'La izquierda aún no es democrática': Jesús Ortega Martínez, ex dirigente del PRD

Critica la herencia caudillista, representada por lópez obrador, a la que define como dogmática. Llama a construir un modelo que impulse los valores y defienda derechos de la sociedad actual

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27/04/2014 03:07 Ivonne Melgar
Diputado federal tres veces y senador de la República, Jesús Ortega Martínez dirigió el PRD de 2008 a 2011, del cual es cofundador. Lidera la llamada corriente de Los Chuchos. Es considerado el autor intelectual del Pacto por México. En sus inicios en política militó en el PST, de Rafael Aguilar Talamantes. Foto: Luis Enrique Olivares

CIUDAD DE MÉXICO, 27 de abril.- El principal déficit de la izquierda en México es que no hemos asimilado en su totalidad los principios de la democracia, reconoce Jesús Ortega Martínez, expresidente del PRD y líder de Nueva Izquierda, la corriente hegemónica que hoy dirige el partido.

En ocasión del encuentro internacional La izquierda democrática —a realizarse la semana próxima en cinco ciudades del país— el considerado artífice del Pacto por México habla de la necesidad de retomar las mejores experiencias de gobierno de esa postura ideológica que han sabido reconocer la pluralidad de las sociedades modernas, como Brasil, Chile y España.

Cuestionado sobre la posibilidad de superar la visión abanderada por Andrés Manuel López Obrador, de no acordar ni dialogar con el gobierno federal, Ortega Martínez señala que el “modelo caudillista” es una herencia que nos está costando mucho vencer.

“Parte de nuestra historia, la más trágica, siempre ha sido elevar altares para colocar santos o beatos. Pero la política en México ahora debe sustentarse en la acción ciudadana y en la construcción de instituciones democráticas.”

Sostiene que uno de los principales retos es impulsar desde el sistema educativo la formación democrática de la que ahora carecemos como sociedad.

“Si uno se mete a las redes sociales a exponer una idea, inmediatamente hay quienes no debaten sino descalifican, porque aún hay incapacidad para reconocer a los diferentes”, argumenta.

Al exponer sobre los objetivos de este encuentro que reunirá a destacados exponentes de la izquierda en el mundo, Ortega Martínez plantea que ante el arquetipo de que el único camino es el mercado y el capitalismo, resulta necesario encontrar alternativas económicas y políticas para garantizar libertades y derechos: igualdad, mínimos y básicos de bienestar. 

“Ese ha sido el propósito histórico de la izquierda, y ahora necesitamos encontrar fórmulas para que se convierta en realidad”, señala.

— ¿Qué implicaciones tiene ser una izquierda democrática?

—La izquierda no puede, como lo hizo en ocasiones anteriores, desprenderse y separarse de la democracia. En algún momento de la historia se convirtió en dictadura, el socialismo real, cancelando derechos y libertades, sin resolver los problemas que se había propuesto resolver. Ahora a ese concepto de igualdad que la ha identificado debe sumarse el de la democracia. Porque no se puede concebir hoy a la izquierda si no es democrática.

“La política también es confrontación de ideas, pero con civilidad.”

—¿Significa que no es suficiente aceptar las reglas de la disputa del poder por la vía de las urnas?

—Hoy las sociedades en todo el mundo son plurales. Y una izquierda que pretende el mayor bienestar para el mayor número posible de personas necesita comprender eso, y que, por lo tanto, no pueden resolverse los problemas nacionales eliminando a los diferentes, como alguna vez se pretendió desde la visión de una izquierda primitiva. Este reconocimiento de la pluralidad no es un tránsito. Es una realidad que no va a cambia, y  la izquierda necesita reconocerse en los valores democráticos: la tolerancia, el saber ganar elecciones y aceptar cuando se pierde, y el derecho de opinar de los otros para que se nos reconozca el nuestro.

—¿Cómo ser una izquierda democrática desde la oposición?

—Ése es un tema fundamental en sociedades plurales, donde casi todos los gobiernos son divididos. Nadie gobierna todo; pretender imponer una visión al conjunto es un despropósito. Necesitamos ejercer los valores democráticos para que el sistema de gobiernos divididos no se convierta en gobiernos fracasados. La oposición de izquierda o de derecha entonces debe estar dispuesta a dialogar con los otros para hacer eficaz la acción pública.

“Como gobierno en la capital del país, el PRD debe entender que existe un significativo número de ciudadanos que no piensa como nosotros. Y como oposición ante el gobierno federal debe hacer una acción política que lo obligue a buscar acuerdos para que funcione el país, no en función de los intereses de los partidos sino de los intereses de la gente.”

—En los hechos, sin embargo, esto aún no es una realidad y la izquierda mexicana debe aprender de otras experiencias.

—El principal déficit de la izquierda en México es que no hemos asimilado totalmente los principios de la democracia. A veces nuestra vida interna es antidemocrática, y nuestro comportamiento ante los ciudadanos también es falta de valores democráticos. Le he preguntado a algunos compañeros: ¿tienen derecho a pensar de derecha algunos ciudadanos mexicanos? Nosotros en la izquierda tenemos que decir inmediatamente que sí.  El debate civilizado que busque consensos es una de nuestras ausencias fundamentales.

—¿Cuáles referentes debe atender la izquierda mexicana a nivel mundial y regional?

