Jalisco presume al policía más viejo: 94 años

Luego de haber trabajado como bracero en EU, regresó para incorporarse a la policía de Zapopan

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23/08/2014 05:04 Adriana Luna/Corresponsal
Don Eulogio González aún sueña con ser comandante. Foto: Adriana Luna

ZAPOPAN, Jalisco, 23 de agosto.— Don Eulogio González se despierta a las 4:00 horas, en su casa desayuna nopalitos con frijoles, se toma su arroz en agua, y aunque todavía no amanece se pone en marcha rumbo a su trabajo, sus 94 años de edad no son impedimento para cumplir con su deber. Él es el policía más viejo que permanece activo en el país. Tiene 44 años en la corporación policiaca de Zapopan, ingresó en 1971. Aunque ya tiene edad para jubilarse no lo hace porque “sin mi trabajo, me muero”.

De joven trabajó de bracero en los campos estadunidenses para alimentar a su envejecida madre y a su padre, quien murió a los 120 años de edad. “Esa ha sido la única ilegalidad que he cometido: irme sin documentos a Estados Unidos, pero lo hice para darle de comer a mi madre, yo nunca me olvidé de ella. Pero allá no me gustó la vida y regresé a México”.

Fue en 1971 cuando regresó a su país y se enroló como policía municipal con un solo objetivo: “cuidar a mis amigos, cuidar los bienes del ayuntamiento, respetar a mis amigos y amigas también. Me gustó el trabajo de ser policía y aquí estoy todavía”.

La disciplina, honestidad  y espíritu de servicio han sido su motor todos estos años. Él guarda con cariño sus primeras credenciales como integrante del cuerpo policiaco, también aquel sobre de su primer sueldo: 932 pesos (de los de antes). Con ese dinero lo primero que hizo fue ir a comer un menudo (platillo típico conocido en otros lugares como pancita).

Don Eulogio recuerda que antes eran pocos elementos en Zapopan, ahora son alrededor de mil 700 compañeros. “Cuando yo entré había aproximadamente unos 30, no había más en ese tiempo, había 15 patrullas y había dos góndolas para agarrar gente”. El oficial de línea ha sido testigo de cómo ha cambiado el municipio.

Todo esto era un monte, Zapopan era puro monte, ahora está todo fincado”, también cómo ha cambiado la delincuencia, “la gente peligrosa, hacían averías, tenía que detenerlos, robaban y hacían muchas cosas cochinas fuera de orden, lo que tenía que hacer era agarrarlos y meterlos al trinquete, nivelarlos y mandarlos a la penal. Hoy, la gente está variable, unos (se portan) bien, otros mal. Están las cosas terribles de todas maneras (con los delincuentes)”.

Durante 44 años de actividad policial se ha puesto a prueba su lealtad.

Cuando me mandaron de alcaide, un compañero dejaba ir gente a tomar y a hacer averías. Entonces me quisieron a mí hacer avería, que le recibiera así, y dije que no podía recibir mocha la lista, eran como 150 y hacían falta tres personas, yo le dije ‘no te recibo’. Que una gente me ofreciera dinero para dejarlo ir: ¡no!, vamos para dentro, de dinero a nadie le recibí ni un centavo partido por la mitad.

Después los agarré (a los que se habían fugado), unos compañeros me ayudaron, ya no está ninguno, ya se murieron todos, a uno lo agarramos en Tepa (Tepatitlán), a otros en la Venta del Astillero y les dimos pa’ la penal. Todo salió bien. Con toda legalidad seguimos trabajando y ahí se acabó esa robadera de todo lo que había.”

Su esposa murió en 1978. “Ella venía a traerme de comer aquí, pero murió.”

La honestidad del oficial lo ha distinguido durante cuatro décadas en la corporación. Ser policía le trajo la felicidad a su vida, “la traquilidad, ver gente tranquila me gusta. No me canso, no me duele nada, dijera ‘me duele la cabeza, me duelen las piernas’ pero no me duele nada”.

Don Eulogio explica sencillamente las cualidades principales que debe tener todo uniformado.

“Las cualidades importantes es ser la gente honrada primer punto, cumplir con su trabajo, cuidar a los amigos, guardar el respeto a familiares y todo.”

Al voltear al pasado reconoce que lo más triste ha sido despedir a compañeros caídos.

“Cuando ya cayó un compañero me da tristeza y al mismo tiempo respetarle, hacerle unos honores que merece aquel compañero que nos faltó.”

Sobre los compañeros que se corrompen y se suman a la delincuencia, el oficial sostiene que “eso no está bien. Un compañero que se cambie con los delincuentes no está bien, hay que ser derecha la gente”.

Durante la entrevista arribó a la corporación policiaca el presidente municipal Héctor Robles Peiro, el oficial Eulogio se puso posición de firmes, levantó su brazo derecho con cuatro dedos de la mano extendidos a la altura de la frente en respeto a su superior. El alcalde se acercó le dio un abrazo, le preguntó cómo se sentía y se despidió.

Robles iba acompañado del director de la Policía Hernán Guízar, quien también hizo lo mismo: saludar a su elemento más constante. Ambos reconocen su calidad y su trayectoria.

“Es uno de los personajes que ha dado su vida al ayuntamiento, a la sociedad, simplemente con verlo te motiva, es un ejemplo para todos”, señaló el edil zapopano.

El oficial Eulogio todavía tiene un sueño dentro de la corporación: morir como comandante. Aunque él mismo reconoce que no sabe leer y que quizás eso se lo impida.

Sin embargo, él desconoce que la dependencia estudia la posibilidad de subir su grado y reconocerlo por constancia, antigüedad, servicio y experiencia. La propuesta se presentará al Comité de Seguridad y tendrá que ser respaldada por el presidente municipal.

“La experiencia que acumula don Eulogio, la calidad humana, la calidad en su servicio, eso de entrada ya es una enseñanza para todos los demás. El señor está permanentemente aquí, fiel a su trabajo, no falta, no se incapacita, es una persona que llega a temprana hora, que se va al término de su turno, que está siempre pendiente para cualquier instrucción que se le pueda brindar… de entrada no se necesita que nos de clases de otra cosa, su puro ejemplo es más que suficiente para que todos los demás aprendamos lo que es ser policía en Zapopan”, adelantó el director de la Policía de Zapopan, Hernán Guízar.

Al observar sus movimientos, desde que sube con pie firme la decena de escalones que lleva a la puerta de la corporación se confirma el cariño que se ha ganado entre sus compañeros. Los policías más jóvenes que él, pero que cuentan con mayor rango, se acercan, lo abrazan. Él platica con todos, aunque sean elementos de nuevo ingreso y los aconseja.

“Que se porten bien, derechamente, aquí se trata de puro trabajo limpio, que no anden en cochinadas y a nadie le reciban un centavo partido por la mitad tampoco. Yo soy feliz aquí con todos mis compañeros, me siento muy contento y alegre con mis jefes.”

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