Iglesia, pilar contra el narco

Autodefensas prenden focos rojos, “es una locura infinita de atropellos”, dice cura colombiano; prelado en Saltillo reconoce falta de coordinación y comunicación interna; Acapulco y Nuevo Laredo, donde hay más resultados del intercambio de experiencias

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09/03/2014 03:40 Iván E. Saldaña/Enviado

BOGOTÁ, Col. 9 de marzo.- La Iglesia católica colombiana asesora a su contraparte mexicana para mostrar el papel que jugó en favor de la sociedad cuando los grandes cárteles y capos de la droga en su país mantenían “la atención del mundo”.

Hace tres años, una comisión de obispos mexicanos viajó a la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) con la consigna de escuchar a sus pares, “recoger sus experiencias” y regresar a México para transmitirlas y aplicar, por lo menos, “las que les fueran útiles”.

Así lo recuerdan en entrevista con Excélsior, desde Bogotá, los actuales arzobispos colombianos en Medellín y Cali, Ricardo Tobón Restrepo y Darío Jesús Monsalve, respectivamente, quienes coincidieron que su Iglesia no fue “ni laxa ni floja frente al narcotráfico”, sobre todo en tiempos de Pablo Escobar, pues la CEC hizo “pronunciamientos muy lúcidos”.

Actualmente, la Iglesia mexicana sigue aprovechando esa experiencia para orientar a su comunidad frente a los problemas de violencia, narcotráfico e inseguridad que prevalecen en el país. El secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Eugenio Lira Rugarcía, confirmó que la comunicación bilateral y la asesoría se mantiene.

“En la pasada Asamblea del Episcopado de noviembre habíamos solicitado a un obispo de Colombia que viniera a compartirnos sus experiencias sobre el tema. Sin embargo, por motivos de salud no pudo llegar a México”, respondió de forma escrita.

Como representante de la Iglesia mexicana, el obispo Eugenio Lira tendrá un encuentro en próximos días con el clero colombiano para hablar del tema, y otros más que son prioridad en la agenda del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

“Sobre la posibilidad de un próximo encuentro con obispos de Colombia, me parece que el momento oportuno para fijar una posible fecha será la reunión del Celam, a la que acudiré en unos días. Por cierto, el tema de esta reunión no está centrado exclusivamente en la seguridad, sino en aspectos más amplios de la realidad latinoamericana”, concluyó.

La delegación mexicana que viajó en febrero de 2011 a Colombia, en el marco de la 90 Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, estuvo conformada por cuatro religiosos y dos laicos.

El grupo lo conformaron el obispo de Nuevo Laredo y presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social (CEPS), Gustavo Rodríguez; el arzobispo de Acapulco y responsable de la dimensión pastoral del trabajo de la CEPS, Carlos Garfias; el obispo auxiliar de Morelia, Carlos Suárez; el secretario ejecutivo de la CEPS, Armando Flores; el director del Centro Lindavista y asesor de la CEPS, Adalberto Saviñón; y el encargado de prensa de la CEPS, Alberto Arciniega.

“La visita tuvo varios frutos”

Integrante de la delegación mexicana que viajó a Colombia en 2011, el asesor de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social de la CEM, Adalberto Saviñón, indicó que la visita, más otros encuentros desde la fecha, ya están dando “frutos”.

“La visita sirvió para recibir esas experiencias y que los mexicanos pudieran ver cómo se hacen las cosas, porque hay muy buenas intenciones, pero luego los cómos son algo que es difícil”, narra.

Saviñón dice que, aunque las experiencias fueron compartidas a los obispos de México, los resultados son más notorios en las diócesis lideradas por los prelados católicos que viajaron, sobre todo en Acapulco y Nuevo Laredo.

Indican que estas prácticas ya bajaron a nivel de parroquias, y la idea es que estas experiencias se aprovechen al máximo en México.

“En Acapulco hay una acción integral que empezó con el tema de víctimas, pero que se va ampliando al tema de la pastoral social en general, del trabajo en las comunidades, de la formación en los seminarios sobre el tema de paz, digamos, Acapulco trabaja en diez áreas distintas.”

No existe receta mágica

Los arzobispos colombianos señalan que su Iglesia no es “el modelo a seguir” que cuente con “la receta mágica” para regenerar el tejido social. Y que a dos décadas del “azote” que dio Pablo Escobar a toda Colombia, su patria todavía paga las consecuencias de su pasado.

Añaden que, en su experiencia, a México le será difícil lidiar con esta tarea de largo plazo, sin embargo, explican que “la Iglesia debe aportar mucho para que haya justicia social”.

Entrevistado sobre el tema, el obispo mexicano en Saltillo, Raúl Vera López, resaltó que los prelados de Colombia tuvieron mayor unidad para hacer frente a este problema, más de la que los obispos mexicanos hayan iniciado.

