Retrato hablado: Las rutas de Lorenzo Córdova, consejero presidente del INE

Desde que era niño trazó la línea que seguiría su vida: desde acudir a la UNAM hasta hacer un posgrado en el extranjero como sus padres

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29/06/2014 05:15 Wilbert Torre/ Especial
Ilustración: Julio Grimaldo
Ilustración: Julio Grimaldo

CIUDAD DE MÉXICO, 29 de junio.- Todo en la vida de Lorenzo Córdova ha sido un camino determinado por rutas.

Desde que era niño y decidió que estudiaría en la UNAM, y después, cuando supo que tras la carrera en derecho estudiaría un posgrado en el extranjero, y en los 90, cuando llegó al IFE de José Woldenberg, y decidió seguir la ruta del derecho electoral, y comenzó a pensar que un día presidiría el instituto rector de las elecciones en México.

Ahora, un lunes de mayo, el presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) ha citado a los consejeros para revisar una ruta más, las leyes secundarias del nuevo órgano rector de las elecciones, un asunto que ha preocupado a medio país. Un tema complejo el de la democracia que lo ha llevado al lugar que ocupa y a distanciarse de su padre y amigos cercanos.

Su padre, Arnaldo Córdova, profesor de la UNAM, uno de los ideólogos y activistas de izquierda más respetados, y su madre, la académica italiana Anna Paola Vianello Tessarotto, filóloga clásica y defensora de derechos de la mujer, formaron Los Mapaches con Rolando Cordera, Adolfo Sánchez Rebolledo y José Woldenberg. Eran los años 70 y en el pensamiento de ese grupo tenaz de izquierda militante, en sus marchas y huelgas, creció Córdova, habituado a la normalidad de debates ideológicos de sobremesa.

“¿Está todo listo?”, pregunta Córdova a los consejeros que llegan a su oficina. Viste traje oscuro y mira el reloj con insistencia. Atiende el teléfono. Revisa su agenda de citas. Amigo de personajes contrastantes como José Woldenberg y Manlio Fabio Beltrones, no es una extensión de Los Mapaches que integraron la bancada del PSUM en los 80. Tampoco de quienes un lustro después  –él incluido– fundaron el PRD. Es resultado de una fusión extraña.

Es un ornitorrinco electoral. Mitad académico, mitad político.

Rutas. Desde el kínder estudió en escuelas públicas. A los siete años sabía que se graduaría por la UNAM, y luego haría un posgrado fuera del país, como sus padres. También de niño, años antes de formar parte del ala reformista del Consejo Estudiantil Universitario en la huelga del 87, y de estudiar en la Universidad de Turín el doctorado de Investigación en Teoría Política, decidió que trabajaría en la UNAM, como sus padres.

Fue un camino natural en el ambiente intelectual en el que me formé, una ruta construida por imposición que se hizo convicción”. A los 43 años Córdova no ha dejado de ver la vida como un mapa con caminos predefinidos. Quiere escribir tres libros monumentales. Ha publicado uno. Pero eso será después. Ahora su concentración está en evitar que el nuevo INE se convierta en una caricatura del IFE creado por su maestro José Woldenberg.

Segunda llamada

Ocho años antes de estar sentado en la silla en la que ahora revisa las propuestas de leyes secundarias del INE, Córdova se quedó a unas horas de presidir el Instituto Federal Electoral.

Regresaba de un viaje a la Argentina cuando el PRI, PAN y PRD lo propusieron en una circunstancia controversial. En su oficina del Instituto de Investigaciones Legislativas de la UNAM había asumido un papel central en la Reforma Electoral de 2007, que otorgó al IFE el monopolio de la distribución de los tiempos de radio y televisión para los partidos políticos.

Un año antes, ante el vacío del IFE tras la elección de Felipe Calderón, Córdova se convirtió en un referente en materia electoral y ocupó espacios en la prensa. Pero eso terminó de forma abrupta con la Reforma Electoral que extinguió la discrecionalidad de los medios en el reparto de los tiempos de radio y televisión.

Córdova se convirtió en blanco de la mayoría de medios. Escribió que la reforma tenía un papel reivindicatorio de la política frente a los intereses del poder mediático, que años atrás había doblegado al Estado con la reforma de Vicente Fox al reglamento de la Ley de Radio y Televisión que redujo impuestos a las empresas, y en 2006 con la Ley Televisa.

En esa circunstancia los tres partidos le hicieron saber que por consenso presidiría el IFE. Él ya preparaba la mudanza cuando unas horas más tarde lo citaron para decirle que el elegido no era él, sino Leonardo Valdés.

Recuerdo ese pasaje como una trituradora de famas públicas”, Córdova muestra una sonrisa nerviosa. Entonces se dijo que su nombramiento obedecía a una cuota de partido, al PRD. Tomó la decisión de no participar en más procedimientos de esa naturaleza.

En 2011, desde su cubículo de investigador, inmerso en el estudio de la reforma que dio origen a las candidaturas independientes y en la parte final de la reforma de derechos humanos, ya se había olvidado del tema electoral cuando los tres partidos volvieron a llamarlo para anunciarle un nuevo consenso para nombrarlo consejero.

—Durante un año —le dijo Francisco Rojas, entonces líder de la bancada priista— nos has pedido ser responsables y descartar cuotas. Lo logramos. Tú eres una de nuestras cartas y te toca asumir la responsabilidad.

Lo pensó un par de días. Deseaba dedicarse por completo a la academia. Escribir los libros monumentales. Pero al final aceptó.

Tenía siete años cuando su abuela, una italiana severa, intervino en una de esas discusiones ideológicas en casa, entre sus padres y sus amigos: “En la mesa no se habla de política”. Hubo un abucheo colectivo en el que participaron él y su hermana.

Más de tres décadas después los debates en la mesa de los Córdova no se han extinguido. Tras la elección de Enrique Peña Nieto, Arnaldo Córdova, el padre, quien apoyó a Andrés Manuel López Obrador, se distanció del hijo, bajo duras críticas al IFE.

“El alejamiento lo quebró”, recuerda uno de sus amigos más próximos. Intentó acercarlos, pero Arnaldo lo frenó. Le dijo que Lorenzo se parecía más a su maestro Woldenberg, que a él.

Tras su nombramiento como presidente del INE surgieron nuevas críticas. Algunos amigos cuestionaron sus convicciones de izquierda.

El compromiso político y democrático de izquierda siempre ha estado presente desde pequeño. No hay ningún vuelco, es una especie de progresión muy natural”, se defiende Córdova.

Ha vuelto a estar cerca de su padre, disminuido por una enfermedad. Es un hombre de familia con una esposa, dos hijos y tres perros. Un nadador persistente con una lesión en una costilla.

Un reciente martes de junio Córdova despidió a sus hijos en la escuela, como acostumbra, y llegó a la oficina a las 8:15 para encarar otro asunto pendiente en el camino: la delicadísima elección a cargo del INE de los consejeros de los institutos estatales, en la intención de evitar que en los nombramientos los gobernadores metan las manos.

Junto a ese trance complejo, otra ruta asoma en su horizonte: la cátedra que imparte en la Facultad de Derecho, martes y jueves por la mañana. Debe decidir si continuará en 2015, año de elecciones.

Contra el consejo de sus asesores, es posible que Córdova mantenga las clases en la UNAM, la primera ruta que conoció cuando era niño, el camino al que volverá cuando termine su incipiente misión en el INE.

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