25 años de Razones: he intentado adaptar el nuevo periodismo a mi estilo

Para Jorge Fernández Menéndez las fuentes “son fundamentales y no se traicionan”; asegura que el oficio está presionado por poderes fácticos, pero rechaza que haya censura

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28/03/2014 07:45 Ivonne Melgar
Jorge Fernández Menéndez sostiene que ahora el periodismo sólo puede entenderse desde un ejercicio multimedia.
Jorge Fernández Menéndez sostiene que ahora el periodismo sólo puede entenderse desde un ejercicio multimedia.

CIUDAD DE MÉXICO, 28 de marzo.- Jorge Fernández Menéndez tiene 25 años con su columna Razones. Con el tiempo, ha decidido desahogarla siempre en las primeras horas del día. Su redacción, cuenta, le toma en promedio una hora. 

Le preguntamos si sufre al escribir. Responde que de ninguna manera, que se trata de un momento de gozo en el que la prioridad es explicarle a la gente el porqué de las decisiones del poder, de los poderes.

Conductor de un noticiario vespertino en Grupo Imagen Multimedia y de otro nocturno en Canal 40, el columnista sostiene que ahora el periodismo sólo puede entenderse desde un ejercicio multimedia.

De las diversas transiciones que ha atestiguado, subraya lo disfrutable que fue la del año 2000 y la relevancia del debate político que entrañó la elección presidencial en 2006.

En entrevista, Fernández Menéndez asegura que hoy el oficio se encuentra presionado por poderes fácticos, pero rechaza que exista censura.

Y desde la experiencia de desmenuzar al poder, revisa los  estilos personales que, en el trato con la prensa, han marcado los últimos cinco sexenios, de los que él ha dado cuenta.

Trato con cinco presidentes

“El presidente Salinas era un hombre muy cercano con los medios de comunicación, él se acercaba directamente a periodistas para ir, opinar, debatir, transmitir información. Era fantástica su capacidad para comunicar, más allá de los juicios políticos que se puedan hacer. Zedillo era un hombre muy lejano hacia los medios, no le gustaban y fuimos muy pocos los periodistas que tuvimos contacto con él, pero tenía alrededor tres o cuatro personas que sabían hacer bien esa labor: un Liébano Sáenz o un Diódoro Carrasco, en la Secretaría de Gobernación.

“Vicente Fox y Marta Sahagún, en la campaña del año 2000, eran una maravilla y cuando uno quería saber algo, la comunicación con él, como Presidente, era muy sencilla, directa y bastante abierta. Felipe Calderón se acerca más al modelo de Zedillo, aunque sin esos niveles de distancia, porque se reunía regularmente con comunicadores de todos los grupos, pero era un hombre al que le costaba su relación directa con los medios. Sin embargo, no tuvo un buen equipo que comunicara alrededor suyo. Era muy escaso, muy solo y dependía mucho de la comunicación con él.

“Creo que con el presidente Peña Nieto la comunicación es tradicionalmente priista, es mucho más mexiquense, es de entendidos, de mensajes mucho más cortos.”

Las razones cabronas

Publicada por primera ocasión en unomásuno el 19 de marzo de 1989, Razones también fue parte de las páginas de opinión de los diarios El Financiero y Milenio.

Fernández Menéndez comparte que sus referentes fueron las columnas de Miguel Ángel Granados Chapa y de Manuel Buendía. Un balance entre información y análisis, algo diferente a la tradición de textos convertidos en espacios de mensajes y chismes de los protagonistas del poder.

Recuerda como grandes momentos de su oficio el clima civilizado que caracterizó las elecciones de 2000 y la intensidad de 1994 y 1995 por los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu, la crisis económica y las investigaciones de Pablo Chapa Bezanilla.  “Fue un periodo muy importante. Ahí comencé a publicar libros y me concentré más en el tema de narcotráfico”, detalla.

—¿La columna política es un género para comprender al poder, interpretarlo o para presionarlo?

—“Quizá es parte de todo eso. Una verdadera columna tiene que ser para explicarle a la gente lo que está sucediendo de verdad. Si el poder se siente presionado, qué pena o qué bueno. Si se siente interpretado, qué pena o qué bueno. Lo importante es que la columna tiene que ser muy clara.

“Respeto las columnas a la antigüita —que todavía siguen existiendo— de que comentas algo para que fulano interprete lo que le quieren decir desde otro lugar. Lo que yo siempre he tratado de hacer es que la columna sea absolutamente clara para que la entiendan fulano, sutano, el lector, sin mensajes subliminales. 

“Tienen que ser claras y transparentes en lo que se quiere decir. Y que el lector no tenga que andar adivinando si es el Presidente el que le quiere hablar al líder de la oposición, o al revés. Trato de no adjetivar, sino de exponer razones y hechos. Y si tú te basas en trabajar con hechos, aunque sean muy duros y las razones muy cabronas, me parece que hay un respeto de los ámbitos del poder.”

Las presiones

Por supuesto que existen las presiones, admite. Pero aclara que éstas no han provenido de gobiernos federales, sí de autoridades estatales y del crimen organizado.

De su acercamiento al narcotráfico, explica que se da bajo la claridad de que se trata de un factor de poder.

“Mi columna quiere explicar lo que sucede en el poder y a éste yo lo entiendo en el gobierno, los partidos políticos, las empresas y la Iglesia. Y lo que hice fue agregar el poder del crimen organizado”, explica.