“Nosotros debemos tener incidencia sobre el Estado mexicano, por supuesto.

“Los obispos de Colombia se organizaron para monitorear la violencia, la persecución del delito, nosotros no tenemos nada hasta ahorita, así que no me pregunte.”

Reconoce que hay documentos de por medio e iniciativas de sus compañeros obispos; sin embargo, lamenta no se estén aprovechando al máximo para darle seguimiento a las carencias que hay en el Estado mexicano. Y enfatiza que, “por supuesto, al Estado mexicano no le va a gustar.

“Organizarnos para ver el incremento de violencia, organizarnos para ver y denunciar las desapariciones forzadas y denunciar, denunciar y denunciar, y exigir, exigir y exigir al Estado que cumpla con sus deberes.”

Darío Jesús Monsalve Mejía, arzobispo de Cali

—¿Cuál fue el papel principal de la Iglesia de Colombia en la época de Pablo Escobar?

“No específicamente en cuanto a un actuar dentro del fenómeno mismo porque fue un fenómeno totalmente cerrado… En esa época, la Iglesia sobre todo hizo orientación espiritual, moral, doctrinal con pronunciamientos muy lúcidos del Episcopado sobre ese mal del narcotráfico e hizo exhortaciones muy concretas a la población, eso fue lo más relevante.”

—Refiriéndome al obispo Raúl Vera en México, resalta que existió una mayor organización por parte de los obispos de Colombia en relación a los obispos mexicanos ¿cómo fue ese papel?

“En relación con este fenómeno del narcotráfico, que tuvo mucha influencia en el país, un país de mayoría católica en ese entonces muy marcada, hubo un mensaje y una actitud de la Iglesia, que fueron muy oportunas y creó inmediatamente un deslinde entre la pastoral de la Iglesia (sacerdotes, religiosos u obispos), pero también en comunidades de parroquia entre las organizaciones del narcotráfico.

“Los narcotraficantes —la inmensa mayoría— son católicos, sin embargo, a partir de esas orientaciones se creó un distanciamiento porque muchos buscaban que se les recibiera ofrendas para hacer capillas, iglesias, obras sociales, y entonces nosotros comenzamos a pensar que era muy importante no recibir esas ofrendas.

“Fueron salidas que se fueron corrigiendo en la marcha,se fueron aclarando, y creo que la Iglesia de Colombia no fue laxa ni floja frente al narcotráfico y ayudó a que la población sí tomara distancias. Algunos lo hicieron, otros se dejaron seducir por los cantos de sirenas y dejaron mezclar su capital empresarial con capitales mal habidos.”

—¿Cómo alertó la Iglesia a la población?

“La predicación, la catequesis, el ponerle discernimiento, análisis al tema de las ofrendas. No dejarse arrastrar a esos eventos y fiestas y bacanales propias de la sociedad narcotraficante, el ser muy proféticos, muy claros siempre.”

—En México se habla de amenazas a religiosos en los últimos tiempos; en Colombia se habló de un respeto por su posición.

“Allá (en México) asesinaron al cardenal Posadas… Aquí sí hubo respeto y creo que aún lo hay.

“Hay un gran respeto por nosotros. Yo tengo, por ejemplo, la reciente violación de un templo por parte de grupos armados para asesinar a dos personas en Cali, donde estoy de arzobispo. Sin embargo, no es como una actitud de ataque a la Iglesia, es la misma irracionalidad con la que la violencia se ha vuelto un sistema de vida: El robo, atraco y matar. Es como si se volvieran adictos a la sangre.”

—Posturas señalan que en México se podría vivir una situación de violencia parecida a la que se vivió en Colombia hace algunos años, o peor. Se compara a autodefensas con paramilitares.

“Eso es lo mismo, cambian y mutan de nombre, pero la realidad es que es una locura infinita de atropellos a la vida humana de criminalidad.

“Sin embargo, no hay que creer que en Colombia el problema está erradicado, ha tenido mutaciones y pese a que desconozco parcialmente lo que enfrenta México, creo que hay condiciones más favorables para superar el problema.

“Equivocadamente (en México) tomaron el camino de los paramilitares para supuestamente enfrentar a los traficantes, pero ése es siempre un camino equivocado, aquí fue equivocado porque delincuenció y permeó de violencia y crueldad a la sociedad misma.

“Le inoculó en la conciencia a la sociedad el facilismo para asesinar, la justificación de los asesinatos, eso que se hizo aquí, como subversión en México puede que se esté haciendo como antinarcotráfico y sería fatal que la sociedad no tuviera esta advertencia de que ese camino es pro y contra. Son caminos desastrosos para la cultura colectiva de un país.”

