‘El asesinato de Colosio reactivó el autoritarismo’: Manuel Camacho Solís, senador del PRD

El excomisionado para la paz en Chiapas se dice dispuesto a aclarar cosas del pasado, si los demás también lo hacen. Dice que es momento de elevar la verdad a derecho constitucional

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22/03/2014 03:40  Wilbert Torre/Especial

CIUDAD DE MÉXICO, 22 de marzo.-  “¿Lo que Colosio quería en su discurso es el país que tenemos hoy?”, pregunta Manuel Camacho Solís, alzando la voz. Tiene las cejas arqueadas y muerde una manzana. “El asesinato
reactivó el autoritarismo en un momento en el que el régimen se estaba abriendo y provocó un daño profundísimo, un daño que sigue lastimando al país.”

Dice que a 20 años del crimen es momento de elevar la verdad a derecho constitucional para conocer lo que sucedió alrededor del magnicidio de Lomas Taurinas.

“Yo estoy dispuesto, bajo la fórmula que sea, a aclarar cualquier cosa del pasado. Pero que todos los demás también aclaren las cosas del pasado. La sociedad merece conocer la verdad, y no por curiosidad, sino por salud de la República”, advierte.

“Ante las mentiras y la impunidad necesitamos el derecho a la verdad, y no con ánimo de persecución, no para encontrar chivos expiatorios, sino para que la sociedad tenga la tranquilidad de saber qué pasó, con el mínimo de sanción posible. Si hay una sanción mayor no se hará nada, porque hay demasiados intereses en medio. Pero que la verdad sirva al menos para poner punto final a una época que sigue lastimando el país.”

Camacho Solís ha trabajado en la escritura de una iniciativa que, en breve, presentará en el Senado de la República para proponer que la verdad sea elevada a derecho constitucional, como en otros países.

“Todos debemos sujetarnos a esa obligación y asumir sus consecuencias jurídicas. Es un derecho, de manera que puede derivar en acciones legales obligatorias para el poder público. Tiene que ver con hechos del pasado, con procesos electorales, con declaraciones en medios de comunicación. Hoy cualquiera dice lo que se le da la gana y no pasa nada. Necesitamos un mínimo de moralidad para sacar adelante las instituciones del país.”

En la oficina hay fotografías suyas con Nelson Mandela, Fernando Henrique Cardoso, Felipe González y la asesinada Benazir Bhutto.

Manuel Camacho Solís tiene 68 años, el mismo rostro infantil y la voz delgada de siempre. Viste una elegante combinación de saco y pantalón grises y una corbata color piña. Es viernes y a las 3 de la tarde su primer alimento es una manzana, también amarilla.

El 22 de marzo de 1994, exactamente hace 20 años, Manuel Camacho declara públicamente que renuncia a sus aspiraciones presidenciales, pues no quiere ser candidato a toda costa.

Cuenta que la tarde siguiente, cuando Luis Donaldo Colosio cayó herido de muerte en Tijuana, estaba él en Chiapas, en su calidad de comisionado para la paz, reunido en un salón de la casa del Arzobispado con los integrantes de la comisión que mediaba con el EZLN. No recuerda si también estaba el arzobispo Samuel Ruiz García.

Uno de sus colaboradores entró y le entregó una tarjeta que le informaba que el candidato del PRI había sufrido un atentado.

—¿Cuál fue su primera reacción?

—Un impacto brutal. Como si un golpe hubiera cimbrado todo lo que pensaba y creía. Venía de un mundo político en el que había estudiado profundamente la historia del país. El asesinato de Álvaro Obregón y el sistema político que surgió entonces. Para mí el símbolo de ese sistema era que podía solucionar las diferencias por la vía política y no con violencia, como en la Revolución. En el mundo del que yo formaba parte se suponía que eso no existía. Fue un shock conceptual y humano. Una tragedia.

—¿Cuál fue el efecto del asesinato de Colosio, y después de José Francisco Ruiz Massieu, en el viejo régimen político?

—Hay una declaración de Marcos: ‘La bala que mató a Colosio mató también los acuerdos de paz’. Yo creo que el efecto fue reactivar el autoritarismo en el régimen político en un momento en el que el régimen se estaba abriendo. A partir del acuerdo del 27 de enero de 1994, firmado por los candidatos a la Presidencia —Colosio, Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas—, comienza a ocurrir una apertura como no había sucedido en años anteriores.

