La peor cruda, pasar la noche en el Torito

Pelear por una colchoneta, dormir en el piso y sacudirse las chinches son algunas de las cosas con las que hay que lidiar; detenciones por el alcoholímetro

COMPARTIR 
30/05/2014 09:01 José de Jesús Guadarrama
Al llegar al Torito, los nuevos son recibidos con aplausos por los que arribaron antes. Empiezan los chistes, las anécdotas. El ambiente se relaja conforme pasa el tiempo.

Allá por Tacuba en Lago Gascasónica con Aquiles Serdán, donde se ubica el Torito, hay dos pasillos con cinco o seis celdas de aproximadamente 4x5 metros cada una, la cual tiene camastros de cemento donde se ponen las colchonetas

CIUDAD DE MÉXICO, 30 de mayo.- Una de las peores resacas que se puede experimentar es pasar 36 horas en el Centro de Sanciones Administrativas y Readaptación Social, ya que después de haber sido detenido por el alcoholímetro, no hay manera de torear al “Torito”.

Jóvenes, adultos, profesionistas, que vistan ropa fina o harapos... todos llegan aquí sin distinciones, ya sea por haber rebasado los 0.40 miligramos de alcohol en la sangre y conducir, o también por riñas, drogarse u orinar en la vía pública.

Entre los mexicanos se ve un israelita y un estadunidense, aunque una trabajadora social relata que han llegado hasta canadienses, chinos y japoneses.

Son las 2:00 de la madrugada. En Periférico Oriente el retén del programa del Alcoholímetro detuvo a Martín, un policía judicial cuya charola no lo salvó de ser llevado al Torito. Llegó en la misma patrulla que don Miguel, quien se dedica la política.

Ambos soplaron en el dispositivo que calcula el nivel de alcohol en la sangre y rebasaron los 0.40 miligramos. Pasaron con el médico y luego con el agente del Ministerio Publico.

En la patrulla, un vehículo Nissan, hay un espacio mínimo donde apenas y caben las piernas. Con groserías uno de los policías pretende meter a cuatro detenidos en la parte posterior del carro; otro abre una de las puertas traseras y avienta al interior un par de botellas. “Ahí se las reparten”, dice.

Desde Periférico Oriente hasta el Torito el chofer maneja a toda velocidad, peor que borracho. No traslada personas que cometieron una falta administrativa, lleva delincuentes. Todos los topes los pasa al vuelo, no se detiene.

Al llegar al Torito, son recibidos con aplausos por los que arribaron antes. Empiezan los chistes de borrachos, las anécdotas, las preocupaciones. El ambiente se comienza a relajar conforme pasan los minutos.

Varios custodios piden que los detenidos se despojen de todas sus pertenencias. “Es por su bien, allá adentro se las pueden robar”, advierte uno de los vigilantes.

Después, los que llegan reciben tres comidas que incluyen una buena dotación de frijoles que por la noche, cuando todos están acostados, empiezan a hacer efecto y no faltan los compañeros de celda que compiten en un nauseabundo concierto nocturno, entre risas y peste.

En el mejor de los casos, algún teporocho que lo acompaña se quitó los zapatos en el colchón que le tocó, pero lo peor podría ser que en éste se pasee una chinche u otro bicho camine por su cabeza –lo más seguro es que se trate de un piojo–, aunque la peor idea es ir a vomitar a los baños.

Al ingresar todas la celdas ya están ocupadas, dos o tres detenidos usan una misma cama, otros duermen en colchonetas tiradas en el piso y otros más en los pasillos; los recién llegados usarán el piso.

Entre mal olor y competencias

A las 6:00 de la mañana, y después del pase de lista todos se forman para ser los primeros en entrar al comedor. El Chocho y el Carnal, a quienes agarraron “fumándose a mariquita”, corren para ser de los primeros. Para el desayuno la fila es larga. Tras recibir el almuerzo, los detenidos tienen que lavar sus charolas en el patio.

En la noche, además de lidiar con el cansancio, el frío y la resaca, hay que competir por ganar una colchoneta. Luego de horas sin bañarse, el mal olor en las celdas es peor y, entrada la noche, comienza el concierto de flatulencias.

El tiempo parece que no avanza, es una larga resaca.

 

Comentarios

Lo que pasa en la red