TLC, Chiapas , homicidios, comicios... el caos

Ocho figuras que vivieron en carne propia la vorágine política, económica y social de 1994 hacen un balance de los temas que, a 20 años de distancia, siguen sin resolverse

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23/03/2014 03:37 Wilbert Torre/Especial

CIUDAD DE MÉXICO, 23 de marzo.- Fueron actores y operadores del antiguo régimen y miembros de su oposición histórica. Algunos han conocido ambos mundos a fondo. Ocho políticas y políticos revisan el año 94 como parteaguas de la historia moderna.

En ningún caso hay una valoración única de México. Coinciden en que estos 20 años desde la vigencia del TLCAN, el estallido zapatista y los asesinatos políticos, están repletos de claroscuros y contradicciones: México de modernidad y México bronco. Evolución y pobreza. Avance democrático y autoritarismos locales. Consolidación institucional contra poderes fácticos.

Es imposible analizar el año del TLC, Chiapas y los asesinatos políticos sin Manuel Camacho Solís; “2014 es la herencia del 94, pero es un dilema diferente en lo económico, lo político y lo social”, dice 20 años más tarde del instante en el que actuaba en Chiapas por órdenes de Carlos Salinas.

“Lo que pasó en 94 es producto de todo un proceso: 82, la ruptura entre el PRI y los empresarios por la expropiación de la banca, y 88, la generación del TLC, una salida a los problemas económicos, marcado por el levantamiento del EZLN que expresó los problemas de gobernabilidad y el tema social no resuelto; y la violencia política que se va a exacerbar y a abrir toda una época de violencia no sólo política, sino como antecedente de la violencia criminal de los siguientes años.”

Tiene 68 años, el cabello blanco y el rostro aniñado que hacía que en los años 90 los periodistas le llamaran Chamaco Solís. Dice que los eventos de ese año no pueden ser vistos de manera aislada. Es un año de condensación política: acontecimientos extraordinarios que tendrán repercusión en los años siguientes.

“La crisis de diciembre de 94 afectará al país mucho tiempo e incidirá en la crisis bancaria. Todavía en este momento acarreamos parte del costo. En el caso del EZLN se frenó la violencia, pero el tema social no se resolvió. Y los temas de violencia se fueron al terreno criminal. No se pueden sacar proyecciones lineales, pero sí entender por qué se llegó a eso en el 94.”

Camacho sostiene que hoy el país vive otro momento. En términos económicos la discusión ya no es sobre el modelo y las reformas estructurales, todas ya en marcha, sino por qué a pesar de las reformas la economía no crece. El debate es la situación de la economía mexicana hoy en el mundo, distinta a 94. El surgimiento de China como gran competidor.

“Hoy la fórmula económica no es suficiente; hay un debate de por qué no se está creciendo y obstáculos no resueltos: el estado de la infraestructura, disposición de empresarios a invertir, el deterioro de la capacidad de las ingenierías del país para aterrizar proyectos.

“En términos políticos también es otro el debate. Hoy el tema es, con el regreso del PRI, cómo se reconfigura el régimen político para hacer gobernable al país. Ya no estamos en el mismo dilema. Antes se discutía si iba a haber transición. Hoy se discute después de la alternancia, cómo se vuelve gobernable el país, si con más autoritarismo o más democracia.

“En términos sociales estamos en una situación más grave a 94. Hoy tenemos una acumulación muy grande de problemas sociales, generaciones enteras de jóvenes que no encuentran empleo, que emigran, una situación más conectada con el mundo para bien y para mal, tanto los movimientos migratorios de Estados Unidos como el movimiento de armas de Estados Unidos a México, los negocios ilegales, una consolidación de grupos económicos con mayor autonomía que entonces, y una reconfiguración del territorio con el fortalecimiento de los gobernadores y, a la vez, su debilidad para defender el interés público y establecer el orden en sus estados”, advierte el senador Camacho.

