Padre golpeaba a niño indígena por querer ir a la escuela

Alfonso Hernández Pérez, de ocho años de edad, huyó de su padre. Trabaja dando grasa a zapatos en Chiapas

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29/04/2014 21:53 Gaspar Romero/Corresponsal
Alfonso Hernández Pérez, de ocho años de edad, huyó de su padre. Trabaja dando grasa a zapatos en Chiapas. Foto: Archivo

CHIAPAS, 29 de abril.- Alfonso Hernández Pérez, originario de San Juan, Chiapas, emigró a la ciudad solo y por la desesperación de sufrir agresiones físicas de su padre quien se opuso a que ingresara a la escuela para aprender a leer y a escribir.

Hoy en día camina por las calles de San Cristóbal de las Casas, y lleva cuestas una caja para dar grasa a los zapatos, actividad que le permite comer, ya que el dinero que gana no le permite pagar un lugar para dormir.

Con un español entrecortado, logra contestar un "sí" o un "no", pero a sus escasos 8 años y después de dos años de "huir" de su pueblo Tres Cruces, a la edad de seis años, logra comunicarse con el resto de la población.

Anhela con ir a la escuela, pero no cuenta con un acta de nacimiento. Vive prácticamente en la orfandad, aunque sus padres están vivos.

No sé leer, porque mi papá nunca me inscribió en la escuela, dice. Hablante del tzotzil en un 100 por ciento y un español muy poco, tiene que entregar 10 pesos diarios para usar la caja de madera donde guarda los utensilios para dar grasa a los zapatos.

-¿Sabes de la celebración del Día del Niño?

-No lo sé, responde.

-¿Nunca has tenido un juguete?

-No

-¿Cuánto ganas como bolero?

-20 pesos

-¿Dónde vives?

-No sé. En una casa, responde.

Duermo en el suelo; sobre un cartón. La ropa que usa -dijo-, es lo que le regalan, pero describe, que camina mucho en San Cristóbal de las Casas, para lograr ganar un dinero para comer, también menciona que no va regresar a su comunidad, por temor a su padre lo siga golpeando.

De acuerdo con la Organización Melel Xojobal, dedicada a la protección de la infancia, mediante acciones implementadas por la ONU en San Cristóbal de las Casas, suman unos 200 mil infantes que trabajan en condiciones de riesgo en el estado.

No sólo los niños de un grupo social en específico, sino que han detectado que muchas veces son ocupados para ayudar a sus padres en el trabajo de campo.

jgl

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