Libros a prueba de deslaves e inundaciones

Autoridades, docentes y padres de familia se unen en un solo equipo para lograr que todos los estudiantes de educación básica puedan tener sus textos al inicio de clases

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10/08/2014 08:03 Lilian Hernández /Enviada

BADIRAGUATO, Sin. 10 de agosto.— Mil 322 kilómetros recorrieron los libros de texto gratuito que tenían como destino la primaria Vicente Guerrero en la comunidad de Babunica. Distancia que es 3.4 veces el recorrido del Distrito Federal al puerto de Acapulco.

Las horas de trayecto, sin embargo, no son la única complicación. El suelo resbaloso, de subidas y bajadas constantes, de crecidas de ríos de manera súbita y veredas que apenas tienen de ancho alrededor de cinco metros, hacen que la entrega del material escolar se convierta en una hazaña en una de las localidades ubicadas en el corazón de la sierra de Badiraguato, Sinaloa.

“El camino es difícil, pero transitable”, señaló el supervisor de la zona escolar 041, Ricardo García Lizárraga, pero el recorrido debe realizarse sólo por las mañanas. Las lluvias en el verano pueden causar que los ríos crezcan de manera inmediata, que haya deslaves y posibles caídas de aludes.

“Los acceso son difíciles. No hay pavimento, son caminos generalmente de herradura (a caballo) o que pasan los vehículos, pero que se requiere tener cierta pericia para atravesar arroyos, veredas, que los papás conocen mejor”, explicó el profesor Ricardo.

El difícil acceso en la zona serrana de Badiraguato implica una estratégica distribución en la que participan los padres de familia, quienes al conocer el camino, logran que los libros de sus hijos para el siguiente ciclo escolar concluyan todo un proceso de entrega que inicia en el almacén de la Comisión de Libros de Texto Gratuito (Conaliteg), ubicado en Tlalnepantla, Estado de México.

Para el ciclo escolar 2014-2015, la Secretaría de Educación Pública (SEP) distribuyó en todo el país 196 millones 899 mil 246 libros para preescolar, primaria, secundaria y educación indígena.

Este año el costo de la producción de esos textos gratuitos  fue de dos mil 754 millones de pesos y para hacerlos llegar a los 222 almacenes y 368 centros de acopio de los 31 estados, la Conaliteg utilizó tres mil 742 vehículos tipo tráiler y tortón.

Una vez que los libros llegan a los estados, cada entidad tiene la responsabilidad de que los textos están en las escuelas antes de que inicie el ciclo escolar, que este año empieza el 18 de agosto.

Pero la última entrega en ciertas regiones del territorio nacional es toda una odisea, pues los caminos para llegar a localidades en las que no entra cualquier vehículo hacen que ese cometido sea doblemente complicado.

Uno de esos lugares recónditos es Babunica, localizado en la sierra sinaloense, donde hay una primaria multigrado en la que apenas estudian 22 niños atendidos por un solo profesor.

Pero por muy pequeña que es esa escuela, sus estudiantes tienen el derecho de recibir los libros de texto gratuito para cursar los planes y programas de estudio que rige la SEP.

La distancia de Culiacán a Babunica es superior a los 80 kilómetros; el recorrido dura tres horas, pero la última es la más compleja, ya que ingresar a las entrañas de la sierra sólo permite el acceso a vehículos con la capacidad de transitar por veredas estrechas, serpenteantes y resbalosas.

En esa pequeña comunidad, los libros de texto de primaria llegan en cuatrimoto, transporte que utilizan quienes habitan en esa región enclavada en la serranía de Badiraguato para poder subir a la carretera que los lleva a otras comunidades más grandes y comprar alimentos, así como productos de primera necesidad.

La estrecha senda que se sumerge a Babunica inicia en la comunidad Barrio Guanajuato, ubicada a un costado de la carretera federal número 24, que va de México a Parral, Chihuahua.

Los álamos arropan la vereda con su sombra y delimitan el trayecto que sigue la cuatrimoto para cumplir el objetivo de llevar a los niños sus libros de texto y aunque la lluvia hace más riesgoso el suelo en esta época, también regala un rebosante verde de frondosos árboles que apenas deja ver algunos extremos de los cactus que también hay en el sendero.

La antesala a Babunica desde la cabecera municipal de Badiraguato implica 45 kilómetros y siete comunidades, en las que también llegaron los libros de texto gratuito, ya que en ese tercio de los montes del municipio sinaloense el punto de acopio fue una primaria de Barrio Guanajuato, a donde el supervisor, jefe de sector, asesores técnicos pedagógicos y papás se dieron cita para recoger el material impreso de las 16 escuelas de la región.