La violencia como forma de denuncia social

“El alzamiento zapatista rompió en mil pedazos la ilusión cultivada cuidadosamente de una nueva prosperidad”, advierte Dulce María Sauri, primera gobernadora de Yucatán. El domingo que su amigo Luis Donaldo Colosio era ungido candidato, ella se mudaba del Palacio de Gobierno. Renunciaba a la gubernatura luego de que una “concertacesión” en la era salinista despojó de la alcaldía al candidato de su partido en favor del PAN.

“Los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu ocurrieron en medio del levantamiento en Chiapas. El país fue azotado por una percepción de la violencia como forma de denuncia social: Chiapas vinculada a la pobreza y los asesinatos, a la lucha por el poder.”

Sauri hace memoria: tras la muerte de Colosio el bien a tutelar en los intereses de la Presidencia salinista era el modelo liberal. Inhabilitado Pedro Aspe, la nominación recayó en Zedillo, segundo custodio de los cambios económicos.

“Poco se recuerda del acelerado deterioro de las variables macroeconómicas, incluida la salida de fondos de inversión. Los tesobonos actuaron como factor de retención, a un alto costo, como se vería en diciembre. Para el PRI el final de año fue una especie de ‘boulevard de los sueños rotos’: de un primer lugar en el mundo desarrollado y de un presidente surgido de la clase política y no de la tecnocracia.

“El PRI perdió mucho más que a un candidato: el primer presidente del partido que alcanzaría la Presidencia. El PRI perdió la Presidencia a partir de la crisis de 1994. Las duras medidas para contrarrestarla desgastaron seriamente el apoyo popular.”

El presidente de la “sana distancia” —cita sin nombrar a Zedillo­— aprendió que el PRI y su mayoría en el Congreso eran indispensables para recuperar el control económico y usó esa mayoría para aumentar el IVA y absorber las obligaciones de los tesobonos. La mayoría del PRI salvó al país a costa de su capital político.

“Aprendió la oposición al PRI a negociar con eficacia, con la histórica reforma electoral de 1996 y que podía derrotar al gobierno en las urnas. Aprendió el Presidente que tenía que conducirse más como jefe de Estado y menos como jefe de partido. Por su origen y compromiso, no le fue difícil adoptar esta norma como de íntima convicción.

“No aprendió el PRI que no bastaba con retomar el rumbo del crecimiento y el TLCAN para que la clase media olvidara el desempleo, sus casas en manos de los bancos y sus expectativas del futuro prometido. No aprendió el gobierno que la violencia no es un compartimiento estanco, al cual se le puede aislar y controlar. Que la descomposición del tejido social es la que hizo posible el asesinato de Colosio y Ruiz Massieu; que las muertes en Chiapas podían derivar hacia Acteal; que las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez podían transformar a esa ciudad en el epicentro de la violencia criminal durante muchos años. La violencia no surge de la nada ni tampoco deriva hacia la nada: tiene consecuencias duraderas. Nadie se salva.”

Para Sauri, México cambió para bien en pluralidad política y competencia electoral y para mal en la conformación del Estado y su funcionamiento. Las reformas planeadas —apertura económica y comercial— y las impuestas por las circunstancias se hicieron sin tomar en cuenta su repercusión en el ejercicio del poder: el Estado ha compartido funciones con otros poderes
—los denominados “fácticos”— del mundo del capital, de la religión, y en algunas regiones, del crimen organizado.

TLC vs. Chiapas

“Veinte años nos tomó recuperar el camino a la modernización”, observa el diputado Javier Treviño, quien en el 94 construía la política internacional del candidato Colosio. Los asesinatos políticos, advierte, debilitaron al PRI y pudieron contribuir a la alternancia. Con el tiempo simbolizaron presuntas resistencias a los esfuerzos de modernización.”

Sostiene que el TLCAN se convirtió en un factor de estabilidad macroeconómica, y el alzamiento del EZLN generó mayor conciencia sobre la pobreza y la urgencia de políticas públicas para abatir la desigualdad.

