pactan. Siete décadas de interlocución política no pasan en balde. Después del proceso electoral de 2012 el PAN tuvo presente que en 1988 también quedó en tercer lugar, y que desde ahí estableció el Compromiso Nacional por la Legitimidad y la Democracia con el gobierno del presidente Salinas. Conoció la cara del PRI como oposición durante los gobiernos de Fox y Calderón, con los que el otrora partido hegemónico adoptó una postura institucional pero esterilizante que impidió las reformas estructurales que el país necesitaba. Con esas vivencias frescas, tan pronto como se conocieron los resultados definitivos de la elección, Acción Nacional fijó su postura con el pronunciamiento “Responsabilidad con México” y se apresuró a declarar: “¡No pagaremos con la misma moneda de la obstrucción legislativa que ellos usaron, porque el pueblo de México sería el mayor perdedor!” En dicho documento detalló la agenda de cambios a los que era preciso dar continuidad. Lo mismo reiteraron sus legisladores, por voz de José González Morfín: “El PRI, solo, no podrá sacar reformas constitucionales. Esto obliga a un gran acuerdo nacional”, y del coordinador de los senadores Ernesto Cordero: “Actuaremos de acuerdo con los intereses de  México sin ninguna mezquindad política”.

Las cartas estratégicas que podía jugar el PAN después de las elecciones eran tres: ser oposición frontal individualmente; formar una coalición opositora con el PRD para cogobernar desde el Congreso, o establecer un compromiso de concertación con el nuevo gobierno del PRI. Tomó la tercera.

El presidente Felipe Calderón y el presidente electo Enrique Peña Nieto establecieron un mecanismo armonioso e institucional de transición y entrega del gobierno, en consonancia con el objetivo de preservar la estabilidad económica y social, y la gobernabilidad. El 6 de septiembre, después de dialogar durante más de una hora, en las escalinatas de la residencia de Los Pinos presentaron a los equipos que estarían a cargo del proceso: “El país tiene sólidas bases en materia económica, social, política y de seguridad, que son importantes puntos de partida para la próxima administración; muchos de sus elementos son, verdaderamente, un patrimonio que hay que aquilatar por parte de los mexicanos”, dijo Calderón.

A ese encuentro siguieron varias reuniones entre grupos especializados. Calderón y Peña encabezaron las de seguridad, en las que se entregaron el libro blanco, la agenda de riesgos y el diagnóstico de la situación del país en la materia. La civilidad en el traspaso del poder en esta segunda alternancia reprodujo la forma aterciopelada de la primera, cuando Zedillo le entregó el gobierno a Fox, lo que sin duda contribuyó crear un ambiente político constructivo.

Ante la situación creada con el coordinador del grupo de senadores, Madero decidió restaurar la línea de mando institucional y destituyó a Ernesto Cordero el 19 de mayo. Fundó su decisión en los siguientes términos: los coordinadores de los grupos de diputados y senadores: son los dos instrumentos del presidente del partido para mover esos brazos, y uno de esos brazos estaba dislocado, necesito tenerlo bien articulado. Estoy convencido de que es necesario que yo, como presidente del partido, tenga un coordinador que refleje con mayor claridad la forma de pensar, la estrategia y visión del Comité Ejecutivo Nacional para transmitirla a los 38 senadores.

Le asistía la razón, pero operó muy mal; dos días antes la insinuó públicamente, con lo que puso en pie de guerra a los senadores seguidores del coordinador que iba ser defenestrado. “¡No vamos a permitirlo! Si llegara a remover a Ernesto Cordero, por supuesto que nos vamos a organizar”, dijeron. Felipe Calderón intervino por Twitter: “Vieja regla del PAN: los asuntos internos se ventilan internamente”. Fue la puntilla; cesó a Cordero por teléfono el domingo 19 después de la hora de la comida.

 

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