Autor del libro Narcotráfico y poder —entre una decena de títulos—, aclara que no le interesa el aspecto policiaco del tema, sino los efectos de los grupos delincuenciales como una expresión de las luchas por el poder.

De la relación directa que ahora se tiene con los lectores a través de las redes sociales y del intercambio de comentarios en los sitios de internet, comenta: “está el tema muy sano de la retroalimentación de los lectores y algo que me parece muy negativo, una suerte de militancia donde alguien te insulta por algo que ni siquiera dijiste (…) Creo que eso comenzó en 2006, fue el momento más agudo, en la campaña presidencial, y se mantiene”.

 Iniciado en el diarismo y ahora comunicador en medios electrónicos, plantea que el papel de la prensa escrita en el periodismo sigue siendo fundamental.

“Creo que alguien que no sabe escribir hace mal la radio y mal la televisión, porque escribir es poner tus ideas en negro sobre blanco, que salgan publicadas y queden para las hemerotecas. En televisión y en radio las cosas son diferentes, por la inmediatez. Creo que el periodismo actual es multimedia. Nos tenemos que educar para escribir muy bien, para hacer buena radio y buena televisión. Si no sabemos hacer las tres cosas vamos a estar cojos.”

Voraz lector, melómano plural, al día con las novedades literarias, cinematográficas y de cualquier tendencia global de las expresiones artísticas, Fernández Menéndez sostiene que el periodismo exige “estar inmersos en la cultura de la época”.

De lo contrario, las limitaciones se imponen, advierte, porque no basta la intuición para escribir del mundo en el que estamos.

“Y con los políticos ocurre lo mismo”, señala.

Relata su experiencia en el trato con el general Enrique Cervantes, secretario de la Defensa Nacional en el sexenio de Ernesto Zedillo, quien en su primer encuentro lo invitó a conversar sobre la coyuntura en Chiapas, pero el tema sólo les ocupó 15 minutos, porque durante la hora previa platicaron de un gusto común: el jazz.

“Eso hace la diferencia entre un político que tiene una visión global y quien carece de ella.”

Las fuentes, las columnas memorables

Habla de la importancia del cultivo de fuentes. “Son fundamentales. Intento ser hijo del nuevo periodismo. Y lo he tratado de adaptar a mi estilo. Y sin fuentes no se puede hacer periodismo, pero en la lógica del nuevo periodismo, lo que éstas te dicen no es para transmitirse automáticamente, sino que tienes una relación de cercanía y distancia.

“Tengo la idea de que uno nunca traiciona a sus fuentes. Y lo que es off de record es eso. Y si vas a sentirte tentado de escribirlo, mejor no lo escuches. He tenido la suerte de cultivar fuentes y relaciones en todos los partidos, se llamen Cuauhtémoc Cárdenas, Carlos Salinas o Felipe Calderón, porque creo que si tú los respetas a ellos, ellos te respetan a ti. Una relación profesional sobre el entendido de que nunca actuarás como una marioneta de tus fuentes”, define.

Se le pregunta si hay columnas significativas. Habla de los textos en que abordó el caso de los narcojuniors en Tijuana, tema que también desarrolló Jesús Blancornelas.

“Y una mañana me desperté con el atentado que él (Jesús Blancornelas) había sufrido y con la llamada de un altísimo funcionario que me decía que por eso habían atentado en su contra”, recuerda.

Se refiere a las reacciones que generó en grupos criminales la investigación de los nexos entre el narco y el asesinato de Colosio.

Y destaca como una de sus indagaciones preferidas la de la muerte de Eugenio Garza Sada, donde demostró que el gobierno de Luis Echeverría estuvo involucrado.

“Me gustó haber discutido tanto con Andrés Manuel López Obrador en 2006. Para mí fue muy importante, era un debate de principios porque vengo de una historia familiar de izquierda”, comparte.

Enumera otros temas polémicos revisados en Razones y que desataron ámpulas: el poder de los Tecos, los grupos de ultraderecha y la muerte de Manuel Buendía, y el autoatentado del gobernador José Murat, en Oaxaca.

La censura, los poderes fácticos

“He tenido presiones, he tenido debates, he tenido apoyo y falta de apoyo, pero también he tenido la enorme suerte de no enfrentarme con temas de censura directa, que por otra parte son muy escasos en esta época.

“Creo que en muchas ocasiones en nuestra labor son más nuestras limitaciones, o autocensuras, las que operan, más que las estructuras de censura reales, salvo el tema de poderes fácticos que sí operan, sí presionan y sí limitan la actividad del periodista, sobre todo en los estados”, resume.

Sostiene que atrás quedó la época en que se pretendía clasificar a los informadores entre progobiernistas y antigobiernistas.

“Eso de que no puedes criticar a la Virgen, al Ejército ni al Presidente, a mí me tocó vivirlo. Y tuve debates intensos por esos temas, sobre todo por la Virgen”, rememora en alusión al escándalo que en los años 80 desató una exposición que incluía la imagen de la Guadalupana fusionada con Marilyn Monroe.

“Todo eso ocurre y cuenta mucho menos. Eso de ser gobiernista o antigobiernista tampoco importa. Uno debe tener causas y objetivos y trabajar por ellos. Si tienes que apoyar, lo haces, y si debes criticar, criticas.

“Ahora sí creo que hay poderes fácticos mucho más duros. Me refiero al crimen organizado, la Iglesia católica, grupos empresariales que determinan muchas cosas en el ámbito de la información. Creo que esos son más rudos y juegan más rudo”, alerta.

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