“Mi tío quería que me uniera a los maras”

Jeferson Jafet, de nueve años, está en un albergue junto a su madre y hermanos; salieron de Honduras y van camino a EU

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05/07/2014 01:44 Gaspar Romero / Corresponsal

TAPACHULA, Chis. 5 de julio.— A sus nueve años, Jeferson Jafet Perdomo estaba siendo reclutado por la Mara Salvatrucha en su natal Cabañas, Honduras. “Mataron a mi papá —iba yo a caballo—, le dieron un balazo en la cabeza. Fue un marero que me amenazó: si no me unía a ellos mataría a mí y a mi familia, por eso salimos y dejamos nuestra casa”, relata.

Salimos de madrugada de Cabañas, en Honduras, para que pudiéramos abandonar nuestra casa. Dejé mi escuela, iba en segundo año. Pero voy a continuar estudiando”, dijo el menor.

Jeferson Jafet es uno de los miles de niños que ingresan a la frontera sur de México para tratar de llegar a Estados Unidos solos, pero en este caso viaja con su madre, de 27 años, de nombre Elizabeth Perdomo.

Actualmente viven en el albergue Todo por Ellos, ubicado al sur de la ciudad de Tapachula, Chiapas, donde reciben ayuda humanitaria, comida y alojamiento. Para llegar a México cruzaron la frontera de El Salvador y Guatemala hace 10 días.

Aunque su destino final es Estados Unidos, precisó que “viajamos con mi mamá y dos hermanos a la ciudad de Tijuana, donde viven algunos familiares. Estamos esperando a que nos llamen”.

Señala: “Un MS18 (Mara Salvatrucha) me enseñó a manejar una pistola, a poner las balas, correr el cargador y a dispararla. Pero mi mamá decidió sacarnos de Honduras para evitar formar parte de las maras. Sólo nos quieren matar”, dice.

Explicó que cuando el marero asesinó a su padre de un balazo en la cabeza “me dijo, si dices quién fue te voy a matar, maldito perro, basura. Pero luego mi tío, que es MS18, me enseñó cómo disparar y me dijo que tenía que tomar venganza por la muerte de mi papá”.

—¿Y cómo se dispara una pistola?

—Pues se le pone la bala, se mete el cargador (muestra con el movimiento de su mano derecha cómo mover el carro de la pistola), luego se jala hacia atrás para que suba la bala, se apunta y se jala el gatillo.

Mi tío quería que yo fuera MS18, pero mi mamá no quiso. Yo tampoco. Tengo miedo.”

—¿Querías vengar la muerte de tu papá?

—No. Tengo miedo a que me maten.

Se le preguntó cuáles son las señas que hacen los maras con las manos, y con movimientos de sus dedos muestra diversas señales. Dobló hacia adentro los dedos medio y anular de ambas manos y luego puso su dedo anular sobre el índice, que es otra de las señales de los maras.

—¿Te gustaría formar parte de los maras?

—No, son malos. Ellos sólo nos quieren para vender drogas.

Aseveró que cuando vio que mataron a su padre estaba arriba de un caballo y vio cómo su cabeza estaba abierta: “Bajé, corrí y con el teléfono de mi papá le llamé a mi mamá. Fue cuando me dijo el marero que iba a matarme y que iba a matar a mi mamá”.

Después de que habló con su mamá por teléfono, el marero se lo arrebató, lo arrojó contra una piedra y “lo quebró”, dijo.

Jeferson juega en el albergue como cualquier niño, pero se une a la esperanza de su madre de darles una nueva vida. “Voy a seguir estudiando. Quiero ser de esas personas que curan… médico, o policía”.

Su madre Elizabeth explicó que decidió sacar a sus hijos de Honduras porque no pueden vivir en tranquilidad. Los maras controlan territorios, sostuvo. “A mi hijo Jeferson ya lo estaban reclutando, pero no quiero que sea como ellos”.

Reservada al hablar, señala: “No podemos vivir allá, no hay trabajo. Yo me quedé sola, tengo que sacar adelante a mis hijos, son tres”, acotó.

Ahorita estamos aquí en Tapachula, en el albergue, sólo esperamos contactar con algunos familiares con el fin de poder seguir con nuestro camino. Vamos a ver si nos vamos en bus o en La Bestia. Si nos vamos en tren tenemos que irnos hasta Arriaga, si no hay veremos cómo”, sostuvo.

Vivimos ahorita de lo que nos dan en el albergue. Tengo que ayudar en el aseo o en algunas otras cosas para poder tener la comida del día.”

El albergue Todos por Ellos da alojamiento a niños, niñas y adolescentes que viajan solos o acompañados, procedentes de Centroamérica y que buscan llegar a Estados Unidos.

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