Un celular delató otra vez a 'El Chapo': Héctor de Mauleón

El escritor cree que el capo ya estaba cansado de vivir lejos de las ciudades

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25/02/2014 07:58 De la Redacción

CIUDAD DE MÉXICO, 25 de febrero.- El nombre de Joaquín Guzmán Loera surgió en 1993 cuando los hermanos Arellano Félix, líderes del cártel de Tijuana, asesinaron al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el aeropuerto de Guadalajara, tras confundirlo con su rival El Chapo, líder del cártel del Pacífico.

Es así, como Héctor de Mauleón describe el inicio de la carrera delictiva de este capo en su libro Marcas de Sangre, el cual hace un recorrido del narcotráfico en México, a partir de 1984, cuando los diarios comenzaron a escribir acerca de Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, Don Neto, uno de los fundadores del extinto cártel de Guadalajara.

En entrevista para Excélsior Televisión con Pascal Beltrán del Río, el escritor narra cómo fue la captura de El Chapo en 1993.

En ese tiempo es (Jorge) Carpizo el encargado de la persecución y se dan cuenta del rastro por dos cosas; hace que sus pistoleros vayan destruyendo los carteles de ‘se busca’ que va encontrando a su paso por un rasgo muy inexplicable de narcisismo, y la segunda es que va haciendo llamadas telefónicas en un aparato que se enciende y se apaga, que es precisamente como lo detectan, eso ocurrió en 1993 y no aprendió”.

Desde ese entonces, relata Héctor de Mauleón, El Chapo ya había logrado establecer una red de protección que incluía a mandos del Ejército, gobernadores, e incluso, mencionó a funcionarios de la Presidencia de la República.

No obstante, las declaraciones no trascendieron ni se tomaron en cuenta en la sentencia de 20 años de prisión que le fue dictada meses después, pena que comenzó a purgar en el penal de Almoloya, hoy El Altiplano, para posteriormente conseguir su traslado al penal de máxima seguridad de Puente Grande, en Jalisco.

Héctor de Mauleón menciona que un colaborador muy cercano a El Chapo que fue capturado hizo declaraciones acerca de cómo fue la estancia del líder del cártel del Pacífico en prisión.

Estaba al borde del suicidio, estaba absolutamente deprimido, porque las reglas (en el penal de Almoloya) eran muy estrictas, los internos no podían hacer corrillos de más de tres personas, no podían hablar entre sí más que en contadas ocasiones, vegetaban en sus celdas y para él eso era la muerte”.

Dijo que en cambio, cuando llegó al penal de Puente Grande, se dedicó a lo largo de tres años a comprar voluntades “al punto que logra que metan mujeres, según testimonios. Hay que recordar que cuando él se fuga aprehenden a 77 celadores y todos rinden testimonios; incluso al director del penal lo habían acusado de recibir maletines y de aceptar que El Chapo impusiera incluso el menú de la prisión y el rol de vigilancia”.

Mencionó que los testimonios señalaban que las mujeres permanecían con él por semanas, y que en su celda se ingresaba alcohol y hasta mariachis.

Héctor de Mauleón dijo que a lo largo de 13 años se manejaron diversas versiones sobre la fuga del capo, desde la oficial que menciona el carro de lavandería, la que señala que salió por la puerta principal, y hasta la que afirma que el subsecretario de Seguridad Pública, Jorge Tello Peón, quien ese día acudió a realizar un recorrido por el penal, en realidad fue a sacar a El Chapo.

Recordó que en ese entonces, el procurador General de la República, José Luis Santiago Vasconcelos, declaró, con base en el primer perfil sicológico de Guzmán Loera, que “era la mente criminal más inteligente que había enfrentado la PGR”.

Dijo que por la manera en que fue capturado El Chapo se denota que ya estaba cansado de vivir en lugares apartados.

Fg

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