“La creación del IFE nos permitió contar con instituciones electorales confiables; las derrotas y los triunfos contribuyeron a que todos los partidos políticos, incluyendo al PRI, estuvieran en una mayor sintonía con el electorado y las demandas de la ciudadanía. Al menos en el caso del PRI, también ocurrió una apertura a nuevas generaciones.”

“Una lección aprendida es la importancia de atender las exigencias de la sociedad. Entre las no aprendidas, la obcecación con el cambio por el cambio mismo: en 12 años las administraciones panistas no dieron continuidad a políticas públicas que habían demostrado ventajas. Tras 20 años hay avances en la disciplina macroeconómica y unas instituciones electorales confiables. Hay retrocesos en seguridad.”

Rupturas históricas

Mariano Palacios es embajador en el Vaticano. Ha sido casi todo en el PRI y es uno de los priistas más intelectuales y reflexivos. Para él, 1994 fue un año de rupturas históricas y dos visiones de país: un Estado que pretendía ser moderno y otro que no era fermento de contradicciones sociales. El México del TLC era, a la vez, el del EZLN. La economía que pretendía abrirse paso al mundo cargaba con la insurrección zapatista y los homicidios sin desenlaces judiciales convincentes.

“La economía de diciembre nos vulneró. Los  paradigmas se difuminaron. Aprendimos que México es una realidad política compleja que requiere mayor reflexión, diálogo y tolerancia. La doble pertenencia de México, al norte con el TLC, y hacia América Latina se alteró seriamente. Nos alejamos de América Latina.”

En esos años, subraya, el Ejecutivo dejó de ser iniciador de leyes y el Congreso asumió ese papel. Y la Suprema Corte se transformó en un nuevo epicentro de institucionalidad. Pero los gobernadores asumieron el poder que el Ejecutivo tuvo en el presidencialismo. Se empoderaron desmedidamente. Una falta de transparencia y rendición de cuentas en el ámbito local.

Dice que en su afán por de-sacralizar al Poder Ejecutivo, el presidente Fox fue omiso en sus atribuciones constitucionales: aplicó criterios gerenciales y debilitó instituciones. Calderón instituyó una guerra frontal al narcotráfico y modificó las funciones constitucionales de las Fuerzas Armadas.

“En poco contribuyeron ambos al prestigio de la política y al desarrollo de la democracia. La crisis del PAN lo acredita.”

Considera que el país tiene avances indiscutibles y penosos retrocesos.

“Somos una democracia de mayor transparencia y calidad. Iniciamos la recuperación de la calidad en la educación. Producimos y vendemos más. La riqueza en México se concentró, la pobreza creció.”

Descomposición del régimen

“Los asesinatos políticos mostraron la descomposición del régimen. Las reformas de aquellos años impulsadas por el PAN sin duda contribuyeron a mejorar la calidad política del sistema político”, advierte Fernando Gómez Mont, miembro de una familia de panistas históricos, secretario de Gobernación con Felipe Calderón.

La reforma al Poder Judicial Federal, menciona, resultaba impostergable para solucionar conflictos y controversias, y necesaria para reconstruir la credibilidad y la fuerza de las instituciones.

Opina que el TLCAN permitió erradicar prejuicios y encontrar oportunidades de crecimiento, con mejores herramientas y una sociedad más moderna.

“Despejamos el inmovilismo. El país evolucionó, aunque persisten rezagos. El modelo de país es radicalmente distinto a 1994: el peso del Presidente en el sistema constitucional, los Poderes Legislativo y Judicial son autónomos; órganos independientes para atemperar la vulnerabilidad política en transparencia, comunicaciones, competencia, regulacion monetaria. Es un camino que nos acerca a la modernidad”, dice Gómez Mont, que renunció al PAN hace cuatro años.

Sostiene que una lección aprendida es que la política puede ser más racional.