“Empieza la autonomía del IFE. Se nombra a los consejeros independientes: Miguel Ángel Granados Chapa, Santiago Creel, José Agustín Ortiz Pinchetti y José Woldenberg. La presión social llevó a una apertura de régimen, la presión social que representó el zapatismo.

“Para lograr que el zapatismo se sentara a la mesa, abrimos la democracia. Y con el asesinato de Colosio todo esto quedó relegado, y lo que imperó fue el miedo y el descontrol de todo. Tuvo un efecto adverso en el proceso de una democratización que se había postergado y que los acontecimientos de Chiapas estaban acelerando.”

—Son muchos los que piensan que el asesinato de Colosio fue parte de una disputa por el poder en la cúpula priista.

—Son varias cosas distintas: un asunto criminal investigado por la autoridad y opiniones externas con hipótesis sobre asuntos de investigación criminal, que me parecen irresponsables. Y un sistema político que habría que analizar con cuidado. En el fondo, el punto central está en ver dónde estamos hoy, porque el crimen ya ocurrió y le causó gravísimos daños al país. Lastimó profundísimamente todo.

“Entonces ¿dónde estamos hoy? ¿Lo que quería Colosio en su discurso es lo que tenemos hoy en el país? Y quienes estamos en favor de la democracia también preguntamos si logramos los avances que deseábamos o todavía no los logramos.”

—En esos días se dijo que usted encabezaba una campaña paralela y el presidente Salinas tuvo que declarar que nadie se hiciera bolas. ¿Llevaba una campaña alterna?

—Nunca se entendió bien eso. ¡Cómo iba yo a hacer una campaña presidencial desde una comisión de Chiapas! Era algo absurdo. Lo que pasó es que los acontecmientos de Chiapas concentraban la atención política nacional e internacional,
y a mí me tocó estar en el lugar de los hechos, donde estaba concentrada esa atención.

“Se llegó a la hipocresía de decir que yo estaba apoyando una campaña en The New York Times. No tenían la menor idea de cómo funcionaban los medios. Como si se pudiera. Esa vieja mentalidad priista y autoritaria que cree que los espacios en los medios se controlan con dinero. A lo mejor en una parte de México y en una época sí, pero así no funciona en el mundo.”

—¿Le dolió el asesinato de Colosio?

—¿Cómo? ¡Claro! No sólo me dolió, sino que... me... Varios de mis, no sé como llamarlos, de mis simpatizantes —hace un ademán con las manos— entre comillas, para que suene amable, se montaron en lo que pasaba y dijeron: “es momento de golpear a Camacho”.

—Se refiere a quienes lo criticaban y denostaban.

—Sí, pero eran los mismos que me denostaban desde antes. Se montaron, como ocurre en estos casos. Pero mírenme: ¡aquí estoy!

En sus declaraciones ante la fiscalía que investigó el asesinato de Lomas Taurinas, Camacho Solís declaró que recibía ataques a su tarea de comisionado de José María Córdoba Montoya, Emilio Gamboa Patrón, Otto Granados Roldán y Manlio Fabio Beltrones. En sus declaraciones ante la PGR dijo que eso lo llevó a solicitar al presidente Carlos Salinas que les pidiera que dejaran de obstruir su trabajo en Chiapas. Córdoba declaró que Salinas pidió a todos sus colaboradores que dieran apoyo total al comisionado para la Paz.

Camacho sostiene que lo que hace falta en el país es resolver una grave crisis de credibilidad. Elevar a la Constitución el derecho a la verdad sería un aporte esencial.

“Mientras estas cosas no se aclaren, todo será manipulación y entonces seguiremos en el peor de los mundos, donde los peores intereses son los que agarran las piedras, y la gente que ha sido honesta y actuado con rectitud es sentada en el banquillo de los acusados.”

Para hacer frente a todo eso, insiste, no hay nada como la verdad. “Ese derecho debía resolver la tremenda historia de complicidades y de ausencias que ha generado la enorme ilegitimidad que hoy tienen las instituciones.”

 

 

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