La aventura extrema de ser mamá

Madres hablan con Excélsior de aquellas cosas que nadie les dijo que pasarían con el embarazo

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10/05/2014 05:48  Claudia Solera

CIUDAD DE MÉXICO, 10 de mayo.- Ni siquiera en contratos crediticios se omiten tantas letras chiquitas como en esta labor. Y aunque siete de cada diez mexicanas a partir de los 15 años se dedican a ejercerla, nadie, ni las revistas especializadas, advierten que además de necesitar los múltiples conocimientos que se les atribuyen: médicos, culinarios, financieros, acróbatas, sicológicos y de maestras, también tendrán que estar dispuestas a recorrer una línea de servicio interminable, sin salario y que muchas veces esta aventura extrema requerirá tal nivel de demanda que a más de una enloquecerá.

Tampoco nadie les explica que al aceptar este contrato estarán renunciando al sueño, a su salud y hasta entregar su propia belleza. Es más, que dejarán de lado esa vida como la conocían hasta el día que eligieron este camino: ser madres.

“Yo sí pienso que la maternidad es como un deporte de alto rendimiento. Todos los días tienes que rendir, salir a correr, brincar, sortear y entrenar como cualquier atleta profesional”, dijo Pamela Salinas, bloguera del sitio Maternidad al Extremo.

Todas las mamás con hijos menores a cuatro años que dejaron su testimonio en este texto, interrumpieron la entrevista al menos cinco veces, los bebés lloraban, pedían algún juguete o un vaso de leche con chocolate y debían atenderlos y platicar cómo se ha modificado su rutina desde que adquirieron el título de mamás.

Y toda esta aventura extrema comienza desde el embarazo. En YouTube existe un video llamado El peor trabajo del mundo en el que se le explica a 24 postulantes un empleo en el que hay que trabajar de pie todo el día, 24 horas siete días a la semana y sin recibir salario alguno. Los candidatos creen que es una broma retorcida, cruel e inhumana. Al final, el supuesto reclutador explica que es el trabajo que realizan las madres.

Cuando se habla de la palabra “inhumano” es verdad. La ginecóloga Rocío Pineda explicó que las defensas de las embarazadas se tienen que debilitar para evitar expulsar a un cuerpo extraño, que no es compatible cien por ciento con ellas, porque el bebé también lleva la carga genética del padre, por lo que las atacarán todo tipo de infecciones, desde urinarias, respiratorias, etc.

“Todo me ha dado. Las mil y una enfermedades del embarazo. Desde infecciones, rinitis del embarazo, ciática, reflujo, pies hinchados. Nunca te imaginas que te va a pasar todo eso”, confesó Alejandra Ramírez, abogada de 30 años, quien antes de iniciar su aventura extrema creía que “todo sería rosa”, porque del embarazo sólo se suele decir la parte más romántica.

“Siempre que veía a una embarazada, la veía tan feliz, pero no te imaginas todo lo que hay detrás, por eso te preguntas: ¿por qué se veía todo tan lindo si no lo es?”, se cuestionó Alejandra. Entonces, cada vez que la aqueja un nuevo padecimiento, después de eso, siempre acepta que sí, en efecto, pide “esquina, por favor”.

“En esto de ser mamá, nada es como lo pintan. Al parecer no hay palabras que abarquen por completo las advertencias que otras mujeres experimentadas quieren transmitirte. Las alegrías son infinitamente más intensas de lo que suenan y las incomodidades, también”, comentó Cecilia García, activista ambiental. Hace apenas un par de meses, al inicio de su embarazo, estuvo a punto de necesitar suplementos de hierro y caer
deshidratada por tanto vomitar.

La doctora Pineda detalló paso a paso los malestares del embarazo. En el primer trimestre, el cansancio noqueará a las mamás porque su presión será demasiado baja, tendrán náuseas, perderán el apetito y vomitarán la mayor parte del tiempo por el cambio de las hormonas y las vencerá el dolor de cabeza. Después, habrá estreñimiento, hemorroides, várices, cambiará el nivel sanguíneo y subirá el colesterol y los triglicéridos, tendrán riesgo de padecer diabetes gestacional o preeclamsia. También habrá riesgo de trombosis, porque aumenta la coagulación de la sangre y no podrán respirar igual, ni profundo, es más, ni concentrarse igual, porque la irrigación de oxígeno disminuye y hasta el eje del corazón se modificará provocando taquicardia.

Y aunque cada embarazada es diferente y vivirán experiencias únicas, lo cierto es que muchas estarán lejos de ser agradables: “Al principio sentía como si padeciera una resaca durante todo un mes”, confesó Cinthya Sánchez, periodista freelance.

“Nunca te dicen que puedes apestar horrible en el embarazo. Yo todo el tiempo sudaba muchísimo y tenía el humor muy fuerte por las hormonas”, dijo la chef Victoria Corona.

Menos que una vez que la barriga llega a ser tan grande puede obstruir la vejiga y provocar incontinencia urinaria.

“Cuando estás a punto de reventar y te da mucha risa o estornudas, te haces pipí”, platicó Ana Lidia Trejo, instructora en estimulación temprana.

Las embarazadas al mirarse así de grandes y con esa “redondez”, como diría Alejandra Ramírez, frente al espejo se preguntan si en verdad lucen tan bonitas como la gente suele repetir.

Sin embargo, “al saber que tu bebé siempre te acompaña y te llena de amor, te hace aguantar el paño en la cara, por el exceso de melasma (trastorno de la piel); la celulitis que produces o la pipí nocturna. Es como prestar tu cuerpo, tu belleza y tu energía”, afirmó la periodista Cinthya Sánchez.

