Trayectoria de Colosio; extractos del libro ‘ Colosio. El futuro que no fue’ (III)

Tras el atentado a Colosio, el presidente Salinas de Gortari dio un mensaje a la nación

COMPARTIR 
24/03/2014 05:45 Redacción
mensaje oficial
Mensaje oficial

Tercera y última parte

CIUDAD DE MÉXICO, 24 de marzo.- El diputado Heriberto Galindo Quiñones prosigue su relato, donde recuerda la carrera política de Luis Donaldo y su violenta interrupción en Lomas Taurinas.

“Colosio se convirtió en diputado federal por el Distrito de la sierra de Sonora que cubría su natal Magdalena e incluía entre otras poblaciones Cananea, Nacozari, Esqueda, Moctezuma, Agua Prieta, Cumpas, Babispe y Arivechi. En su campaña tuvo el apoyo fuerte y definitivo de Armando López Nogales, Alberto Villaescusa y Eleazar Galindo, que fueron sus incansables promotores del voto. El famoso beisbolista profesional El Chero Meyer fue su suplente. La convivencia entre nosotros continuó de manera muy cercana, Luis Donaldo en la Cámara de Diputados y yo en el CREA, donde frecuentemente le facilitábamos una oficina privada y los teléfonos para que operara políticamente; fue delegado de la CNOP en mi natal Sinaloa y presidió la Comisión de Presupuesto de su Legislatura en su calidad de hombre cercanísimo del titular de la SPP.

“Sobre su deseo de ser delegado general del PRI, en mi carácter de miembro del CEN y amigo del presidente licenciado Jorge de la Vega Domínguez, yo mismo le transmití varias veces la solicitud de Colosio, pero nunca me dio respuesta alguna, ni un sí ni un no, no obstante que lo apreciaba y sabía de su cercanía con Salinas de Gortari y, ¡oh! los vaivenes y lo raro de la vida y de la política: a Luis Donaldo Colosio le correspondió relevar en la presidencia del Partido Revolucionario Institucional al mismísimo licenciado Jorge de la Vega Domínguez. Así es la vida y así es la política.

“Primero fue designado oficial mayor del Comité Ejecutivo Nacional del PRI y en esa calidad fungió como coordinador de la campaña presidencial, y más tarde fue elegido presidente, donde en el marco de la XIV Asamblea nacional, donde tuve el honor de representarlo en la mesa que se desarrolló en Tlaxcala, tuvo posibilidades de realizar reformas que actualizaron los documentos básicos del partido: entre otras innovaciones se creó el Consejo Político Nacional, la Fundación Siglo XXI que hoy lleva su nombre, la Escuela de Cuadros hoy ICADEP; se fortalecieron las organizaciones de las mujeres y de los jóvenes y se impulsó una política internacional.”

Como es sabido, quienes asumen un nuevo puesto tienen la libertad de convocar a sus colaboradores.

“Colosio llevó como secretario general del CEN al excelente político campechano Rafael Rodríguez Barrera, quien fue su relevo inmediato aunque temporal, cuando el sonorense fue designado titular en la Secretaría de Desarrollo Social, a donde llegó acompañado de Alfonso Durazo, Rafael Reséndiz, Liébano Sáenz, José Luis Soberanes y Samuel Palma, entre otros connotados colosistas camino a la candidatura presidencial, camino surgido e iniciado aquella noche de Magdalena, cuando Luis Donaldo dejó las antorchas preparatorianas encendidas, en busca de otras mayores y emprendió su marcha a bordo del autobús que lo llevó a Culiacán y, más tarde, el mismo camino y el destino lo llevarían a Monterrey, a Filadelfia, a Viena y a la Ciudad de México, donde ocuparía los cargos y posiciones aquí descritos y detallados, hasta convertirse en el candidato presidencial de la esperanza.

