Llevan a regiones lecciones de amor

Mamás de comunidades indígenas aprenden a mostrar cariño a sus pequeños

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10/05/2014 06:18 Lilian Hernández/Enviada

ACAXOCHITLÁN, Hgo. 10 de mayo.— Envueltos en sus rebozos, los llevan a cuestas, los alimentan con su propia leche, los bañan y los visten. Sin embargo, hay una necesidad básica que pocas veces convidan a sus hijos: jugar y mostrarles cuánto los quieren.

Las costumbres, la ignorancia, los prejuicios y la manera como ellas fueron criadas, ha orillado a madres indígenas de las comunidades de Acaxochi-tlán, Hidalgo, a ocultar las emociones más esenciales que otras mamás comparten cada día con sus hijos y que son fundamentales para su desarrollo.

Aunque para muchas apapachar a sus hijos es algo natural, para las mamás de ese municipio, jugar y hacerles cariños les resulta sumamente difícil. El ambiente en el que se desenvuelven ha limitado las manifestaciones amorosas, así como jugar o platicar con sus pequeños.

Sin embargo, algunas de ellas logran romper esa barrera a través del Programa de Educación Inicial, que realiza el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) en comunidades de muy alta y alta marginación.

En las comunidades no se da el hecho de bañarlos y al mismo tiempo acariciarlos o cantarles, y aquí en las sesiones les enseñamos canciones y juegos para estimular el desarrollo de los niños”, explicó Azucena López Cuevas, supervisora del Programa de Educación Inicial en 10 comunidades de Acaxochitlán.

Mediante esas sesiones de mejores prácticas de crianza, madres como Teresa Vargas Francisco han descubierto que, más allá de alimentarlos, los hijos también necesitan sentir el amor de las mujeres que les dieron la vida, porque eso los ayudará a ser mejores seres humanos cuando crezcan.

Teresa es una de las promotoras de ese programa en la comunidad de Tepepa. Ahí da talleres a otras 17 mamás que llevan a sus hijos de cero a cuatro años para aprender que en ese rango de edad es necesario interactuar con ellos a través de juegos y del lenguaje del amor para que en el futuro sean niños seguros y con una buena autoestima.

Les damos estas sesiones para enseñarles a las mamás cómo deben cuidar y educar a sus hijos y, de paso, me enseñó más, porque yo antes no sabía qué es ser madre. Tenemos al hijo y ya, pero no les decimos que los queremos y con esta educación inicial buscamos que se liberen y no tengan temor de decirle a sus hijos que los quieren”, explicó la maestra Tere, como la llaman las mamás que acuden a ese curso de estimulación temprana.

Teresa tiene tres hijos. La mayor de 16 años, el segundo de 11 y la más pequeña de ocho años. Ella no tuvo la oportunidad de acudir a ese programa como mamá, pero hoy que imparte el taller se ha dado cuenta de que aún está a tiempo de ser más amorosa con ellos, para que poco a poco le tengan confianza y pueda convertirse en su mejor amiga.

Después de la capacitación que recibió para poder dirigir a un grupo de mamás, se dio cuenta en qué había fallado con sus hijos: “Cuando leí unos libros que me dieron pude ver que me falta mucho con mi hija la más grande, porque no le mostré más cariño. A veces le digo ‘abrázame’ y como que no quiere y ahí vi dónde estoy mal”, relató.

Tras esa confesión y sin poder contener las lágrimas, manifestó que no sabía ser madre, pero ahora con sus hijos más pequeños ha empezado a romper esa barrera; los abraza, les pide que le den un beso y aunque al principio les daba pena, ya lo hacen con menos vergüenza.

Teresa es promotora del programa en la comunidad de Tepepa, Acaxochitlán, Hidalgo.

No obstante, con la mayor ese acercamiento es complicado: “Le digo a mi hija ‘abrázame’ y como que me ve y se agacha y tiene pena, pero le digo ‘te voy a agarrar hasta donde te encuentre y te voy a abrazar’, pero cuando lo hago se pone bien tiesa y no me corresponde. Entonces le digo ‘no tengas pena, a lo mejor no sabía hacerlo cuando eras chiquita, pero ahora quiero hacerlo’, porque creo que debemos platicar, porque no va a encontrar una mejor amiga que a su mamá”, contó Tere, limpiando las lágrimas que alcanzaron a escurrir por sus mejillas.

