Colosio y Camacho se disputan espacios

Mientras Luis Donaldo anunciaba su inscripción como candidato, Manuel se entrevistaba con Salinas de Gortari

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04/03/2014 05:21 Andrés Becerril
El 4 de marzo de 1994 Manuel Camacho Solís llegó, junto con su hijo,  a Los Pinos para entrevistarse con Carlos Salinas de Gortari.
El 4 de marzo de 1994 Manuel Camacho Solís llegó, junto con su hijo, a Los Pinos para entrevistarse con Carlos Salinas de Gortari.

CIUDAD DE MÉXICO, 4 de marzo.- Habían pasado ya casi dos meses del inicio de la campaña presidencial de Luis Donaldo Colosio y la imagen de Manuel Camacho no dejaba de competir con el candidato presidencial del PRI. Era 4 de marzo de 1994.

Ese día, los dos políticos que crecieron al amparo del presidente Carlos Salinas de Gortari no solamente se disputaban los espacios mediáticos, sino la lectura política de los hechos, que podía ser más significativa.

Colosio se abría lugar con una previa: la de su inscripción como candidato presidencial del PRI, que ocurriría al día siguiente, el 5 de marzo, aderezado con la respuesta de la cúpula priista al anuncio que Camacho había hecho en la conclusión de las negociaciones de paz con el EZLN en Chiapas, para abrir un periodo extraordinario de sesiones en el Congreso de la Unión.

El periodo extraordinario de sesiones para las reformas electorales sólo será posible si se logra el consenso de todas las fuerzas políticas del país, tal como lo suscribió el candidato del PRI a la presidencia de la República el 27 de enero de este año en el Acuerdo por la Paz, la Justicia y la Democracia, informaba el PRI.

Mientras que Camacho se fue directo a Los Pinos a ver al presidente Salinas. El comisionado, según la fotografía de Francisco Parra, en la página 35 de Excélsior, se dejó ver ese día conduciendo su coche y acompañado de su hijo Manuel, entonces de 13 años.

Camacho llegó a la casa presidencial a las 18:20 horas y salió al filo de las 21:30. A los periodistas les dijo que había hablado de varios temas con el jefe del Ejecutivo y que le iba a presentar un informe sobre las negociaciones concluidas en Chiapas.

—¿Irá el domingo a la asamblea del PRI? —quiso saber un periodista.

—Mire, ahorita estoy apenas llegando, y lo que necesito es hacer el trabajo que tengo encomendado.

—¿Aún tiene inquietudes presidenciales?

—Lo que tengo que hacer es cumplir con mi deber. Es lo que he venido haciendo y es lo que tengo que hacer.

—¿Qué opinión le merece que Luis Donaldo Colosio sea registrado mañana como candidato del PRI a la Presidencia?

—Una vez que termine mi trabajo como comisionado por la paz haré comentarios sobre política…

Conforme avanzaba el tiempo para la inscripción de candidatos, otras voces se iban sumando al clima, que en ocasiones parecía confundir al electorado. Desde Guatemala, Porfirio Muñoz Ledo, entonces presidente nacional del PRD, declaraba que el gobierno de Salinas y el PRI estaban atrapados en un callejón sin salida, respecto a las reformas electorales que se exigían para que el 21 de agosto hubiese elecciones imparciales y creíbles.

“La transición democrática es inevitable”, aseguraba Muñoz Ledo al participar en una reunión del Partido Socialista de Guatemala.

En esa gira de dos días, Muñoz Ledo aseguraba que Cuauhtémoc Cárdenas, el candidato del PRD, aumentaba su popularidad y en cambio dijo que su principal oponente, Luis Donaldo Colosio, “está sufriendo una baja acentuada. Las líneas ya se cruzaron a favor de Cárdenas”, pregonaba el líder perredista, que sobre Camacho dijo que tenía un espíritu emprendedor y estaba entregado al proceso de negociación con el EZLN, pero “tiene autonomía de movimiento, mas no de decisión”, según Porfirio.

Las voces de los jerarcas católicos también se dejaron escuchar en el concierto de voces que opinaban sobre la campaña presidencial de Colosio y las aspiraciones de Camacho, que por ley estaba habilitado para contender.

Genaro Alamilla Arteaga, obispo emérito de Papantla, dijo ese 4 de marzo de hace 20 años que el PRI cobraría una nueva vitalidad dejando de ser privilegiado del gobierno, y convertirse en un partido político más. “Ya pasó todo, y ahora ya vamos a vivir democráticamente. ¡Muere el PRI, viva el PRI!, así como dicen que ¡Muere el rey, viva el rey!”, dijo el prelado.

Afirmó el obispo que si los priistas no empiezan a generar democracia, cuidado, porque el presidente Salinas comprometió su palabra.

A su vez, Manuel Talamás Camandari, obispo emérito de Ciudad Juárez, dijo que aunque el PRI cambie de nombre el pueblo va a saber que es la misma gata pero revolcada.

El PRI, dijo este príncipe de la Iglesia, ha creado una conciencia cívica tan distorsionada que el mayor riesgo que corre México es que los habitantes voten el 21 de agosto por desesperación, amargura y rebeldía por el candidato menos preparado. “Ya tiene que ser algo diferente porque ya estamos hartos”, dijo Talamás, en referencia al PRI.

El obispo de Ciudad Juárez comentó que había conocido a Colosio, pero que no tomaría en serio sus pronunciamientos y propuestas hasta no ver que fueran realidad.

En la colaboración que Adolfo Aguilar Zinser, entonces parte del equipo de campaña del ingeniero Cárdenas, en Reforma, el intelectual escribió un texto que tituló Salinas y el dilema sandinista.

En el texto, Aguilar Zinser planteaba un paralelismo entre lo que hicieron los sandinistas en Nicaragua, después de haber derrocado a Somoza, que era llamar a elecciones o consolidar su poder, con el camino que entonces tenía que seguir el presidente Salinas en México.

Pero en la parte final de la colaboración, Aguilar Zinser escribió: “Es posible que Salinas crea que aun sin las ventajas seculares del PRI y en una elección más o menos limpia, su candidato, por ahora Colosio, ganará. De hecho, algunos miembros del régimen piensan que con una reforma político electoral el prestigio de Salinas se restituye y que ello redundará sin duda en votos para el PRI en agosto. Sin embargo, tal como fueron esbozadas ayer por la Presidencia de la República a los corresponsales extranjeros, las reformas que ofrece Salinas —incluidas la aceptación de observadores extranjeros, mayor acceso de los partidos a los medios masivos de comunicación y la recomposición del IFE— pudieran tener el efecto de modificar la sicología y las expectativas del electorado frente a las urnas en detrimento del partido oficial. Al igual que en las elecciones de Nicaragua y el plebiscito que puso fin al régimen de Pinochet en Chile en 1989, la conquista de condiciones que anticipan una elección limpia genera en el electorado la expectativa de que su voto habrá de contar y ello induce a ir a las urnas a votar por la oposición a muchos ciudadanos que se hubiesen abstenido por incredulidad”.

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