Veo un México con hambre de justicia: Luis Donaldo Colosio

En aquel 65 aniversario del PRI, Colosio trató de desvincular al partido del Estado

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07/03/2014 05:31 Andrés Becerril

CIUDAD DE MÉXICO, 7 de marzo.- Después de 55 minutos bajo los rayos del sol, arriba del templete, Luis Donaldo Colosio bajó empapado, con la garganta lacerada por haber gritado hasta desgañitarse... y con la adrenalina a todo lo que daba.

Aquel 7 de marzo de 1994, las crónicas del acto por el 65 aniversario del PRI —acto al que no se presentó Manuel Camacho Solís, que entonces sumaba 29 años de priista—, daban cuenta del ánimo y el discurso de Colosio, que para muchos marcó la ruptura definitiva con el presidente Carlos Salinas de Gortari, aunque  para otros solamente se trató de una mascarada.

Después de la ceremonia en el Monumento a la Revolución, Miguel Reyes Razo, en unos cuantos minutos dentro de la oficina del priista, en el tercer piso de la sede nacional del PRI, capturó para su crónica en Excélsior la esencia del candidato presidencial del PRI echado pa’delante.

Colosio acababa de hacer rugir su voz diciendo: “Veo un México con hambre y sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirlas. De mujeres y hombres afligidos por el abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.

Pero eso era retórica para la tribuna. Lo profundo del discurso del candidato presidencial priista estaba en el planteamiento de la independencia del PRI ante el gobierno para acabar con toda presunción de partido de Estado; además de haber demandado de éste imparcialidad y firmeza en la aplicación de la ley.

Colosio, ante miles y miles de priistas, propuso hace 20 años una reforma del poder para sujetar al presidencialismo estrictamente dentro de los límites constitucionales de su origen republicano y democrático.

El priista —que en el cartón editorial de este diario aquel 7 de marzo del maestro Luis de la Torre apareció como un bebé cortándose el cordón umbilical que formaba la palabra “presidencialismo”— convocó a combatir a lo que llamó “templos del poder, considerando que la única continuidad era el cambio con rumbo y responsabilidad”.

Luis Donaldo caminó hacia el control de aire acondicionado para apagarlo; estaba enfriando mucho su oficina. Colosio le dijo a Reyes Razo: “Traigo la garganta muy amolada”.

El candidato, de cara a Fernando Ortiz Arana, presidente del PRI, comentó: “Dije mi verdad, ya no es hora de andarse con eufemismos. Es tiempo de que los mexicanos nos digamos las cosas con toda claridad. He reconocido un país agobiado. Con ciudadanos sedientos de justicia. Hablé con absoluta veracidad. Y buena fe”.

Entre los invitados especiales al 65 aniversario priista aparecieron, en las páginas de este diario, Genaro Borrego, director del IMSS, Patricio Chirinos, gobernador de Veracruz, Emilio Chuayffet mandatario del Estado de México; también Elba Esther Gordillo, Ernesto Zedillo, coordinador de campaña de Colosio, y Manlio Fabio Beltrones, gobernador de Sonora.

El marco de la celebración priista fue el escenario perfecto para que los asistentes se le fueran encima a Manuel Camacho Solís y su posible postulación como candidato presidencial.

Gustavo Carvajal Moreno, expresidente del PRI, comentó que si Camacho decidiera dejar al PRI para postularse, lo respetaría. “Es una decisión que él tendrá que tomar, pero es un hombre nacido en nuestro sistema, y yo siento que va a continuar con nosotros. Una equivocación suya no sería conveniente para él mismo”, consideró Carvajal Moreno.

El priista-camachista Alejandro Rojas Díaz Durán estuvo en el acto; se dijo priista y señaló a Colosio como su candidato. Respecto de seguir al exregente en una postulación, Díaz Duran dijo: “Vamos a esperar a que se decida el señor Camacho. Esa decisión la tomaremos después de que él mismo determine su situación política; nuestra decisión por lo pronto es seguir siendo priistas y tenemos candidato: nuestro candidato sigue siendo Colosio”.

Juan Molinar Horcasitas, en 1994 director de Prerrogativas y Partidos Políticos del IFE, publicó una colaboración en Reforma que tituló “¿Y si viene el lobo?”, donde señala que las elecciones de 1994 se convirtieron en un thriller político provisto de todos los elementos del género cinematográfico: emociones, violencia, misterio, mujeres interesantes, hombres misteriosos y sorpresas, todo unido en una cerrada trama que captura la atención de los espectadores.

Molinar escribió que, en este caso, la incógnita de la trama es ¿qué pasará el 21 de agosto? La próxima vuelta de tuerca de esta historia será la decisión de Manuel Camacho sobre su futuro político. Las especulaciones sobre el remplazo del candidato priista no son más que eso: especulaciones sobre algo muy improbable.

“Sin embargo, Manuel Camacho tiene una amplia gama de opciones políticas, compuesta de dos alternativas extremas con varios matices intermedios. Los extremos polares de la decisión son dos: puede disciplinarse a su partido y a Luis Donaldo Colosio en espera de obtener una nueva tarea pública que le permita continuar su carrera hacia la presidencia en dos mil; o puede romper abiertamente con el PRI para buscarla este mismo año como candidato opositor.

“Ambos extremos (y sus matices intermedios) coinciden en una misma meta, la Presidencia de México, pero difieren sobre los tiempos (buscarla ahora o en seis años) y sobre las rutas (con el PRI o contra él).

“Si Manuel Camacho fuese un político común y corriente, yo no dudaría en predecir que optará por la disciplina a su partido, como han hecho casi todos los aspirantes priistas a la candidatura presidencial cuando el destape no los favoreció.

Los más recientes perdedores disciplinados, como Manuel Bartlett, Alfredo del Mazo, Jorge de la Vega Domínguez, Mario Moya Palencia, ejemplifican el destino que aguarda a quienes tras la derrota optan por la disciplina: un buen puesto, pero el adiós final a toda aspiración presidencial.

“Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, cada uno a su manera, son ejemplos del destino alternativo”, escribió Molinar.

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