El secretario de Educación y Cultura de Sinaloa, Francisco Frías Castro, explicó que la sierra de su entidad “es la parte más complicada” para llevar los libros de texto gratuito, pero ya hay años de experiencia, hay un buen nivel de eficiencia, pues Sinaloa no registra un nivel de quejas por la entrega inoportuna de los libros, ya que generalmente llegan días antes de que inicie el ciclo escolar”.

En entrevista con Excélsior, detalló que cuando los libros llegan a sus seis almacenes, de inmediato inicia la distribución a las comunidades más alejadas y de difícil acceso en la entidad, para lo cual solicitan la ayuda de los supervisores y jefes de sector de zona, a fin de que ellos trasladen los textos a otros puntos, a donde citan a padres de familia para que los libros lleguen a manos de sus hijos cuando inicien las clases.

“Es verdad que tenemos complicaciones, que tenemos lugares de difícil acceso, pero también la fórmula para que ninguna escuela se quede sin libro de texto. Aquí se distribuyen una cantidad importante de libros, casi cinco millones”, aseveró Frías Castro.

El auxiliar técnico de educación primaria, Joel Martín Cervantes, quien trasladó los libros del almacén de Culiacán a Barrio Guanajuato, destinados a una parte de la sierra de Badiraguato, donde está Babunica, relató que cada año la distribución de los libros es difícil porque siempre es “en tiempo de lluvias y los caminos están muy deslavados por tanta agua, los arroyos crecen y a veces hay que esperar en la parte más alta de los ríos a que baje el agua para poder pasar y así llegar a las comunidades a donde vamos a llevar ese gran tesoro que son los libros de texto”.

En los 15 años que se ha dedicado a colaborar en la distribución de los textos, resaltó que “gracias a Dios” nunca ha tenido un percance, pero la mayoría de los caminos son muy reducidos, de un solo carril, que “casi siempre están en mal estado; eso los hace muy accidentados porque hay mucha subida y bajada”.

Sin embargo, recordó que hace algunos años llevaban los libros de texto en un camión poco apto no sólo por lo zigzagueante del sendero, sino porque la lluvia de esa ocasión dejó en silencio al motor del vehículo, mientras el agua subía desmedidamente hasta que llegó gente de la comunidad para auxiliarlos, pues de no haber recibido esa ayuda “hubiera sido una pérdida muy grande, porque en esos momentos estaba subiendo mucho el nivel del agua y si durábamos una media hora más, esos libros se hubieran echado a perder”.

El profesor Joel Martín contó que ha habido ocasiones que para poder llevar los libros ha tardado hasta tres días, debido a los deslaves y malos caminos que son imposibles de traspasar, porque intentarlo es arriesgar la vida, algo de lo que Santiago Zúñiga, de la coordinación de libros de texto de la Secretaría de Educación de Sinaloa, vivió en carne propia, cuando en una entrega de textos, el camión en el que iban se volteó por una impericia del conductor, salvándose gracias a la contención de un árbol, al cual hoy le agradece poder contar esa desafortunada experiencia.

Debido a los riesgos que ocasionan los caminos, el maestro Joel afirmó que lo importante no es llegar rápido, sino tener precaución, conocer la senda, tener experiencia, no ser desesperado y “estar pendiente del voladero”, de modo que si el recorrido normal es de cinco horas, puede subir a ocho, pero cumplir la meta.

Ante el proceso que implica que los niños cuenten con los textos en el inicio de clases, la coordinadora general de Distribución de Libros en Sinaloa, Obdulia Valdés Pineda, afirmó que “la tarea es gigantesca a nivel nacional, porque son miles de escuelas en comunidades de difícil acceso y hacerlos llegar con oportunidad y suficiencia para todos los niños no es tarea fácil. Ha sido una labor un tanto titánica, pero se logra con mucha entrega de muchas personas”.

Van por los libros para que sus hijos sean mejores

El supervisor de la Zona 041 de Sinaloa, Ricardo García, comentó que en los 14 años que lleva en ese puesto ha tenido que recurrir a la solidaridad de los papás para que los libros lleguen “en tiempo y en forma”, de lo contrario, él sólo tardaría hasta el triple de tiempo en llevarlos a cada una de las 16 comunidades que tiene a su cargo.

“Cuando inicié, pensé irme en un año, igual cuando inicié como maestro en la comunidad Revolcaderos, por la incomunicación y separarme de la familia; sin embargo, el calor, el afecto de los padres de familia, el apoyo del Conafe y la propia secretaría, han hecho que siga aquí”, relató.

Aunque para los padres de familia de cualquier otra capital grande del país sería absurdo recoger los libros de texto en otro punto de la ciudad, para los que viven en la sierra de Badiraguato es algo que hacen año con año para que sus hijos tengan con qué aprender.

