El jefe Diego aprovecha Chiapas y se sube al ring

El 26 de febrero de 1994, mientras el candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio, prometía crear cien ciudades medias como centros alternativos de las grandes urbes, el aspirante del blanquiazul, Diego Fernández de Cevallos, calificaba de poco serio que el próximo Presidente quedara comprometido a cumplir los acuerdos a los que eventualmente podría llegar Manuel Camacho con los zapatistas en Chiapas. Además, el panista cuestionó al gobierno del entonces mandatario Carlos Salinas de Gortari por haber enviado a un representante ilegítimo y no al secretario de Gobernación a dialogar con el grupo civil armado.

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26/02/2014 03:10 Andrés Becerril

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de febrero.- El sexto sábado de campaña de Luis Donaldo Colosio no fue mejor que los otros por conseguir el mejor encabezado de los diarios. Ese 26 de febrero de 1994, la nota generada la víspera por el candidato priista a la Presidencia era su propuesta de crear cien ciudades medias como centros alternativos de las grandes urbes.

La nota de la campaña de Colosio se escurría frente a la información generada en el diálogo de paz en Chiapas entre el EZLN y Manuel Camacho, representante del gobierno federal, porque las negociaciones se habían estancado.

Las demandas de los zapatistas sobre tierras, justicia y derechos indígenas habían tensado las pláticas en la catedral de San Cristóbal de Las Casas. Tal era el atasco en Chiapas, que el habitual informe sobre cómo iban las conversaciones entre las partes fue suspendido.

Ese freno en las negociaciones fue aprovechado por el subcomandante Marcos para aclarar que los rebeldes no habían aún conseguido nada del gobierno y que en todo caso lo que existía era una “respuesta satisfactoria” a 50% de sus peticiones, nada más.

En la página 5 de Excélsior, el abogado Daniel Montero Zendejas publicó ese día un artículo titulado Chiapas, en el cual retomó puntos del trabajo que Camacho Solís realizó en su paso por El Colegio de México, en el texto Los nudos históricos del sistema político mexicano.

Decidido a luchar por los espacios en los medios de comunicación, en el contexto de la lucha por la Presidencia de México, Diego Fernández de Cevallos tenía el tino para subirse a la ola informativa, que a la mayor parte de la opinión pública le interesaba: Chiapas.

Desde Culiacán, el candidato panista declaraba que era poco serio que el próximo Presidente de México quedara comprometido a cumplir los acuerdos a los que eventualmente podría llegar Manuel Camacho con los zapatistas en Chiapas, “porque todavía no se conocen”, argumentaba El jefe Diego.

En la Universidad Autónoma de Sinaloa, un alumno le preguntó a Fernández de Cevallos su opinión sobre lo que había dicho Colosio en torno al cumplimiento de los eventuales acuerdos a que llegue el EZLN con Camacho. El panista calificó de poco seria y deshonesta la promesa del priista.

En su crítica a la decisión del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, respecto del conflicto en Chiapas, Fernández de Cevallos remachó diciendo que creía que quienes deben dialogar son el gobierno y el EZLN. “¿Por qué no pudo mandar el Presidente al secretario de Gobernación?”, preguntó el panista a su audiencia. “Porque era parte del conflicto en Chiapas. Lo cierto es que no mandó a un representante legítimo”, dijo Diego respecto de Camacho Solís, sin mencionar su nombre.

Ese 26 de febrero de hace 20 años, Federico Reyes Heroles, hoy articulista de Excélsior, entonces de Reforma, escribió un texto que tituló Carlos y Manuel, donde el intelectual diáfana y sutilmente hace notas de la polarización que había causado Camacho dentro del aparato de gobierno al no fijar una posición firme a sus aspiraciones presidenciales, dejando en claro que esa ambigüedad se había dado con el consentimiento del presidente Salinas.

Luego de una explicación de por qué a diferencia de otras líneas periodísticas, en ésta iba a escribir del hombre, en este caso el entonces presidente Salinas de Gortari y Camacho Solís, comisionado para la Paz, Reyes Heroles escribió:

“Muchos afirman que Camacho, por momentos, funge como un alter ego de Carlos Salinas. El hecho concreto es que Manuel Camacho ha tenido, durante todo el sexenio y desde antes, una condición privilegiada frente a otros funcionarios: influye determinantemente en Carlos Salinas y sus decisiones. De allí que a Camacho se le hayan tolerado situaciones anormales, atípicas e incluso poco institucionales: ser subsecretario de Sedue y conducir la campaña; ser secretario general del PRI y meterse en negociaciones políticas del Legislativo; ser regente y estar a la par inserto en asuntos laborales, educativos, económicos y, por supuesto, políticos fuera de su área de competencia formal. Para bien y para mal ahí ha gobernado el presidente Salinas. Muchos ponderan favorablemente los buenos oficios de Camacho. Otros consideran que, por el contrario, desquició muchas de las acciones del gobierno federal. Para mediados del año pasado la lista de acreedores contra Camacho, dentro del sistema, era ya muy considerable. Sus intromisiones, así fueran con autorización presidencial son en buena medida el motivo.”

El artículo del 26 de febrero de 1994 de Reyes Heroles señalaba que “Para asombro de muy pocos, el presidente se decidió por Colosio. Los amarres de Colosio al interior, al contrario de Camacho, eran múltiples. La postulación entró muy bien al interior del PRI. Ello a pesar de que en los últimos meses los ataques a él se enfilaron a perfilarlo como un continuista, débil y muy ceñido a otro controvertidísimo personaje, Córdoba Montoya. Pero se viene Chiapas. De nuevo el Presidente recurre a la innovación y a Camacho. La paz vale casi cualquier riesgo”, escribía hace 20 años Federico Reyes Heroles.

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