Al darse cuenta de que mostrar el cariño también es parte de la formación de sus hijos, hoy como promotora de Educación Inicial está convencida que lo seguirá haciendo para que otras mujeres de su comunidad no tengan miedo de ser amorosas y eso se traduzca en beneficio para sus familias.

Y es que en esas localidades, a las mamás no les gusta platicar con sus bebés y niños pequeños porque les da pena, pero con esas sesiones las hacen reflexionar, “porque a veces nos cuesta mucho trabajo decirles ‘te amo’ y aunque es tan corta esa frase, en estas comunidades se les hace muy difícil expresarlo”, comentó Ema Herrera Ventura, promotora de Educación Inicial en la comunidad La Bóveda.

Las madres aprenden a estrechar lazos a través de juegos y con el uso del lenguaje del amor.

Después de tres años de impartir ese taller, consideró que las mamás que asisten “son como el barro, que hay que ir moldeando”, porque necesitan darse cuenta que del amor que les manifiesten cuando son muy pequeñitos va a depender que sean niños menos violentos, más sensibles y que tengan fortaleza para enfrentarse al mundo cuando crezcan.

Mientras Teresa daba la sesión semanal a las mamás de Tepepa, Ema contó que en los talleres les ayudan a expresar sus sentimientos maternales, porque está convencida de que ello también disminuirá el machismo que enfrentan en esas localidades, porque “si les mostramos a los hijos varones que los queremos, cuando sean hombres van a tratar mejor a sus mujeres”.

Por su parte, Azucena, supervisora con ocho años de experiencia, relató que en las comunidades como ésta es difícil que asistan al curso; las mamás son renuentes.

“Piensan que van a perder su tiempo en vez de cuidar a sus borregos o sacar a sus vacas”, dijo.

Durante dos horas, una vez a la semana, el objetivo de las promotoras es lograr que las mamás jueguen y se comuniquen con sus hijos, porque “no se trata solamente de regañarlos y gritarles, sino de mostrarles cuánto los queremos”.

Aunque al principio es muy difícil que las mamás sean empáticas en el taller, poco a poco “se van soltando”, porque les insisten en que deben regalarse “un ratito” para sus hijos.

“Yo les explico que cuando los pegan a sus pechos para amamantarlos, no sólo los están alimentando, es un momento especial  y único que deben aprovechar para platicarles, para hacerles caricias y para que se fortalezca el apego”, relató Ema.

A un mes de que concluya el curso, Ema cuenta que al principio es muy difícil retener a las mamás, porque se aburren y piensan que no es importante, de modo que hay mucha deserción, pero las que se quedan terminan muy contentas y agradecidas.

Cuando inicia el curso, relató Ema, perciben que hay pequeños agresivos, que no hablan, que se esconden detrás de las faldas de sus mamás, pero que poco a poco van perdiendo ese temor y “vamos logrando que se den cuenta que sí es importante que convivan juntos”.

“Es vital hacerles saber que todas nos equivocamos como mamás, porque los niños no traen un instructivo de cómo tratarlos, ni traen pilas. Todas nos equivocamos, pero si les mostramos afecto, podemos mejorar su desarrollo”, aseguró Ema, quien también tiene dos hijos.

Mientras las mamás aprenden a dejar a un lado los prejuicios, comentó Ema, los niños también desarrollan habilidades. Hacen bolitas de papel crepé, se ruedan, esquivan objetos y eso les ayuda al equilibrio del cuerpo.

Azucena López detalló que es un curso de estimulación temprana, pero a veces por miedo a que sus esposos no las dejen abandonan el taller sin darse cuenta que sólo se busca estrechar el lazo afectivo entre mamá e hijo, porque ello también los va a ayudar a evitar problemas que en el futuro podrían llevarlos al alcoholismo o drogadicción.

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