Daniel Padilla Páez, quien tiene a dos de sus hijos en la primaria y otro en la secundaria, haber ido a Barrio Guanajuato por los libros para la comunidad El Real no representa ninguna molestia, aunque ese viaje de ida y vuelta le implicó cuatro horas, además de pagar con sus propios recursos la gasolina de su cuatrimoto.

Entrevistado mientras amarraba a la parrilla de su vehículo las cuatro cajas de libros para su localidad, comentó que cada año los papás se organizan para recoger los libros a donde les indique el supervisor de la zona escolar.

“A según el que esté, viene. Ahora me tocó a mí y ansina (sic) le puede tocar a otro. Igual que para la maestra nos dividimos para llevarla y traerla”.

Sobre las condiciones de la vereda que transita, contó que “tiene partes buenas y malas”, pero hay que llegar antes de las 14:00 horas, porque después llueve y “hay dos arroyitos que sí agarran agua, que nomás te descuidas y sí batallas para pasar. Por eso vengo temprano”.

Para Alfredo Contreras Páez, papá de dos alumnos de la primaria Leona Vicario, el camino de baches, subidas y bajadas para la comunidad Alisos no impide recoger los libros en un buggy, porque considera que son las herramientas para que sus hijos aprendan y puedan ser mejores que ellos.

“Tengo que cruzar dos arroyos, pero sí se puede, aunque hay que echarlos en unas bolsas para que no se mojen por si llueve. Siempre hemos cooperado con la escuela, porque significa que lleguen a ser alguien en la vida, que salgan adelante, que estudien, que tengan mejores oportunidades que uno.”

La comisaria de Babunica, Erika Patricia Serrano Valencia, aseguró que van por los libros y los traen en cuatrimoto porque a través de ellos, sus hijos “van a salir adelante para llegar a ser alguien en la vida”, de modo que cada vez que los guardan en la escuela, todas las mamás se reúnen para recibirlos.

“Siempre vamos a donde nos indica la supervisión. A veces es en diferentes partes. La secretaría nos los hace llegar hasta el punto que ellos creen que nos puedan llamar y ahí pasamos a recogerlos”, lo cual no representa ninguna molestia.

“Para mí representa que los niños se superen, salgan adelante y tengan una mejor enseñanza y por eso todos los padres de familia estamos enterados que llegan los libros”, resaltó luego de agregar que también para barrer y limpiar la escuela tienen grupos de tres personas.

“Nos gusta que nuestros hijos estén en lo limpio y pues el maestro también, porque trabaja con nuestros hijos”, acotó.

Reconoció que para llegar a Babunica en verano se duplica la dificultad en el sendero, “porque está lloviendo y el camino se descompone, pero a pesar de ellos se logra, y aquí están los libros y eso es lo que cuenta”.

Sin Ejército ni Marina

A lo largo de un cuarto de siglo, la distribución de los libros ha evolucionado y hoy gracias a los supervisores y padres de familia llegan a tiempo a las comunidades más anegadas del país, pero antes de ello, tanto el Ejército como la Marina, ayudaban en la entrega por instrucción presidencial en la administración de Ernesto Zedillo.

La coordinadora general de Distribución de los Libros de Texto en Sinaloa, Obdulia Valdés, recordó que hace 26 años que llegó a ese cargo, la entrega era tardía: “Había unos que llegaban en septiembre, pero otros hasta octubre, e incluso en parte uno y parte dos”.

Con el paso de los años fue mejorando, sobre todo en el gobierno de Zedillo, porque instruyó a la Secretaría de la Defensa Nacional y a la Armada de México para llevar los libros a las comunidades más complicadas.

Durante ese sexenio, “fue un gran reto que dio un giro total a la entrega”. Los estados competían y premiaban a los que repartían con mayor eficiencia, de modo que Sinaloa encabezó por cuatro años consecutivos el primer lugar de distribución oportuna, pero cuando llegó a la presidencia Vicente Fox, retiró esa orden presidencial para darle otras tareas a los militares “y se retiró la prioridad de los libros, lo cual continuó con el gobierno de Felipe Calderón, porque su labor fue el combate al narcotráfico”.

Ante ello, Obdulia Valdés señaló que se vieron forzados a pedirles ayuda a los supervisores de zona, quienes empezaron a asumir la responsabilidad de que los libros llegaran a las comunidades más inhóspitas del país, quienes a su vez se apoyaron en los papás para cumplir la meta de distribución de libros y hasta la fecha sigue ese mecanismo, el cual ha dado éxito en zonas como la sierra de Badiraguato.

Son la biblioteca de muchos hogares

En localidades como Babunica, donde no hay acceso a internet y las oportunidades de recreación como en una ciudad son impensables, los libros de texto gratuito no sólo representan la herramienta de aprendizaje para los alumnos, sino también de las casas.

