'Maras' atizan el éxodo de centroamericanos

La violencia desplegada por la 'Mara Salvatrucha' atiza el éxodo de centromericanos hacia México y EU. Afectados narran cómo la pandilla ha transformado sus vidas

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06/07/2014 05:06 Ernesto Méndez/ Enviado
Al huir de la violencia, en su paso por territorio mexicano hacia Estados Unidos, miles de niños viajan solos o con algún familiar. Fotos: Diego Mateos
Al huir de la violencia, en su paso por territorio mexicano hacia Estados Unidos, miles de niños viajan solos o con algún familiar. Fotos: Diego Mateos

TAPACHULA, 6 de julio.— La violencia desplegada por la Mara Salvatrucha atiza el éxodo de centromericanos hacia México y Estados Unidos.

Antony Fabricio, de sólo cinco años, platicó cómo esta pandilla criminal asesinó a su padre en Honduras y quería acabar con toda su familia.

Su madre, Brenda Maribel Yáñez, narró que llegaron a México para pedir asilo político, después de que los mareros ejecutaron a su esposo el pasado 20 de diciembre.

Historias como ésta se repiten una y otra vez desde el río Suchiate, en Guatemala, hasta Arriaga, en Chiapas.

En la Casa del Migrante Hogar de la Misericordia, en Arriaga, Rocío afirmó que prefirió dejar su tierra, pues los mareros querían reclutar a sus tres hijos adolescentes.

Yordi, una menor de 15 años, dijo que dejó su hogar en Honduras debido a la pobreza.

 

Cinco años y ya huye de la Mara

Su profunda mirada de ojos negros y su forma de hablar parecen de un niño de más edad, pero Antony Fabricio sólo tiene cinco años. Acompañado por su madre y sus dos hermanos mayores, de siete y diez años, llegó a esta frontera huyendo de las pandillas de la Mara Salvatrucha que asesinaron a su padre en Honduras y querían acabar con toda su familia.

Sentado en una jardinera del Parque Hidalgo, Antony Fabricio cuenta que su papá ahora está en el cielo porque “los mareros” de la MS18 lo mataron, ya que querían robar la colonia donde trabajaba como guardia de seguridad.

Impaciente como todos los pequeños, nos presenta a su mamá para que podamos seguir platicando con ella mientras él corretea a las palomas y observa en lo alto unos periquitos que vuelan sobre unas palmeras.

La señora Brenda Maribel Yáñez nos comenta que llegaron a México para pedir asilo político en calidad de refugiados después de que los maras asesinaron a su esposo el pasado 20 de diciembre.

Asegura que su intención es seguir su camino rumbo al norte para cruzar a Estados Unidos y buscar poner tierra de por medio entre sus hijos y las pandillas, porque sus pequeños ya hablan de que cuando crezcan regresarán a Honduras a vengar la muerte de su padre.

Dicen que cuando ellos estén grandes van a volver a Honduras y van a matar a quienes asesinaron a su papá; entonces, mientras más lejos esté de Honduras mejor, para que ellos puedan olvidar lo que pasó”, señaló.

La historia de Anthony Fabricio se repite una y otra vez en nuestro recorrido desde el río Suchiate, donde los migrantes cruzan en balsas de Guatemala a México, hasta el municipio de Arriaga, en el estado de Chiapas, donde hombres, mujeres y niños llegan por carretera rodeando a campo traviesa los tres filtros de inspección colocados por el Instituto Nacional de Migración (INM).

Posteriormente intentan subirse al tren conocido como La Bestia, que los conducirá a un futuro incierto, atravesando los estados más inseguros de México.

Centroamericanos caminaron por la frontera sur de México en defensa de la dignidad de los niños migrantes que viajan solos. Foto: Diego Mateos

 

“Querían a mis tres hijos como sicarios”

Desde la Casa del Migrante Hogar de la Misericordia, la señora Rocío, quien viaja con sus tres hijos adolescentes, acusa que la Mara Salvatrucha los quería reclutar como sicarios.

La inmigrante hondureña relató que tuvo que abandonar todo para poner a salvo a su familia. Dice que prefiere enfrentar esta difícil situación a vivir el resto de su existencia hundida en el dolor.

