Huye de la violencia 58% de niños que migra

Naciones Unidas considera que pueden necesitar protección internacional

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23/06/2014 05:59 Laura Toribio
En los grupos de migrantes que provienen de Centroamérica es común encontrarse con familias completas.

CIUDAD DE MÉXICO, 23 de junio.- La crisis humanitaria que se vive en la frontera con Estados Unidos por el flujo masivo de niños migrantes devela otra macabra realidad: más de la mitad de los pequeños que migran salen de sus países huyendo de la violencia.

Actualmente, más que los factores económicos o incluso la reunificación familiar, la persecución por parte de pandillas, el crimen organizado o la violencia en sus propios hogares son las razones que más pesan para que hondureños, guatemaltecos, salvadoreños y mexicanos, que ni siquiera han llegado a la mayoría de edad, opten por migrar.

De acuerdo con un estudio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR),  para el que se entrevistó a 400 niños de Honduras, Guatemala, El Salvador y México, 58 por ciento confesó haber abandonado sus países a causa de la violencia, y 48 por ciento narró cómo fue afectado por los cárteles de la droga.

Según la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados son niños que, de hecho, podrían necesitar de protección internacional y calificar como refugiados.

Para Karla Gallo, oficial de protección a la infancia del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en México (UNICEF), los más de 47 mil niños detenidos en la frontera apenas reflejan la punta del iceberg de un problema más grande que rebasa fronteras, idiomas y culturas: la violencia.

“Si nos preguntamos por qué los niños se van, ya hay pruebas claras y convincentes, incluido el informe de ACNUR y varios estudios de UNICEF, que demuestran que además de las tradicionales razones de buscar mejores oportunidades de vida, también hay otros factores de expulsión que tienen que ver con la persecución de niños y niñas por parte de las bandas del crimen organizado y de grupos delictivos, porque huyen de la violencia que existe en las mismas comunidades en las que viven e incluso también en sus casas”, indicó.

En entrevista, explicó que no hay forma de solucionar la dramática realidad de esta cifra, que esconde el mismo número de historias de miedo e incertidumbre, si los países de origen no garantizan uno de los derechos más básicos de cualquier habitante: el derecho a quedarse.

“Es muy importante la protección de los niños y las niñas en su lugar de origen para que no se vean obligados a irse, es decir, que tengan también el derecho de quedarse. Que los gobiernos de México, El Salvador, Guatemala, Honduras y de cualquier país de origen de niños y niñas migrantes hagan todo lo que esté a su alcance: políticas públicas, normas, presupuesto para proteger a los niños en sus propios países y que se les brinde toda la atención, la protección, la educación, oportunidades de preparación, que sientan esperanza y ganas de quedarse en sus comunidades, eso es clave”, señaló.

Para ello, expuso que se debe crear un sistema integral de protección de niñas, niños y adolescentes, que permita que las instituciones actúen en coordinación y no como entes monolíticos.

Acentuó el hecho de que la mayoría de los menores que migran solos tiene entre 12 y 17 años, edades en las que en toda la región latinoamericana están en la zona gris de las políticas públicas, porque ni son considerados como niños, pero tampoco como adultos.

“Un sistema de protección es la construcción de una red en todos los niveles, para que un niño, niña o adolescente goce de sus derechos.

“Lo que hace el sistema es ver al niño en la multiplicidad de derechos y esto, aunque parece muy abstracto, tiene que ver en todo con el tema de niños migrantes, porque en cuanto se coordinen las instituciones y políticas públicas se podrá crear una política pública de garantías de derechos”, detalló.

Ahora mismo, para enfrentar la crisis, de manera paralela, la oficial de protección a la infancia de UNICEF destacó que se deben crear medidas firmes de coordinación y cooperación a través de las fronteras, con enfoque de derechos humanos.