“Son la biblioteca que tienen en muchos de los hogares y es además para los papás una oportunidad de acercarse al conocimiento”, subrayó la cabeza principal de la distribución de libros en Sinaloa.

Por ello, no es extraño que cuando los textos hacen su arribo a las comunidades, papás e hijos lo celebran como si fueran grandes invitados y un acontecimiento que los acerca al inicio del ciclo escolar.

El secretario de Educación y Cultura de Sinaloa destacó que “los esperan como un gran hecho, porque su entretenimiento está sumamente reducido, son los lugares donde no tienen internet, donde la televisión no está todos los días, no hay cines, no hay lugares de diversión, de modo que para ellos es un gran acontecimiento y es el sueño permanente de los padres de familia de lograr que sus hijos reciban mejor educación que la que ellos recibieron”.

Para el profesor Joel Martín es una satisfacción colaborar con la entrega de libros, porque sabe lo que representan en cada comunidad y ello lo ha motivado durante 15 años para seguir colaborando en esa tarea.

“Es lo más bonito, es como si les entregaras un juguete, algo desconocido que él lo va a explorar en su momento y que va a interactuar con sus demás compañeros.”

El supervisor de la zona donde está Babunica aseguró que la llegada de los libros a las escuelas es el garante de aterrizar un plan de trabajo establecido por la SEP para el aprendizaje de los niños y por ello “son la herramienta nodal, pues además de que son gratuitos, desplegamos todas las actividades entorno a ellos”, de modo que son la sustancia vital para alumnos y maestros, aún en las comunidades más escondidas de la República Mexicana.

 

“El olor de los libros nuevos estará conmigo siempre”

Lleva un cuarto de siglo a cargo de la distribución de los libros de texto gratuitos en Sinaloa, pero desde los seis años de edad los lleva en su memoria como algo de lo más importante en su vida.

Obdulia Valdés Pineda es una de las alumnas de la primera generación que recibió por primera vez libros gratuitos por parte de la SEP en 1960, cuando el gobierno de Adolfo López Mateos inició ese programa.

Hoy es la coordinadora general de Distribución de Libros en esa entidad, cargo que disfruta, vive y lo dirige con pasión, porque recuerda cómo vivió aquel día en que el olor a nuevo de esos textos marcó su destino.

Aquella fecha “la llevo en mi mente, en mi corazón, ese olor de los libros nuevos estará conmigo siempre”, recordó.

Hoy dirige la entrega de libros en su entidad, la cual, dijo, desarrolla con pasión, porque es una responsabilidad muy grande hacer llegar los libros con oportunidad a todos los planteles.

Pero además “me reflejo cuando recibí los libros y la emoción que se siente en lugares pequeños, porque allá en mi pueblo llegaban con mucho retraso, y hacer que ahora se entreguen con oportunidad es una satisfacción enorme que disfruto año con año”.

—Lilian Hernández

 

Región de narcos donde  se respeta a los docentes

Con “la anuencia” de los pobladores de la sierra de Badiraguato, los maestros no tienen problemas para su ingreso a las comunidades. Aunque el municipio tiene fama de ser “cuna de los grandes jefes”, los padres de familia no sólo respetan a los profesores que llegan para dar clases, sino que les ofrecen hospedaje y comida.

De lo contrario, a los maestros les implicaría un trayecto de seis horas diarias, contando ida y vuelta, y para los que van a las localidades más escondidas apenas estarían regresando a la cabecera municipal cuando ya tendrían que regresar nuevamente para dar clase.

Por ello, la gran mayoría de los profesores que se quedan a vivir en la sierra sinaloense y mantienen una relación de respeto con los habitantes.

“Todas estas regiones serranas de Sinaloa son los lugares donde de repente se siembra mariguana y se cosecha, por lo que hasta ahora no hemos tenido registro de agresiones a profesores, basta que se diga que van de la Secretaría de Educación Pública del estado para que se les deje franco el camino”, enfatizó el titular de esa dependencia en Sinaloa, Francisco Frías Castro.

En entrevista, comentó que esa región serrana es una parte de Sinaloa que “tiene fama por los antecedentes históricos” vinculados a la siembra de mariguana; sin embargo, “no tenemos problemas por ello, ya que tanto el maestro como el médico son respetados”.

Por tanto, aseguró que los profesores de la sierra de Badiraguato no enfrentan ningún riesgo, “porque ahí al maestro se le respeta. Es una persona con la que existe solidaridad y se valora lo que él hace en las aulas”, acotó el secretario de Educación y Cultura de Sinaloa.

Incluso, destacó, en el famoso triángulo dorado, llegan los libros, porque las mamás se comprometieron “por escrito”, y por tanto, ahí también se les respeta.

—Lilian Hernández

 

 

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