Ellos querían que mis hijos se metieran a las maras, para que los ayudaran a cobrar rentas, que mis hijos los ayudaran a cometer crímenes”, relató.

Violencia y marginación son los dos factores que orillan a habitantes de países centroamericanos, como Honduras, El Salvador y Guatemala, principalmente, a dejar sus terruños y emprender una travesía que muy pocas veces tiene un final feliz.

Caminando por las vías del tren encontramos a Yordi, una adolescente de 15 años que viaja sola rumbo a Estados Unidos. En su caso fue la pobreza la que la empujó a salir de una comunidad rural de Honduras en busca de mejores condiciones de vida.

Hija de campesinos que siembran maíz, la jovencita viaja con dos mudas de ropa y una gran ilusión de poder estudiar y trabajar del otro lado de la frontera norte de México, para mandar dinero a sus padres y hermanos, y que puedan comprarse una televisión y un equipo de sonido.

La falta de dinero es lo que hace que una venga acá, yo quiero trabajar y poder comprarle a mi familia, lo que ellos nunca han tenido”, relató.

Cuando Yordi dejó su hogar hace 17 días, su papá le dio la bendición y le pidió que “nunca fuera a hacer algo allá de lo que después se pudiera arrepentir”.

La adolescente con rasgos todavía de niña reconoce que tiene miedo de lo que le espera más adelante en el camino, porque ha escuchado hablar mucho de los malandros que se suben a La Bestia a asaltar a los inmigrantes, pero afirma que hará caso a su madre, que le recomendó pensar en Dios para que todo le salga bien y rezar mucho para que el llamado sueño americano no se convierta en una lamentable pesadilla.

En Ciudad Hidalgo, Chiapas, cientos de personas y mercancía cruzan diariamente por la frontera entre México y Guatemala.  Foto: Diego Mateos

 

Ven solución a crisis en países expulsores

La crisis humanitaria por la presencia de niños y adolescentes en centros de detención para inmigrantes en Estados Unidos es una muestra de que en Centroamérica hay Estados fallidos, donde la violencia tomó el control y los gobiernos están completamente rebasados, aseguró el padre Ademar Barilli, director de la Casa del Migrante en Guatemala.

A los Estados ya se les fue de las manos la violencia; las organizaciones criminales están extorsionando y mucha gente que no tenía pensado migrar de la noche a la mañana deja todo para ponerse a salvo, porque no está dispuesta a esperar la muerte en sus casas”, explicó.

El religioso, integrante de los misioneros de San Carlos (mejor conocidos como Scalabrinianos, con presencia en 30 países del mundo), aseguró que como nunca antes niños no acompañados y con su familia llegan al refugio ubicado a cinco minutos de la frontera con México, donde en lo que va del año el número de menores aumentó 170 por ciento, en comparación con 2013.

Detalló que tan sólo entre mayo y junio recibieron 162 niños de todas las edades, desde 40 días de nacidos hasta 15 o 16 años, provenientes principalmente de Honduras.

Se han fortalecido redes de extorsionadores en Guatemala, Honduras y El Salvador. De todos los menores que llegan aquí, 60% son de Honduras y todos estos niños vienen por amenazas y extorsiones, porque los quieren obligar a vender drogas”, explicó Ademar Barilli.

El padre, originario de Brasil, tiene 20 años trabajando con migrantes y refugiados políticos. Destacó que en 2014 se ha atendido a tres mil 200 personas en tránsito hacia México.

Agregó que el problema se debe enfrentar con el reforzamiento de la seguridad y el Estado de derecho en los países de la región, para que las familias se puedan quedar a vivir tranquilas en su lugar de origen.

El religioso advirtió que sería un error tratar de sellar las fronteras, porque las veces que sea necesario las personas tratarán de cruzar, porque saben que no pueden regresar a sus casas, donde se encuentran las bandas del crimen organizado.

El problema no es la frontera. El problema son todos los países de Centroamérica. Es un error intentar fumigar donde no está el zancudo para evitar el dengue; estamos intentando cerrar las fronteras, no hemos aprendido que desde 1993, cuando se empezó a construir el muro en Estados Unidos, empeoró la situación”, alertó Barilli.

Ademar Barilli, director de la Casa del Migrante en Guatemala, dijo que aumentó 170 por ciento el número de menores que viajan solos. Foto: Diego Mateos

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