“Los asesinatos políticos fueron terribles. Obligaron a
reaccionar sobre la necesidad de reafirmacion de la autoridad. La deslegitimación de las organizaicones criminales es creciente y hay que aprovechar esa situación para encontrar salidas efectivas y racionales.”

“Ahora la política es distinta a los tiempos que me tocó vivir. Se plantean posiciones sin temor a represalias. Es una modificación sustancial del régimen.”

Fue crimen de Estado: Encinas

Alejandro Encinas era diputado hace 20 años, había sido amigo y se había distanciado de Colosio por razones políticas, y después se reencontraron.

“Todo indica que los magnicidios del 94 fueron un crimen de Estado, un ajuste de cuentas en las estructuras del poder”, advierte.

“1994 es un año de quiebre. Se colapsaron el régimen político y la fantasía en torno a las políticas neoliberales. Un fracaso en inteligencia y seguridad con el surgimiento del EZLN. En política económica, un año desastroso: el error de diciembre y la falta de conducción en el relevo de Salinas a Zedillo. Las tensiones entre ellos y un manejo de información privilegiada que llevó a fuga de capitales y a una crisis que profundizó la pobreza.”

Cree que a partir de ahí se colapsó el presidencialismo. La sana distancia de Zedillo abrió posibilidades a la Reforma Política y la llegada de la izquierda al DF y la alternancia en 2000, consecuencia de la autonomía del IFE, y el fin de la injerencia del gobierno en asuntos electorales.

“Esto desencadenó en el PRI una crisis similar a la de 87 y fisuras profundas que llevaron a los priistas a asesinarse y perder el poder.”

La parte positiva, reflexiona, fue la democracia electoral, que gradualmente se minó después de la alternancia en la Presidencia. En economía y desarrollo social no hay evolución. Hay un aumento en la desigualdad y niveles de crecimiento han sido un caldo de cultivo para la violencia y el crimen.

“No sé si hay lecciones aprendidas. Persiste una desmemoria muy grande. Tal vez una reacción para olvidar cosas trágicas como el magnicidio de Colosio y el levantamiento del EZLN. El poder no aprendió la lección. Se conduce bajo los intereses que causaron el colapso en 94 y generaron el conflicto en el PRI. Los beneficiarios son los mismos: los que concentraron los bienes públicos que se privatizaron.”

Ciudadanización del IFE

Porfirio Muñoz Ledo era uno de dos senadores del PRD: con sus discursos en tribuna ponía de cabeza y de mal humor a la mayoría priista, en la era salinista. Asume el 94 como un año determinante en la historia moderna.

“A pesar del enorme esfuerzo ciudadano y de la política, ese año no logramos cambiar el rumbo del país. Salinas se apoderó del escenario imponiendo el modelo neoliberal. Hubo una retoma del poder tras el fraude del 88.

“El año 94 obligó al gobierno a negociar. La primera negociación fue la gran reforma electoral que hicimos juntos tras el levantamiento del EZLN. El asesinato de Colosio fue un trauma grave para el PRI y se rehicieron a medias las fisuras del régimen. El fracaso de las reformas y las políticas públicas impulsadas por Salinas comenzó a hacerse evidente con el error de diciembre.

“En el 94 pudimos hacer la negociación política más importante en mucho tiempo, una reforma que hizo posible la ciudadanización de los órganos electorales, lo cual marcó el inicio de la autonomía de los órganos electorales. Por primera vez en el año 94 hubo en México una elección válida, aunque claramente inequitativa.

“Las lecciones no fueron absorbidas con suficiencia ni en la política ni en la economía en el terreno social. No se corrigió el rumbo neoliberal del país y el sistema electoral fue perdiendo confiabilidad.”

Todos los caminos conducen a Salinas

Un día, a principios de los 90, Manuel Bartlett llegó a Los Pinos con una carpeta para discutir con el Presidente proyectos en la Secretaría de Educación. Salinas lo recibió con una noticia: se iría a Europa en misión diplomática. Se opuso y Salinas envió a Emilio Gamboa y José Córdova a insistir. Bartlett dijo que se iba pero a la candidatura de Puebla.

