Fue como un tercer destape de Colosio

La prensa alaba el discurso del priista en el Monumento a la Revolución. El candidato se reúne con gobernadores e indígenas

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08/03/2014 04:50 Andrés Becerril

CIUDAD DE MÉXICO, 8 de marzo.- Los 28 gobernadores que el PRI tenía en 1994 y Manuel Aguilera Gómez, que sustituyó a Manuel Camacho como regente, se quedaron en la Ciudad de México después del festejo en el Monumento a la Revolución y se reunieron con Luis Donaldo Colosio de manera privada en la sede nacional del partido.

Colosio, que no obstante la ostensible desaparición de Camacho de la escena pública, seguía sin terminar de despegar, les dijo a los gobernadores que la contienda electoral del 21 de agosto se caracterizaría por la imparcialidad, la legalidad y la transparencia, y eso fue lo que se reflejó en las publicaciones del 8 de marzo de hace 20 años.

Los mandatarios locales ofrecieron un proceso abierto, democrático, limpio, libre y sujeto al arbitraje de la legalidad y al mandato de la voluntad soberana de los ciudadanos.

En ese mismo encuentro de Colosio y los gobernadores, el candidato presidencial dijo que era necesario que el gobierno recuperara su capacidad de respuesta ante los reclamos populares y que era hora de hacer justicia a los indígenas.

Es hora de hacer justicia a nuestros indígenas, es la hora de crecer y de distribuir más equitativamente los frutos del crecimiento en nuestra patria, porque el crecimiento carece de sentido si no se traduce en más ingresos para los campesinos, los trabajadores, sin más ingresos para las familias indígenas”, dijo.

Una imagen renovada

 Ese 8 de marzo, los artículos de opinión sobre el acto por el 65 aniversario del PRI y la imagen renovada del candidato Colosio empezaron a multiplicarse.

Uno de ellos, firmado por José Paniagua Arredondo, en la página 5 de Excélsior, desmenuzaba el discurso de 55 minutos de Colosio. “No hemos estado exentos de errores, pero difícilmente podríamos explicar al México contemporáneo sin la contribución de nuestro partido. Luis Donaldo Colosio hacía recurrente la afirmación priista de la fe en su partido, que ha dado el vertedero de calumnias, verdades negativas, medias verdades, mentiras aumentadas, odios viscerales conducidos por rencorosos congénitos”, decía la colaboración titulada “El nuevo Colosio”.

Humberto Musacchio, actualmente columnista de El Periódico de la Vida Nacional, en 1994 escribía en Reforma, tituló su colaboración “¿Vendedor de ilusiones o parricida?”

Planteaba que el PRI  —veterano con 65 años de edad, numerosas cirugías, dos cambios de nombre y una notoria importancia para fecundar a la patria— aparece como vendedor de ilusiones. “El discurso de Luis Donaldo Colosio tiene obvia intención de renovar esperanzas y venderlas a los ciudadanos. Por repetidas experiencias, no puede evitarse la tentación de leer ese discurso como pieza demagógica, como mero reciclaje de expectativas, proceso en el que el PRI tiene una luenga y reconocida capacidad. Sin embargo, la toma de posición, las definiciones y promesas de un político, especialmente con posibilidades de triunfo, deben tomarse como compromisos.

El discurso del domingo ha comprometido a Colosio, es decir, lo ha puesto en situación comprometida. Se atrevió, como se lo demandaban partidarios y observadores, a declarar su autonomía. Incurrió, verbalmente al menos, en parricidio político, hecho que ganará simpatías entre los votantes, pero que lo hace menos confiable para quien lo encumbró.”

Vicente Fuentes Díaz escribió en las páginas editoriales de Excélsior que “en el discurso de más contenido y perspectiva que haya pronunciado en los últimos años un líder priista y, desde luego, el más importante de todos los dichos en esta campaña, Luis Donaldo Colosio planteó el domingo 6 no sólo el inicio de la verdadera transformación del PRI, sino la reforma democrática que el pueblo ha demandado desde hace tiempo.”

Miguel Ángel Granados Chapa, en su Plaza Pública del 8 de marzo, planteaba que el acto del 6 de marzo había sido el tercer destape de Colosio.

“Con regularidad casi mensual, Luis Donaldo Colosio ha sido destapado tres veces. Sólo no ocurrió en diciembre, porque hacerlo el 28 hubiera parecido una inocentada, y porque la fuerza de las vacaciones se impuso. Pero al desvelamiento original de su candidatura, el 28 de noviembre de 1993, siguió el redestape del 27 de enero, cuando el presidente Salinas ordenó a los priistas no hacerse bolas y auguró que Colosio se sentaría en la silla que él ocupa ahora. El tercer destape corrió a cargo del mismo Colosio, y tuvo lugar el domingo 6 de marzo.

