Denuncian destrucción del tejido social en El Salvador

El padre Mauro Verzeletti asevera que el deportar a los niños a sus países de origen es condenarlos a la muerte

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03/08/2014 08:07 Georgina Olson

CIUDAD DE MÉXICO, 3 de agosto.- David Orellana tenía 11 años y planeaba huir de San Pedro Perulapán con su hermana de 15 años para escapar de la Mara Salvatrucha. En el último momento decidió quedarse, no quiso abandonar a su abuela.

La consecuencia fue fatal: los maras lo atraparon, “lo descuartizaron, lo hicieron pedacitos y lo pusieron en el piso… Jamás he visto en mi vida un hecho tan brutal, tan violento”, dijo a Excélsior el padre Mauro Verzeletti, director de la Pastoral Migratoria, Arquidiócesis de San Salvador.

Los vecinos dicen que a David lo asesinaron tras haber sido testigo de un asalto cometido por la Mara. Su hermana, que sí emigró a EU, está en riesgo de ser deportada a San Salvador y su abuela teme por su vida.

En lugar de cerrar las fronteras de Honduras y México a los niños que huyen del crimen organizado y de deportarlos de EU a Centroamérica, los gobiernos de la región deberían estar desmantelando a estas pandillas, concluyó el religioso.

La Mara Salvatrucha, el MS 18, la Mau Mau, la Mara Revolucionaria son parte de una red criminal que controla la venta de drogas y recluta a niños para convertirlos en sicarios en Centroamérica.

Paradójicamente, controlan los dos lados de la tragedia: “Ellos crean a las víctimas de la violencia, y cuando las víctimas no tienen a dónde buscar protección, ellos les ofrecen ese servicio de protección para llevarlos afuera del país a la Unión Americana”, reflexionó Verzeletti, quien esta semana estuvo en el DF para participar en la reunión de religiosos con el gobernador de California, Edmund Brown.

Los criminales tienen una organización impecable y tienen “bases militares” a lo largo de la ruta migratoria: en San Marcos-Malacatán, Huehuetenango, La Mesilla, El Naranjo, en el departamento del Petén, en Guatemala.

Y en México, en los retenes creados para pedirle sus documentos a los pasajeros, los polleros “le dejan su propina a los agentes de migración y pasa el bus y pasan los migrantes”, dijo el religioso.

Militarización de fronteras

En medio de esta violencia no tiene sentido que sí haya “dinero para cerrar las fronteras, pero no para el desarrollo, ésa es la gran paradoja que existe en este momento en los países”, reflexionó Verzeletti.

Para el padre, que ha trabajado con niños migrantes desde 1994, resulta preocupante que México esté pensando en militarizar la frontera con Guatemala, y Honduras “ya está cerrando la frontera para la salida de menores que es una cosa inaudita, inaceptable”, comenta.

El cierre de la frontera de Honduras, dijo, le favorece más al crimen organizado, “porque sabemos que muchos de los militares están involucrados en el crimen organizado transnacional y en el tráfico de droga, y ahora (con el cierre y mayor control de la frontera) están escoltando el trasiego de droga a través de la frontera”.

Y sobre la advertencia que lanzó el presidente Obama a Centroamérica de que se deportará a los niños que no tengan razones de peso para solicitar refugio en la Unión Americana, Verzeletti afirma: “Los van a regresar a la muerte. Deportar a un niño hoy a El Salvador, Guatemala y Honduras es regresarlos a la muerte”.

Reclutan en escuelas

En El Salvador, La Mara recluta a los niños desde dentro de las escuelas, tienen gente operando en los centros escolares, y ante esta circunstancia muchos niños desertan.

Verzeletti ha observado cómo crece la violencia en El Salvador: “Las áreas marginales están hacinadas, y prácticamente para entrar en zonas como Soyapango, Mexicanos, Ciudad Delgado, a partir de las nueve de la noche, tienes que pagar una cuota a los maras para entrar a tu casa”.

Como consecuencia de eso, el fin de semana pasado en San Salvador, 17 familias tuvieron que abandonar sus casas y huir “porque los maras las iban a matar a todas, y detrás está el crimen organizado transnacional, está el negocio, porque los maras se quedan con las viviendas”, explicó el entrevistado.

Y ¿qué hacen con las casas? Hay una mafia de abogados que cuando la gente abandona sus hogares “hacen la escrituración de la casa a nombre de otras personas. No hay palabras para explicar el punto al que llegamos, no existe poder de Estado que logre controlar esto”, comentó Verzeletti.

Tejido social desgarrado

El Salvador vivió una guerra civil en los años ochenta, y en 1992 se firmaron los tratados de paz, sin embargo no se hicieron suficientes inversiones para reconstruir el tejido social y generar mejores condiciones de vida para la población que se había visto afectada por la violencia de la guerra.

“Es un Estado que se ha dejado llevar por la corrupción, por la impunidad, luego viene la violencia, viene la migración, y los empresarios de El Salvador no tienen ningún interés de tener una inversión social para mejorar el país”, comentó Verzeletti.

Un caso emblemático de esa corrupción es el del expresidente Francisco Guillermo Flores, quien actualmente es buscado por la Interpol en 190 países, y a quien se le acusa de haber malversado más de 100 millones de dólares de donativos hechos por Taiwán  a El Salvador.

Si ahora El Salvador va a recibir fondos de Estados Unidos para mejorar las condiciones de vida y de seguridad de su población, tendría que haber una supervisión acuciosa para garantizar que los fondos se usen para su propósito original y no sean desviados en el camino.

“Que el dinero llegue a donde tiene que llegar. Se necesita un monitoreo serio y consistente de la implementación de los proyectos de desarrollo”, dijo Verzelleti.

En ese sentido, consideró que la visita del gobernador Brown a México y su diálogo con religiosos de Centroamérica muestra que el tema le preocupa.

“Me parece que es un factor importante que los gobernadores de Estados Unidos estén preocupados con este tema migratorio. Creo que él (Brown) puede también incidir en la política de Obama, en la política federal y de los congresistas y del Senado”, comentó el entrevistado.

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