“1994 —dice un lúcido Bar-tlett de 78 años— es un viraje en el rumbo del país que no puede entenderse sin un personaje central: Carlos Salinas.

“Todo está conectado con Salinas: el TLC, Chiapas, Colosio y Ruiz Massieu y la devaluación de diciembre. El TLC y Chiapas están unidos no sólo porque estallan el mismo día. Se sabe, sin que tenga pruebas, que el mundo zapatista se movía desde antes, que había asesinatos de soldados y emboscadas, y que Salinas lo ocultó para evitar que amenazara el TLC. El zapatismo es la negación del salinismo: el primer mundo maravilloso al que nos había llevado Salinas resultó falso.”

Colosio era un fenómeno salinista, advierte Bartlett. Salinas tuvo enormes problemas de comunicación en la campaña. Fue un pésimo candidato. Se le repudió y llegó a la Presidencia trastabillando. Era un producto de la tecnocracia: nunca hizo camino en el PRI. Su candidatura fue una desilusión en el partido. Para que no le sucediera lo mismo a su sucesor, construyó cuidadosamente a Colosio, que tenía carisma. Lo mandó al PRI y se hizo un hombre de partido que el priismo reconoció como no reconoció a Salinas.

“Más tarde, otra vez entran en juego su personalidad y esas decisiones tan Salinas: hace candidato a Colosio, nombra a Camacho en Chiapas y provoca un conflicto. Sale a decir que nadie se haga bolas y su gran invención termina con el asesinato. Después muere Ruiz Massieu, excuñado de Salinas, y más tarde viene el golpe del error de diciembre, una contradicción de la maravilla del TLC.”

Recuerda que en las elecciones intermedias perdió Puebla y las principales ciudades, pese a que había hecho un buen gobierno.

“La gente votó contra el engaño. Eramos primer mundo y nos fuimos al fondo. Si había siete infiernos, Salinas nos llevó al octavo.

“En los 20 años transcurridos desde 1994 la situación empeoró muchísimo. No hay lecciones aprendidas. México se ha ido quebrando, separándose en dos mundos, los de arriba y los de abajo.”

 

Los veinteañeros

Los reporteros y editores más jóvenes de Excélsior describen cómo vivieron con sus familias el agitado 1994:

“Todos señalaban a Salinas”

Apenas tenía nueve años, iba en la primaria, pero aún tengo la sensación vivida de la angustia de mis padres por la situación económica de ese año. A esa edad no entendía de economía o devaluaciones, pero cuando mi padre se quedó sin empleo vi perdida la tranquilidad de mi hogar. Algunos vecinos decían que todo era culpa del presidente Salinas que se  había robado el dinero, que por eso cambiaron de los miles a los nuevos pesos.

Ese año parecía todo estar mal por lo que recuerdo. Mi mamá, incrédula ante la televisión que transmitía las imágenes del Ejército Zapatista, decía a cada rato lo feo que sentía de ver mexicanos enfrentando a mexicanos; y yo, sin alcanzar a comprender exactamente qué significaban sus palabras, también sentía feo.

Encima, ese año, a mi corta edad, experimenté otro momento de incertidumbre el día que mataron al candidato a la presidencia Luis Donaldo Colosio. Regresaba de la escuela preocupada por cómo resolver la tarea de matemáticas, pero la expresión de mi mamá me hizo olvidar mis problemas. “¿Te enteraste?”, me preguntó, y ella fue quien me dio la noticia. Subió el volumen del radio que no dejaba de transmitir la información que hasta el momento se conocía de lo ocurrido en Tijuana. Y yo no paré de escuchar.

— Laura Toribio

 

 

Ingenio para superar la crisis

En 1994, las pláticas de sobremesa en casa del abuelo se extendían hasta bien entrada la tarde y éstas giraban siempre en torno a un tema: el asesinato del candidato del PRI a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio.