“Los derechos de los niños y las niñas no acaban en las fronteras, al contrario, sus derechos están, son portadores y eso, aunque parezca obvio, es importante tenerlo en cuenta, y con firmeza hacer medidas de coordinación y cooperación transfronteriza por parte de todos los funcionarios de migración encargados de su cuidado, todos los encargados de cumplir la ley, la misma sociedad, que se perciba a los niños y niñas primero como niños y niñas, que son sujetos de derechos y que deben ser protegidos, y después como migrantes”, planteó.

Cabe recordar, dijo, que hasta ser detenidos los niños migrantes son visibles, pues en todo el circuito migratorio, durante una peligrosa travesía, están invisibilizados.

“Migrar es de lo más peligroso que existe para un niño de cualquier edad, al recorrer miles y miles de kilómetros están expuestos a todo: trata, abuso, explotación, accidentes, discriminación constante, enfermedades, pero no sólo su salud física es afectada, también este tipo de travesías provoca una grave afectación emocional, porque pasan por experiencias traumáticas”, alertó.

De acuerdo con una investigación de  The Associated Press, el sobrecargado y fallido sistema de los tribunales de inmigración y una ley de 2002 que está destinada a proteger el bienestar de los niños permite a los menores migrantes vivir, asistir a escuelas públicas y, posiblemente, trabajar en Estados Unidos, durante años sin consecuencias.

“(Los menores) casi nunca regresan a su casa”, dijo Gary Mead, quien hasta el año pasado era director de la oficina del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, responsable de encontrar y desalojar a personas que viven sin autorización en el país.

“No es un proceso que termine con resoluciones sencillas y claras”, agregó.

Hasta hace muy poco las autoridades reconocieron que también podía deberse a la percepción de que se permitiría quedarse a estos menores o que el Congreso flexibilizaría pronto las leyes federales de inmigración, lo que es muy improbable.

“Esta desinformación hace que algunas personas que están en una situación bastante desesperada arriesguen su vida para venir con la expectativa de que podrán quedarse en el país. Eso simplemente no es verdad”, declaró el pasado viernes el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest.

Mientras tanto, Paul Beeson, jefe de la Patrulla Fronteriza, en el tramo de San Diego, aseguró que casi 300 migrantes centroamericanos serán enviados desde el sur de Texas a California para ser procesados.

Beeson confirmó que dos vuelos despegan hoy, con 140 pasajeros cada uno, y se prevé que continúen cada tres días, pero no está claro por cuánto tiempo. En ellos viajarán principalmente familias con niños pequeños, pero también adultos. No habrá menores no acompañados.

Por su parte, la Embajada de Estados Unidos en México informó que en el último año fiscal más de 106 mil personas provenientes de Guatemala, Honduras y El Salvador fueron expulsadas.

La representación diplomática indicó que, según una “Hoja Informativa” del vicepresidente, en el año fiscal 2013, (octubre 2012 a septiembre 2013) el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), elevó el número de expulsión de centroamericanos sin documentos.

Oaxaca: no pudo llegar a Nueva York

A sus 13 años, lleva 12 sin su madre.

Pedro tiene 13 años y desde hace 12 no está con su mamá. Cuando cumplió un año de edad, ella salió de Tegucigalpa, Honduras, rumbo a Estados Unidos. Desde entonces, ha estado al cuidado de su abuela y una tía.

Sin embargo, hace unas semanas su mamá le ordenó ir a encontrarla a Nueva York, ciudad donde hoy está trabajando y ya formó una nueva familia.

El chico habría de seguir los pasos de su hermana de 14 años, quien hace meses viajó sola y logró internarse en ese país. El pollero cobra seis mil dólares con “derecho” a tres intentos.

La hermana de Pedro logró llegar al destino “a la primera”, pero él no corrió con la misma suerte.

Después de pasar hambre, dormir en el suelo frío, caminar con personas desconocidas e incluso subirse en moto, el grupo de migrantes centroamericanos con quienes atravesó la frontera del sur e ingresó a México fue asegurado en Oaxaca por agentes del Instituto Nacional de Migración (INM).

Pedro permanecerá unos días en el Albergue de Tránsito para Niñas, Niños y Adolescentes Migrantes y Repatriados No Acompañados, a cargo del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) del estado, en la zona sur de la ciudad.

