FOTOGALERÍA: Los rostros de comunidades indígenas en México

El INAH publicó más de 30 investigaciones sobre los orígenes de comunidades en el "El Atlas Etnográfico de los Pueblos Indígenas del Noroeste"

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06/03/2014 21:45 Notimex

CIUDAD DE MÉXICO, 6 de marzo.-Una perspectiva acerca de los orígenes, cosmovisión, organización social y política, ritualidad, economía, arte y medicina tradicional, entre otros aspectos, es lo que registra "El Atlas Etnográfico de los Pueblos Indígenas del Noroeste".

En dicha publicación más de 30 investigadores reunieron y condensaron sus conocimientos obtenidos en años de convivencia con los grupos indígenas de diversas comunidades, de acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Se aborda su diversidad cultural y la adaptación de estos pueblos al siglo XXI, al igual que el despojo continuo de sus recursos naturales y simbólicos que los caracteriza.

Las situaciones de regiones del país como Sonora, el norte de Sinaloa, Baja California, la Sierra de Chihuahua, e incluso los estados norteamericanos colindantes de Arizona y California, fueron plasmadas en las más de 500 páginas editadas de la publicación.

En el noroeste del país, por ejemplo, existe todo un mosaico de grupos, lenguas, patrones, territorialidad y ritualidad, destacó el también doctor en Antropología lingüística

La integración de estos materiales estuvo a cargo de Alejandro Aguilar Zeleny y José Luis Moctezuma Zamarrón, antropólogos del Centro INAH Sonora.

Se encargaron de reunir las líneas de investigación del proyecto Etnografía de los pueblos indígenas en el nuevo milenio, que desde hace 15 años impulsa la Coordinación Nacional de Antropología del INAH.

Moctezuma Zamarrón, conocido entre colegas y amigos como "El Vaquero", ha dedicado 34 años a la investigación de diversos pueblos como los yoreme (mayo) y los kikaapoa (kikapú).

La dificultad radica en la enormidad y diversidad etnocultural existente y contrastante en cada una de las regiones. En el noroeste del país, por ejemplo, existe todo un mosaico de grupos, lenguas, patrones, territorialidad y ritualidad, destacó el también doctor en Antropología lingüística.

En esa región se encontraron descendientes de sus primeros habitantes, entre ellos los tohono o’odham (pápago), comcáac (seri), yoreme (mayo), yoeme (yaqui), macurawe (guarijío), o’oba (pima), kuapak (cucapá), kiliwa, jaspuspai (paipai) y ti’pai (kumiai).

Además, esta diversidad cultural se enriqueció con la llegada de migrantes indígenas provenientes del sur del país como mixes, mixtecos, nahuas, triquis y zapotecos, al igual que los kikaapoa (kikapú o kickapoo), originarios de la frontera de Coahuila y Texas.

Desde el siglo XX, todos esos grupos han resistido a presiones bajo la inferencia de una modernidad que los sitúa como obstáculo para el desarrollo, que por el contrario, han impulsado el proceso regional, expresó Moctezuma Zamarrón.

Para el investigador, los yaquis y los seris de Sonora se han convertido en símbolo de la lucha por su territorio y organización social, sin embargo, los pápagos también defienden el agua, los pimas sus bosques y los guarijíos, actualmente, el libre cauce del Río Mayo, ante el proyecto de una presa.

Ante la paulatina detención, se ha perdido gran parte del mundo simbólico indígena, como el reconocimiento de los ríos Yaqui y Mayo (los principales de Sonora), al igual que sus cantos y mitos, que representaba toda una tradición oral.

De igual forma, el Huya Ania, llamado "mundo del monte" por los yaquis y mayos, se ha convertido en rentables campos de diversos granos como el trigo y el cártamo, listos para su importación.

En el caso de los mayos, del noroeste mexicano, hace siete años comenzaron a usar tenábaris o sartales en las piernas hechos de hojalata ante la escasez del capullo de la mariposa Cuatro Espejos en la celebración de la Semana Santa, también por el abuso de las tierras de cultivo.

Moctezuma Zamarrón reconoció la adaptabilidad de las comunidades, porque incluso, los yaquis y mayos han hecho parte de sus danzas las máscaras de sátira política, o de payasitos y cholos.

Igualmente, las lenguas indígenas son un elemento primordial de su pensamiento, y al desplazarlas se pierde parte de su identidad. Ejemplo de ello es la lengua mayo, que en un censo del 2000 resultó hablada solo por un tercio de su población.

La situación del kiliwa y tohono o’odham (pápago) es más alarmante según el antropólogo, quien en los años 90 logró grabar la voz del último hablante de kikaapoa (kikapú) en Sonora.

jgl

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