“Ese día, el PRI, que el 4 de marzo cumplió 65 años, precisamente la fijada en la ley para alcanzar la jubilación, festejó rumbosamente el aniversario y dio inicio a una nueva etapa de la campaña electoral.

Único orador y figura central del acto, Luis Donaldo Colosio amaneció dialéctico y aseguró que la única continuidad que ofrece es la del cambio. No hay paradoja en su afirmación, pues sin duda estamos ante un caso de “ruptura” aparente y convenida. No hay motivo para creer, ni posibilidad de que lo hubiera, en un distanciamiento real con el gobierno de Salinas.

 

“Donaldo no fue bien recibido por todos”

En las memorias sobre su sexenio, plasmadas en su libro México, un paso difícil a la modernidad, Carlos Salinas de Gortari recuerda cómo fue recibida la postulación de Luis Donaldo Colosio Murrieta a la candidatura presidencial del PRI.

Describe, paso a paso, los momentos que él considera clave en el desarrollo del político sonorense en lo que el expresidente llama “La construcción de una candidatura”, como tituló a uno de los capítulos del volumen.

Recuerda que, según su propia visión, “la postulación de Donaldo Colosio a la Presidencia de la República despertó el entusiasmo y la esperanza entre los más amplios y diversos grupos del PRI. Pero su candidatura no fue recibida con beneplácito por todos.

“Desde el arranque de mi sexenio en 1988, la presencia de Donaldo como dirigente nacional del PRI desató una intensa lucha. Esa lucha se libró, sobre todo, contra los miembros de los grupos habituados a lo tradicional.

“Si la elección presidencial de julio de 1988 descontroló a esos grupos, la actitud del gobierno y del partido ante el escrutinio adverso al PRI, en la elección estatal de Baja California en 1989, los enfureció. Atados a la ambición de privilegios permanentes, no entendieron que México había cambiado, era otro país.

“(...) ¿ Qué se quiere decir cuando se afirma que ‘la candidatura se construyó a lo largo de varios años’?

“Una postulación a la Presidencia se construía, no porque se conociera con anticipación quién sería el futuro candidato ( ni el Presidente de la República, ni el PRI lo sabía), sino porque dentro de la tradición política en que me tocó participar, el Partido y la opinión publica exigían que ese candidato surgiera entre las personalidades que más destacaban en el transcurso de una administración.

“Como desenlace, el de mayores méritos en las circunstancias nacionales e internacionales era postulado como candidato a la Presidencia de la República.

“Al final de mi gestión, tanto el PRI como la opinión pública coincidieron en que el hombre más calificado era Donaldo Colosio.”

-Redacción

 

Otra mirada al EZLN

En 1994, el factor Chiapas le robó todos los reflectores al candidato del PRI a la Presidencia de la República.

     Desde la presunta perspectiva de Un asesino solitario —título editorial que cumple sus primeros 15 años en el mercado— el autor desmenuza la entraña de un mercenario paramilitar a las órdenes de los oscuros intereses del poder.

     La recta final del sexenio de Salinas irrumpió no sólo con el acercamiento primer mundo prometido tantas veces con la entrada en vigor del TLCAN, sino con un levantamiento indígena que tanto ningunearon los mexicanos.

     Élmer Mendoza pone en labios del protagonista los siguientes diálogos:

     “Lo que me sorprendió de los chiapanecos es que eran un chingo, carnal, neta, ¿de dónde saldría tanto pinche indígena?

     “Chale, a lo mejor revivieron a los muertos, ya ves que dicen que entre ellos es una cosa normal, con la ventaja de que los muertos no comen, pues sí, ni modo que qué.

     “(...) Eso de la llamada del jefe H, cómo explicarte, era otro rollo, como querer estar en tu lugar, ahí donde tú jalas y eres alguien y se te respeta, además éramos gente del Presidente. Que el señor quería pasear, órale, pero primero que sus muchachos le limpien el camino de cabrones y ahí íbamos, tendidos como bandidos; que quería hacer de las suyas, igual, nada ni nadie que le estorbe.

     “Toda la mancha de jodidos que sólo se aparecían cuando llegaba el Presidente eran unos pinches lambiscones que nomás iban a ver qué agarraban, a poco no, ¿tú crees carnal, que en caso de peligro iban a meter las manos por el presi?”

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