Cuando se tienen seis años de edad es difícil comprender un crimen que plantea tantas incógnitas, pero la obsesión de mi abuelo por observar las imágenes que se repetían, una y otra vez, en los noticiarios del momento en que Mario Aburto Martínez disparó contra Colosio, además de hacerse de cada periódico que explicara el suceso, provocaron sentimientos de inestabilidad. Después de todo, el piso debajo de mis pies se tambaleaba.

Ése también fue el año en que los mexicanos de clase media no pudieron comprar relojes de bajo costo, lo que provocó el derrumbe del negocio familiar, y estimuló el ingenio de mis padres para evitar que la escasez monetaria golpeara tan fuerte a la familia.

— María Fernanda Navarro

 

Zabludovsky apareció serio

Realmente mis recuerdos de 1994 son muy pocos. Apenas tenía cuatro años cuando ocurrió una serie de acontecimientos que serían cruciales para la historia de mi país. Uno de ellos fue, sin duda, la muerte de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la Presidencia.

Como de costumbre, la televisión estaba encendida en casa la tarde de ese 23 de marzo. Un serio Jacobo Zabludovsky aparecía a cuadro para confirmar la muerte de Colosio.

La noticia fue recibida con pesadumbre por mis padres. Mi mamá salió de la cocina para escuchar la confirmación sobre el deceso del candidato tricolor, mientras mis hermanas y yo jugábamos en la sala, sin importarnos nada más. Mi papá, quien siempre ha sentido cierta afinidad por el PRI, no lo podía creer.

Recuerdo que, durante días, no dejaron de comentar que el homicidio de Colosio había sido un acontecimiento muy triste, que no sólo había terminado con la vida de un candidato sino también con las esperanzas de miles de personas que, como mis padres, creían que él podía generar un verdadero cambio en el país, en el futuro de México.

— Ximena Cárcamo

“Vendieron la tele grande”

En 1994, las mañanas solían ser de alegría y diversión en el segundo año de kínder, pero las planas de colores y crayolas no eran por las tardes la felicidad en casa, pues fueron días de estrés y peleas entre mis padres, a quienes vi con angustia vender varias pertenencias.

Escuché a mis padres hablar de una crisis económica, pero no sabía de qué se trataba. Mi madre fue degradada de su cargo en la Secretaría de Hacienda, su sueldo no fue el mismo, y mostrarle los dibujos que hacía en la escuela no causaba la impresión que esperaba; fueron noches de lágrimas en ella y enojo en mi padre por la falta de solvencia económica.

El televisor grande en el que me fascinaba ver caricaturas junto con mis tres hermanos tuvo que ser vendido, al igual que nuestro vocho azul y las alhajas de mi mamá... 1994, un año de limitaciones y en el que mis familiares hablaron mucho de un levantamiento indígena.

— Ilian Cedeño

 

Intrigada por Marcos

“En 1994 tenía cuatro años cuando escuché de mi padre sobre el levantamiento zapatista. Me intrigaba la identidad del subcomandante Marcos, no como una figura política, sino, a mi edad, por la mera curiosidad de saber quién era ese rostro debajo del pasamontañas.

“Supe del asesinato de Luis Donaldo Colosio, que había viajado a Tijuana para la promoción de su campaña presidencial.

“Estaba consciente de que el político fue recibido por sus paisanos dolientes en ataúd y de la figura de su mujer, Diana Laura Rojas de Colosio, en el funeral.”

— Ximena Mejía

 

Priista y zapatista a los seis años

Yo tuve un hermano zapatista de corazón y un padre que guardó más de un minuto de silencio por el asesinato de su candidato presidencial, ‘mi gallo’, como él le decía a Luis Donaldo Colosio.

En ese año, 1994, también fui un priista y zapatista de seis años, no porque supiera exactamente de política ni de movimientos sociales, sino porque quería un pasamontañas y, a la vez, tener edad para apoyar —no sabía de qué forma— al candidato que mi papá recomendaba a toda persona adulta con quien hablaba de política.