En este espacio amplio, limpio y con frondosos árboles verdes, tiene garantizada comida caliente, atención médica y pedagógica, además puede ver televisión, dibujar y cuenta con asesoría para repasar lo aprendido, según su grado escolar.

Aunque lo más importante, resaltan los niños y las niñas migrantes, es que aquí pueden comunicarse con sus familiares por teléfono o internet.

“La comunicación con sus padres, madres, abuelos, al lugar de origen y al destino, donde habría de llegar, los tranquiliza al saber que están en un lugar seguro”, comenta el director del albergue, Wilfrido López.

Refiere que la estancia de los menores migrantes va de 15 a 30 días, aproximadamente, debido a que depende de la agilidad administrativa de sus respectivos consulados.

Luci y su hermano Beto, de siete y cinco años, respectivamente, nacieron en San Salvador. Unos pequeños que salieron agarrados de la mano, junto con un grupo de vecinos, para dirigirse a Estados Unidos. A ellos los esperaba su mamá, pero no llegaron, pues la travesía migrante fue descubierta por el INM.

La niña evita recordar el momento en que caminó y abordó el autobús tomada de la mano de Beto. Uno a otro se protegen.

Saben que hoy están en México, pero los alimenta la idea de ver a la mamá o la abuela. La mirada de ella se ilumina cuando se le pide describir la Catedral de San Salvador, porque cerca de ahí está su escuela.

Veracruz. Es común verlos en compañía de mamás

Los migrantes viajan sobre el lomo del tren conocido como La Bestia, o en los vagones, Las Patronas les mandan comida con una exacta precisión de lanzamiento. Esos niños y adultos se llevarán algo a la boca y calmarán su sed y hambre al menos unas horas.

Norma Romero, integrante del grupo, dijo que en las últimas semanas viajan niños solos y familias completas.

“Vemos muchos morenitos, pero van con sus familias completas, van por los menos unas 100 personas entre hombres, mujeres y niños. Generalmente, cuando pasan a comer, lo hacen con sus mamás.”

Admitió que han hospedado a menores de 14 años, “unos seis o siete que han pasado, pero van solos y caminando, tienen el apoyo de sus familias, los dejan solos y no conocen la zona y entonces pasan”.

El paso lento del tren, cuando cruza por donde están Las Patronas, permite a las mujeres entregar la comida y, de acuerdo con Norma, es cuando logran ver algunas caritas pequeñas, y aseguró que lo hacen con sus madres.

Autoridades de la delegación del Instituto Nacional de Migración (INM), reconocieron que de 2013 a la fecha, el paso de niños migrantes, solos o acompañados, se ha incrementado en un 100 por ciento.

El delegado del INM, Tomás Carrillo, reconoce que el aseguramiento de migrantes —niños y adultos— ha sido cada vez más alto, pues en 2013 fue de 16 mil 500.

Tan sólo en la ciudad de Veracruz, la directora del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), Belén Fernández, ha reportado que de enero a la fecha han detectado el paso de al menos 60 menores solos.

Algunos, al no tener recursos para comer, buscan trabajar en la calle o piden limosna, es cuando los ubican.

Su situación es que autoridades migratorias resuelven su regreso hacia la frontera sur, para ser deportados, y entonces las autoridades de sus países tienen que resolver cómo regresarlos con sus familiares. Algunos logran burlar a la autoridad y retoman su camino.

Ibis Domínguez, procurador de la Defensa del Menor, la Familia y el Indígena, informó que en los últimos días fueron recibidas cinco niñas hondureñas y dos salvadoreñas, que son atendidas en un albergue.

“El año pasado la cifra no rebasó los 40 niños, pero en estos primeros seis meses el número de menores detectados ya pasó los 60”, aseguró.

En El Salvador, las maras buscan atraer jóvenes para incrementar su poderío y radio de acción. Desalentados por la situación económica y la violencia, los menores huyen o son mandados por sus familias a buscar nuevos horizontes.

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