Ven una disputa por el liderazgo

Las recientes declaraciones sobre México del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva fueron las primeras que un exmandatario, de cualquiera de los dos países, expresara del otro, al menos en público

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11/06/2014 03:31 José Carreño Figueras
Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente de Brasil, aseguró que en su país todo es mejor que en México. Foto: Archivo
Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente de Brasil, aseguró que en su país todo es mejor que en México. Foto: Archivo

CIUDAD DE MÉXICO, 11 de junio.- Las recientes declaraciones sobre México del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva fueron las primeras que un exmandatario, de cualquiera de los dos países, expresara del otro, al menos en público.

Lula da Silva afirmó que todo en Brasil es mejor y minimizó las acciones del gobierno mexicano.

El exabrupto de Lula da Silva puso sobre la mesa décadas de una sorda pugna en la que los diplomáticos de uno y otro país se han disputado liderazgos  “áreas de influencia” y trabajo por bloquear iniciativas o esfuerzos del otro. Siempre, por supuesto, más o menos bajo la mesa.

La rivalidad se da más en el terreno diplomático que en la realidad”, comentó el embajador Andrés Rozental, exsubsecretario de Relaciones Exteriores de México y ahora miembro de varios consejos de empresas en Brasil.

De hecho, inversionistas mexicanos han puesto unos 30 mil millones de dólares en Brasil y los brasileños han invertido algo más de seis mil,  en México, con otros ocho mil millones de dólares en proceso de llegar, según reportes.

Eso señala la importancia que los empresarios de uno y otro país otorgan a la relación económica.

Oficialmente la rivalidad no existe. Hace unas semanas, durante una conversación, Vanessa Rubio, subsecretaria de Relaciones Exteriores para América Latina, aseguraba que “no estamos compitiendo con nadie” y al hablar de Brasil y México, que la presunta animadversión “no existe”.

Rubio afirmó entonces que la competencia “está en el futbol” y en la realidad, México y Brasil “somos dos actores con mucha responsabilidad a nivel global”.

Pero la historia extraoficial es distinta, tanto que a principio de los 90, los entonces presidentes Carlos Salinas de Gortari, de México, y José Sarney, de Brasil, acordaron durante un encuentro tratar de poner fin a una rivalidad sin sentido. Pero el acuerdo presidencial no pudo detener lo que ya para entonces era un disimulado choque.

De acuerdo con los rasileños, México se opone a que su país busque la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Brasil ocupe un lugar en él.

Los mexicanos recuerdan la reciente campaña en la que el brasileño Roberto Azevedo venció al mexicano Herminio Blanco por la presidencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y que en 2011 Brasil prefirió votar por la francesa Christine Lagarde que por Agustín Carstens, de México, como director-gerente del Fondo Monetario Internacional.

Claro que de creer la línea oficiosa atribuida a Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño), México hace tiempo que no es América Latina.

Ése fue el sentido de reportes que a principios de la década de los 90 recibía la cancillería mexicana de boca de diplomáticos latinoamericanos amigos.

A principios de la década de los 90 en el siglo pasado, la negociación del Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN) permitió que miembros del servicio diplomático brasileño, supuestamente alentados por el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Celso Amorim, desarrollaran toda una campaña alrededor de la idea de que México estaba alineado ya con los Estados Unidos.

La línea era conveniente. Después de todo, Brasil se empeñaba ya en la construcción del Mercosur y de un proyecto que directa o indirectamente lo pondría como adalid latinoamericano.

Y México, que según los diplomáticos mexicanos era la alternativa, estaba anulado por su relación con Norteamérica.

En febrero de 2013, un análisis de la catedrática mexicana Rebeca Rodríguez Minor, de la Universidad Anáhuac del Mayab, subrayaba que a través de los años, los dos países han mantenido “una relación que se basa meramente en la rivalidad por el liderazgo de la región”, muy al margen de las ventajas que una alianza pudiera brindarles.

Oficialmente no hubo comentarios en ninguno de los dos países. El presidente Enrique Peña Nieto, de visita en España, se concretó a precisar que no hay competencia entre Brasil y México.

Pero si el comentario de Peña Nieto fue elegante, la realidad es que la “rivalidad” entre México y Brasil lleva ya años, décadas quizá, alimentada según opiniones por las cancillerías de ambos países.

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