“De allí, a recorrer lo que pudo en unos cuantos meses de campaña, parte del país, entre otras entidades por el Distrito Federal, Hidalgo, Michoacán, Jalisco, Colima, Sinaloa, Baja California Sur y Baja California, donde en Tijuana, en el horroroso espacio de Lomas Taurinas, cuando la infamia la consumaron con dos disparos y, al cegar la vida del hombre noble, limpio, digno, valiente y brillante que fue Luis Donaldo Colosio, cerraron el camino, acabaron con la vida, con el sueño y con la realidad, y con ello destruyeron el porvenir y el paso iniciados por el político sonorense que había sido llamado a ser uno de los grandes presidentes de México.

“Aquella noche de las antorchas encendidas en la azotea de la escuela preparatoria de Magdalena, cuando su padre don Luis Colosio Fernández fue por él, prácticamente a la fuerza, al lugar donde se fraguaba su verdadera personalidad, con la sensibilidad humana que siempre lo caracterizó hasta llegar a convertirse en la esperanza de México, nadie imaginaba lo que ocurriría 27 años después, para desgracia de los mexicanos que aún no nos reponemos del impacto y de los efectos tan nocivos de aquel crimen y de aquella felonía aún no suficientemente aclarados, no obstante investigaciones, libros, novelas y películas realizadas en torno a un magnicidio que retrasó el progreso integral de México y que enlutó a los mexicanos.”

Después del asesinato de Colosio, Heriberto Galindo acompañó a la viuda Diana Laura de Tijuana al DF, adonde llegó el féretro.

“Luego del magnicidio, el 24 de marzo, durante la madrugada acompañé a Diana Laura y al féretro desde Tijuana al Distrito Federal, por la mañana al llegar a la capital de la República montamos guardia en el auditorio Plutarco Elías Calles del edificio del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, como veníamos de desaliñados, sin dormir, más tarde estuvimos en la Funeraria Gayosso de Félix Cuevas, donde se veló y al día siguiente; el 25, Pedro Joaquín Coldwell, mi familia y yo fuimos temprano al Panteón Dolores, ubicado en la Avenida de los Constituyentes, donde se pretendía cremar el cuerpo del que fuera nuestro candidato presidencial y, supe que con una orden de Diana Laura, su esposa, se suspendió esa intención que habría sido funesta y nefasta para las investigaciones posteriores que deberían de llevarse a cabo.

“En las idas y venidas estaban Santiago Oñate Laborde y Miguel Montes García, quienes, me consta, habían sido grandes amigos de Colosio, al igual que Pedro y Dante. De don Miguel Montes hablé con Luis Donaldo en Culiacán la noche del 22 mientras cenábamos unos sándwiches fríos con unas cocacolas sin gas, que le había llevado el mayor Castillo (su jefe de ayudantes), a la Suite 5001 del hotel Executivo ya entrada la noche. Me dijo que tenía grandes planes, de primer nivel, para el brillante abogado guanajuatense. Después, fuimos también a Magdalena de Kino, donde acompañamos a su familia, a sus padres, a sus hermanas y a su hermano en especial, cuñados, amigos, lo entrañable, en su casa; luego llegamos al panteón municipal y allí estuvimos, al pie del cañón, como decimos allá, muy impactados por la pena y el dolor que nos causó la muerte de nuestro querido amigo, respetado e inolvidable jefe y líder que vive en nuestros corazones, en nuestros cerebros y en nuestros sueños, ideas e ideales.

“Todavía recuerdo la emoción que aquella tarde del 25, en pleno sepelio, me causó el hermoso corrido Sonora querida, el segundo himno de los sonorenses, cantado a capela por el excelente cantante vernáculo sonorense Gilberto Valenzuela El Sahuaripa, mientras el féretro bajaba metros bajo tierra y don Luis Colosio, Diana Laura y sus hijos allí estaban, al frente, vigilantes, sollozantes y atentos a todo.

“Salimos enseguida, cuando acabó todo. Vibrante Diana Laura, y fuerte, no obstante la debilidad que le provocó su enfermedad terminal, vestida de negro, soplándole el viento su bella cabellera, pronunció palabras inolvidables para mí, llenas de dolor y de amor hacia su esposo: “...Las balas del odio y el rencor cegaron la vida de Luis Donaldo...”

Relacionadas

Comentarios