—México podría caer en ese error, ¿no lo cree?

“Es una dinámica que ojalá sea afrontada por el gobierno (mexicano), por las instituciones, sobre todo por las iglesias y la sociedad con mucha fuerza, mirando este espejo terrible de Colombia y Centroamérica en contextos diversos.

“El fenómeno del narcotráfico tiene otro que es letal por dentro: El tráfico de armas, su mercado, amparo y corrupción, eso es letal porque cuando se crean esos frentes, en pro y contra, la corrupción comienza su caldo de cultivo.”

Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín

—¿Cómo se ve Medellín después de 20 años de Pablo Escobar?

“Bueno, Medellín se ve en este momento como una ciudad pujante, buscando su desarrollo, tratando de sanar su pasado, logrando algunas cosas, pero padeciendo también consecuencias de su pasado. No se supera fácilmente.”

—En esta parte, ¿cómo puede intervenir la Iglesia?

“La Iglesia tiene que trabajar mucho en la parte educativa, a través de las instituciones propias, a través de la influencia de manera creativa en los colegios oficiales o a través de ciertos recursos de los medios de comunicación o de diversas instituciones que puedan contribuir a la educación.

“En segundo lugar, la Iglesia debe aportar mucho para que haya justicia social. Cuando no hay justicia social tenemos un campo de cultivo en el que todo el que está desempleado o no tiene las condiciones necesarias para vivir dignamente acude al recurso del narcotráfico o de la violencia, es una salida ante su situación desesperada y de verdad que la Iglesia debe insistir en esto.

“En lo tercero, la Iglesita tiene que trabajar mucho por la reconciliación, porque en estos fenómenos hay muchos enfrentamientos entre personas, entre bandas, entre barrios y se requiere que demos el paso del perdón, de la convivencia para poder salir juntos.”

—Podría ser la Iglesia colombiana un ejemplo de jugar un papel importante en tiempos violentos…

“En primer lugar, no sé hasta dónde podamos calificar a la Iglesia de Colombia como el modelo para seguir. Es una Iglesia que ha trabajado, buscado y a veces ha acertado y en otros momentos no lo ha hecho, quedamos con muchas frustraciones por no poder hacer más, por no poder llegar a horizontes más grandes.

“Normalmente, frente a estas situaciones uno piensa en la represión armada, en el control a través de los cuerpos policiales o militares, eso tiene el efecto de un resorte: Mientras usted ejerce presión, tiene contenido el resorte, pero tan pronto se acabe la presión, salta el resorte. Asimismo, un tratamiento por la fuerza no dura mucho, hay que buscar las causas que han llevado a una sociedad ante estas situaciones y cómo buscar a los grandes males grandes remedios.”

—¿Cómo ha sido el diálogo entre la Iglesia de México y la de Colombia en este ámbito?

“La Iglesia en América Latina vive una grandísima unidad y cooperación. Hemos tenido muchos proyectos en común con la Iglesia de México. Diría que el gran instrumento de cooperación, de análisis de la situación y búsqueda de soluciones es la Conferencia del Episcopado Latinoamericano. A través de este organismo hay un gran intercambio de reflexiones, posiciones y de propuestas.

“Hace dos o tres años vinieron obispos mexicanos a hablar con nosotros, a escuchar cómo habíamos vivido esa situación y qué podían recoger de nuestra experiencia. De manera de que en América Latina siempre trata de vivir la comunión.”

—¿Recuerda puntos en particular sobre ese intercambio de experiencias?

“No, son diálogos donde cada uno recibe lo que ve que le puede ser útil y luego lo transmite y aplica a su manera, porque, como decía, no hay un secreto que hemos encontrado, no están todas las cosas superadas, aquí se trata de conducir procesos históricos, sociales de un pueblo, eso es lento, complejo y algunas veces parece que se avanza y luego se ve un retroceso, unos marchan otros no, esto no es fácil, es complejo. Entonces cada persona con su experiencia, lo lleva y lo trabaja, lo aplica y lo difunde.”

“Lástima que México esté viviendo esa situación, los que hemos pasado por ahí sabemos lo que significa... Sepan que esto no va a ser fácil de vencer en América Latina ni en el mundo. Por ejemplo, en Medellín está el fenómeno del microtráfico, ya no están los grandes cárteles, se fragmentaron y ahora también tenemos el problema de la drogadicción.

“Miren, cuando llega el narcotráfico en Medellín no había drogadictos, es droga que entraba y salía, en cambio, los mismos traficantes de ahora le enseñan a la juventud a usar la droga para cuando se les dificulta sacar la droga e inician por venderla adentro, por eso el tema de la droga es muy complejo. Insisto, no hay fórmulas.”

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