Madres mexicanas, varadas en frontera

Viven la angustia de tener a su familia en Estados Unidos

COMPARTIR 
07/06/2014 05:44 Por Manuel Ocaño/Especial
Una madre deportada, Yolanda Varona, muestra desde México a través de la barda fronteriza documentos a una abogada que la asesora desde California. Foto: Manuel Ocaño

WASHINGTON, 7 de junio.— María Robles sintió el dolor de una hernia y pidió varias veces a un hospital cerca de Delano, California, que la operaran. Les ofrecía cinco mil dólares que pudo reunir, pero ante cada intento le negaron ayuda.

Es indocumentada desde hacía 32 años en California. Originaria de Tijuana, un día que ya no soportó más el dolor y además su madre enfermó, cruzó la frontera hacia México.

María, de 52 años, consiguió en Tijuana la operación que necesitaba, pero al intentar volver a California –donde tiene una hija de 22 años con parálisis cerebral– las autoridades fronterizas estadunidenses ya no la dejaron regresar.

Durante los últimos meses, María y un grupo de madres deportadas han vivido temporalmente en albergues religiosos y casas particulares donde les brindan alojamiento temporal, pero no siempre tienen recursos para comprar alimentos, y tampoco encuentran empleo en México, donde además también son indocumentadas, porque carecen de toda identificación o documento oficial que las acredite como ciudadanas.

Son madres que en marzo pasado cruzaron en grupo la frontera junto con la activista Elvira Arellano, que en los últimos 80 días han sido gradualmente deportadas, sus familias han sido separadas, y se encuentran en Tijuana.

Las madres deportadas cruzaron como parte de tres grupos con un total de 150 personas del movimiento denominado Tráiganlos a Casa, por la Garita de Otay, entre Tijuana y San Diego, en marzo, para pedir permisos humanitarios y asilo político.

De las 150 personas que cruzaron en tres tandas a mediados de marzo y cuyo cruce contó con una amplia cobertura periodística, 75 fueron deportadas casi de inmediato. La Oficina de Aduanas e Inmigración (ICE, por sus siglas en inglés) otorgó algunos permisos humanitarios, especialmente a menores, y hasta esta semana quedaban seis personas en el centro de detenciones y 35 a la espera de presentarse ante jueces o funcionarios, informó el coordinador de los jóvenes “soñadores” que se sumaron al intento, Víctor Manuel Ledesma.

Luego de la amplia cubertura inicial, cuando entraban a California por la Garita de Otay con la consigna de “aquí empieza la reforma migratoria”, quedaron olvidadas por los medios de comunicación.

La cobertura de esos intentos masivos continuaron sólo con seguimiento a Elvira Arellano, quien consiguió estar libre en San Diego dos horas después de ser arrestada en la frontera, con el apoyo de la oficina del congresista de Ilinois Luis Gutiérrez.

Yolanda Varona, quien fundó y coordina en Tijuana al grupo Madres Deportadas, contó que su hijo adolescente quedó solo en Californa y dijo a Excélsior que también las que fueron expulsadas e impedidas de quedarse o tener permisos humanitarios quieren ayuda de congresistas, como la que tuvo Arellano.

“Queremos que alguien que tenga poder de decisión escuche nuestras historias, que también a nosotras nos ayuden”, dijo Varona.

De hecho, el caso de Arellano era legalmente más difícil que los de las madres deportadas a Tijuana. Arellano fue deportada antes de cruzar la frontera en marzo, lo que la convertía en reincidente y enfrentaba incluso una posible sentencia de cárcel federal.

De las madres que se encuentran en Tijuana ninguna fue deportada, vivían indocumentadas en Estados Unidos y salieron del país por diversos motivos, y en contraste lloran sin poder regresar, cada vez que pueden contar sus historias.

Al esposo de la señora Cecilia Castro lo dejaron pasar a Florida con su hijo mayor, un adolescente. El marido pudo probar que su vida corría peligro si regresaba a Michoacán. Mientras, Castro estuvo detenida hasta al pasado 9 de mayo cuando la deportaron a Tijuana “como si fuera mi regalo de cumpleaños”.

Castro tiene dos niños de tres y seis años en California con un familiar de su esposo a quien hasta ahora no conoce. La familia esperaba que las autoridades le otorgaran asilo por compartir la misma historia que su esposo, pero la decisión fue totalmente distinta.

Castro había vivido una década en Florida con su familia. Sus hijos son estadunidenses. Salió a Michoacán por una emergencia familiar.

Ahora, dice entre lágrimas, “mi esposo está desempleado en Florida, sin recursos; mis niños en California, deprimidos; y yo aquí estoy muy desesperada, sin conocer a nadie, sin saber qué hacer. A Michoacán no puedo regresar porque allá corremos peligro de verdad”.

La familia de la señora Patricia Piña Ruiz pasó en el intento grupal por la Garita de Otay el 11 de marzo. A su esposo le otorgaron asilo y se encuentra en Estados Unidos con sus hijos, pero a ella le dijeron que sus argumentos para solicitar asilo fueron “no creíbles”, y tras semanas de detención la deportaron el 7 de mayo.

El abogado Carlos Spector, un especialista en casos de migración, comentó que a su parecer el hecho de que las autoridades otorguen asilo o permiso a miembros de una misma familia y deporten a otros es una estrategia para desanimar a los mexicanos que pudieran pensar en el asilo en Estados Unidos como una opción.

“El mensaje es muy claro para las comunidades de las que vienen las personas a pedir asilo. Allá ahora se dicen ‘¿para qué te vas a Estados Unidos?, ¿supiste lo que le pasó a Juan? A su vieja se la deportaron y él se quedó allá sin trabajo solo con sus niños’”, dijo el abogado.

A su parecer “es un claro intento por de-sanimar y persuadir”.

Daniel Barrios Ramos había vivido 20 años en Austin, Texas, es padre de un joven estadunidense y también cruzó por Otay en marzo. Lo deportaron hace casi dos meses, e igual que sus compañeras, se siente desesperado cuando piensa en su hijo solo en Estados Unidos.

Ledesma considera que el grupo tiene que salir a buscar a la prensa, a legisladores, a grupos que les pudieran ayudar; se niega a aceptar que, pese a su desesperación, su historia perdiera interés.

“No saben que estamos aquí, ni cómo estamos; creo que es eso, que se tiene que saber nuestra situación para que alguien nos ayude”, expresó.

Video Recomendado

Comentarios

Lo que pasa en la red