“Al parecer, nunca más en mi vida, forcejear con la ropa interior y exterior que ya no te queda como debería, tener que abandonar los tacones, tener nulas ganas de invertir tiempo en maquillarme, porque prefiero aprovechar esos minutos para dormitar un poco más, escuchar todas las invasiones de las que seré objeto cuando esté en trabajo de parto: que si tactos vaginales, que si rasuradas, que si exposición y desnudez frente a extraños, etcétera… A pesar de toda esa tortura física y sicológica, estoy feliz de estar embarazada. Espero que mi Regina llegue al mundo sana y salva este próximo mes de septiembre”, dijo la activista Cecilia García.

Después de pasar esta etapa de subir diez o hasta 15 kilos, en el peor de los casos, por el embarazo. Observar las estrías en el abdomen, dejar un clóset intacto por casi nueve meses, viene ese gran dolor del parto.

El único dolor comparable con las contracciones, de acuerdo con la ginecóloga Pineda, es como una víscera rota. “Así como si te explotara una vesícula o te diera apendicitis”.

En un test del portal Bebés y más, casi 200 mamás habían respondido hasta hace un par de días cuál había sido la parte más difícil del posparto y la mayoría respondió que atender al bebé sufriendo ese molesto dolor generado por la herida de la cesárea.

“Para empezar, nadie te dice que cuando salgas del quirófano no estarás hecha una varita de nardo. Que sí, en efecto salió el bebé, pero toda esa panza que tenía se te queda. Al verte en el espejo te quieres morir, yo me vi en el baño, en uno de cuerpo completo, y me puse a llorar. Si alguien me hubiera aconsejado que no me enfrentara a un espejo, no me hubiera traumado tanto”, aseguró Ana Lidia Trejo.

La parte estética muy desaliñada de sus vientres sólo será el inicio de la aventura extrema a la que deberán enfrentarse las madres de un recién nacido. Ni todos los diversos cursos para embarazadas que pagó la bloguera Pamela Salinas la prepararon remotamente para ser madre.

“No es lo mismo parir que convertirte en mamá las 24 horas del día”, aceptó.

Nadie le dijo que a diferencia de cualquier otra labor, ésta sería muy repetitiva y agotadora los primeros meses.

“Haces lo mismo y parece que nunca acabas. Cambias un pañal, y cambias otro y cambias otro y vuelves a cambiar un pañal”, explicó Pamela.

“Yo me sentía súper frustrada, ves los días eternos. Es mentira eso de que cuando el bebé duerme, tú duermes, entonces a qué hora lavas la ropa o vas al súper o haces de comer. A veces, no me da tiempo de bañarme ni de ponerme los lentes de contacto, es más, ni de ir al baño”, comentó la chef Corona.

Pero la principal molestia que expresaban las mamás entrevistadas sin importar sin eran chefs, periodistas, abogadas, ginecólogas, activistas, entrenadoras prenatales o blogueras, fue que en el mundo real poco se menciona lo enfermas, exhaustas o desesperadas que alguna vez se han sentido por ser madres.

“El mundo entero se encarga de endilgarnos atributos casi mágicos, el típico: ‘somos doctoras, cocineras, maestras, enfermeras, sicólogas, entrenadoras, etc’. No, señor, la condición de madre no nos hace perfectas por decreto”, externó.

“Al contrario, no hay día que pase sin que en algún momento me sienta la peor mamá del mundo, ya sea porque tuve poca paciencia con mi hijo mayor o porque no alimento bien a la nena de dos años”, confesó Pamela en su blog Maternidad al extremo.

Así como Catherine Connors, la autora del blog Her Bad Mother, reveló en una conferencia en San Francisco que había sufrido depresión posparto y que las redes sociales la habían ayudado a soportar la presión social de ser una madre perfecta, Pamela Salinas decidió escribir para no enloquecer.

“Yo en las redes sociales descubro y me tranquilizo al saber que no soy la única loca, la única que ha perdido la razón o el control. De pronto era muy frustrante contarle a alguien lo que me pasaba y que me contestara, ‘pues qué raro, a mí no’”.

Y tal ha sido el éxito, el desahogo y el acompañamiento a través de las redes sociales para la mamás actuales, que ya existen algunos clubes que agrupan a miles, llamados por ejemplo: Las Malas Madres, que se definen “con mucho sueño, poco tiempo, alergia a la ñoñería, con muchas ganas de cambiar el mundo o al menos de morir en el intento”.

“Tu vida social se reduce a nada, así que Facebook se convirtió en mi forma de comunicarme con el mundo exterior”, contó Victoria.

Pero, como todo, esta aventura extrema para las entrevistadas ha sido la mejor de las satisfacciones que ni siquiera la pasión por sus profesiones les ha brindado. Cada una de las frases de las madres venía acompañada de felicidad y orgullo, como la típica de “no es porque sea mi hijo, pero...”

“Antes de ser mamá, el amor que sentía era muy básico y condicionado, pero el que tengo por mi hijo es desinteresado y anestésico, no importa si me siento enferma, triste o cansada, si él me pide algo, así sea en la madrugada, me levanto, se lo doy y además le digo ‘aquí tienes, mi amor’”, dijo la periodista Cinthya.

Pamela Salinas siempre que habla de sus hijos llora: “Por alguna razón, los hijos te llenan”, insistió.

Los pequeños encargados de llevar a estas mujeres a bordo de esta aventura extrema que compartieron con Excélsior son: Larissa, Regina, Joab, Darío, Braulio, Matías, Paula, Victoria, Karla, María y Leo.

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