Estudiaba en la primaria pública Juárez y Constitución, en el Distrito Federal, y enamorado de mis plumas y colores escolares notoriamente más que de la política, por instrucción de la maestra anotaba a diario con ellas la fecha, país, ciudad y delegación seguido por el nombre del Presidente en turno: Carlos Salinas de Gortari.

Aunque recuerdo poco de la muerte de Colosio, tengo escenas televisivas sobre el hecho. Además, el tema se discutió por mis padres en un par de comidas, y sin saber exactamente por qué, alguna vez me preocupé por ello; sin embargo, después de hacer la tarea y antes repitiendo el nombre del Presidente, no me perdía una tarde de juego con mis hermanos.

— Iván E. Saldaña

 

Con la causa de El Jefe

Dos aspectos importantes para el país recuerdo de 1994. El primero fue el asesinato de Luis Donaldo Colosio y el segundo la campaña presidencial, en particular la del candidato panista Diego Fernández de Cevallos, ya que mi familia participó activamente en ella.

El 23 de marzo de ese año estaba jugando, como comúnmente hacía después de la comida, y fue por la radio como nos enteramos del atentado que había sufrido el candidato del PRI en Lomas Taurinas.

Recuerdo que ya en la noche, viendo la televisión con la familia, me impactó la noticia de que habían asesinado al candidato priista. Cuando llegó mi tío Beto, después de trabajar en la planeación de actividades de El Jefe Diego en el DF, corrí y le empecé a decir que habían matado a Colosio, aunque él ya lo sabía.

También recuerdo de ese año varios aspectos de la campaña del aspirante panista a la Presidencia de la República, como haber visto unos minutos el debate en la televisión o su cierre de campaña en el Zócalo de la Ciudad de México, al que fui acompañado de la familia.

— Juan Pablo Reyes

 

Año de dudas, más que de certezas

En casa, el 23 de marzo veíamos la tele, cuando en las noticias Jacobo Zabludovsky informó que Luis Donaldo Colosio había muerto. “Fueron los priistas”, dijo mi madre.

Yo tenía sólo siete años y cursaba el tercer año de primaria, pero recuerdo que familiares y vecinos platicaban del EZLN. Se decía de todo: que estaban organizados por extranjeros, que Chiapas quería independizarse y que los indígenas ya se habían tardado en reclamar la situación de olvido que hasta ahora prevalece.

Papá decía que los reclamos zapatistas eran válidos, pero que no llegarían a nada, y mamá dudaba de que estuvieran tan armados como los medios de comunicación decían, pues estaban mal vestidos y algunos ni zapatos usaban.

La crisis económica fue un tema que afortunadamente no afectó a la familia, una de las bendiciones de tener un padre contador público y muy ahorrativo.

—Alejandra Martínez

 

La atención, en el Mundial

A los diez años de edad, varios niños comenzábamos a cuestionarnos sobre el estado de las cosas y cómo impactaba en nuestro núcleo familiar la política y el gobierno.

Pese al cúmulo de temas coyunturales, nuestra atención estaba en la Copa Mundial de Futbol Estados Unidos 1994.

Jorge Campos, Luis García, Marcelino Bernal y Alberto García Aspe eran los jugadores a seguir. No obstante, la atención generalizada era la sucesión presidencial.

En casa, mis padres estaban muy pendientes de los candidatos a la Presidencia, a ellos poco les llamaba la atención el futbol.

Ver a mi papá seguir la coyuntura y hablar de lo que pasaba despertó mi interés, los papás de mis amigos hacían los mismo con sus hijos, dejando en claro que las elecciones eran lo más importante en el círculo de los mayores.

A diferencia de los adultos, los niños estábamos enfocados en el próximo Mundial, pero comenzábamos a darnos cuenta que la disputa por el poder en el país sería motivo de discordia.

—Luis Díaz

 

 

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