— Hay muchos ejemplos. En la Europa de la posguerra la socialdemocracia creó gobiernos que, me parece, son los que más han alcanzado un desarrollo humano social y político en la historia de la humanidad. Hay ejemplos en Europa del norte y en la España después del franquismo. O Francia después de la Segunda Guerra Mundial. Y en América Latina está lo que lograron los chilenos para zafarse de la dictadura de Pinochet y su gobierno actual. O Lula en Brasil, donde el PT es una gran alianza de fuerzas políticas diversas. Está el Frente Amplio de Uruguay con organizaciones de centro izquierda y liberales. Incluso ahora en Ecuador y en Bolivia, sus gobiernos de integración son de inclusión política y social. Son muchos los ejemplos de que se puede ser consecuentemente de izquierda, siendo democrático. Porque se puede luchar por la igualdad y al mismo tiempo por las libertades y los derechos políticos. Eso es lo que rompe con las visiones de la vieja izquierda de los absolutismos, donde se piensa que existe una verdad absoluta y que alguien la posee.

—Es optimista de su parte hablar de la vieja izquierda si asumimos que en México, por ejemplo, el PT defiende a capa y espada los excesos en Cuba o en Venezuela.

—Existe y actúa la vieja izquierda. Y digo vieja en el sentido de las ideas anacrónicas, fuera de nuestro tiempo. Pero incluso en Venezuela se accede al poder por la vía de las urnas. Ahora mismo se está dando un proceso muy interesante de la polarización extrema al acercamiento y al diálogo entre las partes. Porque éste es un instrumento fundamental de la política. En Nicaragua hubo un movimiento revolucionario importante, pero ahora hay elecciones. Con claroscuros, sí, pero hay. Y en Cuba se está dando un proceso de apertura. Ojalá se diera más rápido y pronto para que sus avances en educación y salud se acompañen de avances en la vida democrática.

“La democracia está llegando para instalarse de modo definitivo en América Latina. La edad de plomo, de la violencia revolucionaria, de la guerra, se está quedando en los archivos históricos.”

—¿Consideras que hay un relevo generacional en la izquierda mexicana capaz de ejercer el ideario de esta opción con valores democráticos?

—Sí hay una nueva generación que entiende los derechos de todos como algo obligado de nuestros sistemas políticos: el derecho a pensar diferente, a expresar su punto de vista sin censura, a reconocer a los diferentes, pero traemos un lastre histórico que no hemos podido superar: el de los hombres fuertes que sintetizan todo. Debemos sustituir la visión de los caudillos desde antes de la llegada de los españoles, que continúa en la vida colonial, en los efímeros imperios y en repúblicas sustentadas en presidencialismos, minusvaluando a los congresos, y que se mantiene en lo que Daniel Cosío Villegas llamó la monarquía sexenal, el poder sintetizado en un solo personaje. Esa herencia sigue pensándonos para comprender que la solución a los problemas no provendrá de un individuo por más fuerte, talentoso, inteligente y carismático que sea.

“Y para ello necesitamos una reforma educativa que impulse la enseñanza de la civilidad democrática. La democracia no se importa como un producto: se enseña desde los primeros años en la escuela.”

—¿Qué tanto se avanzó con el Pacto por México en la difusión de los valores de una izquierda capaz de dialogar y coexistir con los diferentes? Al parecer en el PRD aún hay muchos que consideran un error el construir acuerdos con el presidente Enrique Peña.

— Entre algunos compañeros hay dos elementos que impiden reconocer esta realidad de diversidad: el dogmatismo que les impide cambiar, porque se aprendieron las viejas ideas de la izquierda primitiva, una visión de iglesia, cuasi religiosa, de evangelio. Y un poco de ignorancia, porque el fin de la edad de plomo, de las dictaduras, se dio siempre con pactos en las que participaron la izquierda y otras fuerzas.

“Ocurrió en Argentina, en Brasil, en Uruguay, en Chile y en Centroamérica. Esto que ven como algo inédito en México, un pacto entre fuerzas políticas, es tan antiguo como la historia de la política y de la humanidad. Pero como estamos acostumbrados a esa visión absolutista, el dialogar con el diferente y lograr acuerdos con los contrarios se les hace antipolítica, cuando es parte de la esencia de la política. Hacer pactos no destinta a nadie, se hacen a diario en el Congreso. Así salió ayer (viernes) la Ley de Competencia Económica que busca acabar con los monopolios, porque nadie tiene mayoría.”

—¿No es muy cansado buscar este tránsito que va del dogmatismo al reconocimiento de la pluralidad?

—Sí, es muy cansado, es un trabajo muy intenso. Pero es parte de una convicción. A lo mejor en Roma hoy están haciendo santos y beatos, pero la beatitud en los políticos es una actitud demagógica. Necesitamos reconocer que la solución de los grandes problemas nacionales —pobreza, desigualdad, no crecimiento— será resultado si no de todas, de una buena parte de las fuerzas políticas.

 

Cumbre

El Encuentro Internacional de la Izquierda Democrática. Su perspectiva y sus desafíos se efectuará del 28 al 30 de abril y del 2 al 4 de mayo.

  • Las serie de conferencias tendrá lugar en sedes académicas y turísticas de la Ciudad de México, Guadalajara, Puebla, Cuernavaca y Acapulco.
  • Entre otros ponentes asistirán José Woldenberg, Enrique Krauze, Jesús Zambrano, Jorge Castañeda, Héctor Aguilar Camín, Agustín Basave, Pablo Gómez, Salomón Chertorivski, Martha Lamas y Juan Ramón de la Fuente, entre otros mexicanos. Participan algunos gobernadores.
  • Asistirán diversos ponentes de América Latina, entre otros, Luis Maira, de Chile; Gustavo Petro, de Colombia; Luiz Dulci, de Brasil; Beatriz Tolá Bermejo, de Ecuador, con la destacada participación de Álvaro M. García Linera, vicepresidente de Bolivia.
  • También habrá representantes de la izquierda mundial, como Michel Vauzelle, de Francia; Francesca Di Ulisse, de Italia, Daniel Yates, de España, y Alfred Gusanbauer, de Austria.

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